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Opinión
Sara Sans
Columnista

Renfe, Adif y el ganado

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Actualizado hace 24 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Después de medio año, decido coger el tren en lugar del autobús.
  • 02Tras unos días de vacaciones, energía, optimismo.
  • 03Un voto de confianza a los responsables de Renfe, Adif, consellers y ministros.
  • 04Compruebo los horarios –varias veces por la noche y antes de salir– en la aplicación de Adif.

Después de medio año, decido coger el tren en lugar del autobús. Tras unos días de vacaciones, energía, optimismo. ¡Vamos allá!. Un voto de confianza a los responsables de Renfe, Adif, consellers y ministros. Compruebo los horarios –varias veces por la noche y antes de salir– en la aplicación de Adif. Todo en orden. El tren de las 8.26 llega a Sants a las 9.39 horas. Descarto el autobús. Cuánta inocencia. Qué gran error.

A las 8.15, ya en la estación de Tarragona, me felicito por estar aquí esperando mientras miro el mar y no haciendo cola en la gris estación de autobuses. Pero a las 8.26 en lugar de un tren, llega un anuncio de megafonía: Vendrá a las 8.40. Vaya. 

El andén se va llenando. A las 8.45 llegan cinco vagones ya prácticamente llenos. Los pasajeros –de todo tipo y condición, niños, ancianos, con maleta, con cita al médico o de camino al trabajo– se apelotonan en las puertas. No hay sitio para sentarse. A lo más que se puede aspirar es a un hueco en el pasillo.

Los pasajeros de dos trenes que ya viajan abarrotados, tienen que hacinarse en uno

El tren no arranca. Por megafonía advierten que la espera se debe a un problema técnico. ¿Y si bajo, cruzo la ciudad y cojo el bus...?

Al cabo de unos minutos, anuncian que el tren no podrá seguir. Que hay que bajar y esperar el siguiente, al otro lado del andén. Viene de Reus y está prevista su llegada a las 8.56 horas. Todo el mundo fuera. Increíble, inadmisible, indignante y mucho más se oye entre los usuarios, que en formato ganado ocupan de nuevo el andén. Varios agentes privados de seguridad supervisan al pelotón.

Cuando llega el tren, se repite la escena con doble presión. Los pasajeros de dos trenes que viajan abarrotados tienen que hacinarse en un uno. Y en estas condiciones y en el mejor de los casos, el ganado viajará, una hora y quince minutos. Algunos se quedan forzosamente en el andén. Imposible poner en un pie en ese vagón.

El próximo autobús sale a las 10.30 y llega puntual. A las doce en Barcelona. Cuatro horas de viaje.

Que indigna normalidad.

Sara Sans
Sara Sans
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.