Tiene 364 metros de eslora, 20 cubiertas, 2.805 camarotes con capacidad para albergar a más de 7.600 pasajeros sin contar la tripulación (2.350 personas más) y su construcción ha supuesto la friolera de 2.000 millones de dólares, unos 1.750 millones de euros. Estas son las grandes cifras que acompañan al Legend of the Seas , la gran apuesta que este verano hace en el Mediterráneo la naviera estadounidense Royal Caribbean. Y aunque tendrá en Barcelona su puerto base, su inauguración se llevó ayer a cabo en Málaga, con fuegos artificiales incluidos, desde donde el Legend ha puesto rumbo a Civitavecchia en un viaje inaugural de cinco noches, con escala técnica en Tarragona, pero que pasa de puntillas por la capital catalana.
No será hasta el 7 de julio que el Legend of the Seas, el crucero más grande del mundo, toque por primera vez el puerto de Barcelona para conectar semanalmente con Palma de Mallorca, Marsella, La Spezia, Roma y Nápoles. En otoño pondrá rumbo al Caribe. Su retorno a Barcelona, o el de alguno de sus gemelos –hay dos iguales ya navegando y otro en construcción en Turku, Finlandia–se espera para el 2027, cuando Royal Caribbean habrá ya finalizado la construcción de su terminal en el muelle Adossat, donde invierte más de 85 millones de euros en la última instalación para cruceros que prevé el plan de ordenación del puerto. “Barcelona es uno de los destinos más populares para los viajeros de todo el mundo. Nuestra intención es construir una terminal única promoviendo el desarrollo de una infraestructura sostenible y creando un espacio de interés para la comunidad”, explica la compañía .
La próxima semana el Parlament aprobará incrementar hasta 30 euros la tasa por crucerista en tránsito
Detrás del Legend of the Seas se encuentra una de las mayores inversiones realizadas actualmente por la industria turística mundial. Pero la inauguración llega en un momento en que las relaciones entre la industria de los cruceros y Barcelona atraviesan una etapa de máxima complejidad. Mientras las principales compañías siguen invirtiendo en buques cada vez más grandes, más rentables y eficientes desde el punto de vista energético para cumplir con sus compromisos medioambientales, el Ayuntamiento mantiene su estrategia de reducir el número de escalas de los cruceros de un solo día, que representan el 42% del tráfico anual de cruceros en la ciudad, y de aumentar la fiscalidad sobre sus pasajeros.
El debate no ha hecho más que intensificarse al mismo ritmo que el propio crecimiento del sector. Según la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA), el número de pasajeros superó los 37 millones en el 2025 a nivel mundial y la previsión es rebasar los 40 millones antes de finalizar la década. Europa sigue siendo el gran centro mundial de construcción naval y el Mediterráneo se consolida como el segundo destino crucerístico del planeta, por detrás del Caribe. Ese crecimiento ha convertido a Barcelona en uno de los puertos más codiciados por las navieras, pero también en uno de los escenarios donde con mayor intensidad se debate el impacto económico, ambiental y social de esta actividad.
El ‘Legend’ ha costado 1.750 millones de euros y se ha construido en el astillero de Turku
En este contexto, el Parlament aprobará la próxima semana una propuesta para incrementar la tasa que pagan los cruceristas en tránsito, una iniciativa que el sector rechaza por considerar que puede restar competitividad al puerto de Barcelona. La Mesa del Turismo de España ha advertido que el recargo se eleva hasta los 30 euros por pasajero y favorecerá el desvío de escalas hacia otros puertos mediterráneos. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) también ha pedido al Ayuntamiento que reconsidere la medida. Su presidenta, Gloria Guevara, advierte de que “los costes adicionales para los visitantes probablemente reducirían la contribución económica global generada por la industria de los cruceros”, además de restar competitividad a Barcelona.
Mientras el debate sigue candente, Royal Caribbean ha hecho debutar en Málaga su nuevo buque insignia, un auténtico resort flotante concebido para competir con los grandes complejos vacacionales en tierra. El barco reúne 28 propuestas gastronómicas, siete piscinas, el parque acuático considerado el mayor instalado en alta mar y una espectacular puesta en escena de Charlie y la fábrica de Chocolate , basada en la célebre obra de Roald Dahl, inspirada en las grandes producciones de Broadway.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.