Los veranos de Olga Xirinacs han tenido una rutina imbatible: mañanas para leer y escribir y tardes de paseo. Este es el guión general, que a lo largo de los años ha incorporado algunas variaciones. Rubí fue el escenario de las vacaciones de su niñez y luego, Mont-ral, donde Xirinacs fue muy feliz recorriendo sus bosques. Hace más de una década incorporó unos días de balneario en Caldes de Boí con los que este verano ya ha cumplido. Se ha llevado un bloque para dibujar y hacer collages y no ha dejado de alimentar su prolífica imaginación contemplando árboles y dejándose llevar por el murmullo del río, el Noguera de Tor.
Se casó a los 23 años y su viaje de novios ya fue toda una declaración de intenciones. En lugar de un tour por las grandes capitales europeas, como querían sus padres, ella y su marido (fallecido hace diez años) llenaron una maleta de libros y se fueron a la Vall d’Aran. A leer y a caminar.
Cultiva una imaginación sin fin, “cualquier cosa puede ser el origen de una novela”
Su año número 90 está resultando muy intenso. El cáncer linfático que va y viene desde 2014 volvió a asomar. Y Xirinacs, que nunca ha esquivado ni esquiva ninguna cuestión, puso la eutanasia sobre la mesa: “Es un debate que no está hecho... y a partir de cierta edad no es ningún disparate”, opina. Y esa reflexión meditada no quita todo lo demás: “Leo y escribo... –también dibuja, sigue haciendo sus collages, de vez en cuando toca el piano...– procuro tener todos los momentos llenos”, dice. No para.
No se impone un horario porque no quiere lamentar saltárselo. Pero siempre está con algo. Los libros que publican y le envían los amigos, “me los leo para poder opinar” y dice sí a proyectos como el que le propuso el músico, dibujante y pintor de Marçà (Priorat), Amat Pallejà. “¿Quieres verlo?”. Se levanta y vuelve con una carpeta llena de láminas: “Es algo que me divierte mucho, le pongo letra a los collages que ha hecho Amat de sus propios dibujos... me pidió que los interpretara y son más abstractos que el demonio... Lo hago porque me gusta; he hecho 32 y tengo que hacer 40”, dice riendo.
En mayo, cuando cumplió los noventa, el Ayuntamiento le organizó una gran fiesta en el Teatre Tarragona. No ha sido la única. También está siendo un año de reconocimientos. La Casa de les Lletres ha reeditado Zona marítima , la novela con la que en 1986 ganó el premio Ramon Llull y que incorpora ahora el prólogo de Montserrat Palau, que ejerció de madrina en 2023 cuando Xirinacs fue investida Honoris Causa de la Universitat Rovira i Virgili (URV).
Además, en marzo publicó otro libro, Passeig pel claustre , un poemario –su carrera literaria arrancó con poemas– ilustrado con unos pajarillos de papel que hizo ella misma. En el ordenador tiene otra novela acabada. Su imaginación no tiene fin. “Cualquier cosa puede ser el inicio de una novela, para eso no hay problema”, dice. Un cuadro, una cita, un pasaje de la Biblia, “que con el tiempo la he ido pelando y la he dejado como una rama sin hojas... Al final lo único que creo que tiene que ser Jesús y con esto es suficiente es esta cita: ‘Amaros los unos a los otros como yo os he querido’ ¿Y cómo se quiere la gente ahora? los políticos, las guerras...”.
¿Siente nostalgia? “Ya escribí el libro de la crisis de los 80... No. No me siento nostálgica hacia atrás, lo que me siento es disgustada hacia delante...”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.