La estación de las chicas perdidas (Disney +) es una serie policial de estructura convencional. Basada en hechos vagamente reales, readaptados para la ficción, se sitúa en Perpiñán, en concreto alrededor de la estación que, según Salvador Dalí, era el centro del mundo y evitaba que estuviéramos viviendo, gracias a la fortaleza geológica de la zona, en Australia. La estación es la localización de una serie de crímenes escalofriantes que una joven teniente de la policía, introvertida y que en todo momento intenta sugerir que esconde un trauma y un secreto, deberá investigar. Detalles insólitos: en la comisaría hay un reloj de pared de un escudo de Catalunya. Y cuando la madre de una de las chicas desaparecidas viaja a Barcelona para, desesperada, seguir una posible pista, entra en un puticlub y, al hablar con las camareras, tanto la madre como las camareras lo hacen (pausa patriótica) ¡EN CATALÀ!
LOS ÁNGELES. Una de las protagonistas de la serie Sugar (Apple TV) es la ciudad de Los Ángeles. El giro argumental del final de la primera temporada fue tan inesperado que, si lo explico, mañana la inquisición antiespóiler me romperá las piernas. El recuerdo de aquel giro interfiere en la comprensión de una segunda temporada que, a primera vista, no apuesta tanto por la sorpresa como por la elegancia y la profundización del carácter del protagonista (espléndido Colin Farrell). Particularidad del personaje (aparte de esa condición que ustedes y yo debemos mantener en secreto:) es un cinéfilo recalcitrante, sobre todo del cine negro de los años cincuenta. Elegante, sofisticada, la temporada avanza huyendo de un efectismo que nos hace sospechar que en cualquier momento volverán a reventarnos con otro giro argumental brutal.
La estación de Perpiñán es el epicentro de una serie con detalles insólitos, sobre todo teniendo en cuenta que es francesa
LLEIDA, COLLSEROLA. En 33 días (Atresmedia) Carles Porta propone una lectura dramatizada del famoso caso de Manuel Brito y Javier Picatoste, los presos que se escaparon del Centre Penitenciari de Ponent. En 2019 Porta y su equipo convirtieron aquella historia en un filón que siete años más tarde han explotado, cambiando el nombre de los presos y permitiéndose las licencias propias del género, como una equilibrada y convencional serie de intriga policial. Porta ha aprovechado la oportunidad para, con una pirueta autorreferencial, aparecer como cameo, rompiendo la frontera entre ficción basada en hechos reales y true crime con propia denominación de origen.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.