La encuesta de valores sociales es una de las herramientas que mejor radiografían a los barceloneses. En su edición número ocho (se realiza cada cuatro años desde 1998) se intuye un giro ideológico, con un acusado repunte de actitudes individualistas y materialistas que refuerzan una posición cada vez más conservadora de la sociedad. Los que se consideran progresistas todavía son mayoría, pero pierden peso banderas tradicionales como la libertad, la igualdad o el feminismo (sobre todo entre los hombres jóvenes). También se impone una incerteza creciente ante asuntos como la vivienda, la seguridad o el sueldo. Curiosa paradoja, pues todo esto sucede en una etapa de bonanza económica que lleva a sostener, reza el documento municipal en su apartado de conclusiones, que los valores progresistas “apuntan síntomas de cansancio y desgaste”.
La encuesta –algo más de 2.000 entrevistas realizadas entre mediados de noviembre del 2025 y febrero del 2026– reitera lo que ya reflejan en los últimos tiempos los barómetros municipales acerca de la crisis habitacional y el malestar por la sensación de inseguridad. Por contra, preocupa menos que nunca el paro y se desploma la inquietud ante las situaciones de pobreza y desigualdad en la ciudad a pesar, entre otras cosas, de que en la capital catalana nunca en la historia moderna había dormido tanta gente en la calle. O sea, la visión de manada deja paso al individuo, lo que conduce a la inevitable pregunta: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Es una suma de muchos factores que el propio sondeo va desgranando.
Valores como la libertad o la igualdad alcanzan los niveles más bajos de la serie histórica, mientras que la necesidad de sentirse seguros toca techo tras dispararse 16 puntos porcentuales desde el 2021 (la encuesta anterior). También está en números de récord la demanda de privacidad. Siguen siendo franca mayoría los que defienden estandartes occidentales clásicos, pero con registros a la baja que jamás se habían alcanzado.
Así las cosas, caen en picado el pacifismo, el ecologismo o la defensa del multiculturalismo, mientras que ya son casi los mismos los que defienden que los que abjuran del sistema capitalista mientras que antes se imponían por goleada los detractores. Respecto a esto último, y vinculado con el mercado laboral, los que ven el hecho de estudiar como una herramienta para formarse como persona han caído del 49,3% del año 2018 al 36,2% actual, mientras que ganar más dinero seduce ya al 6,8%, el doble qué en las anteriores consultas municipales.
El cambio de tendencia también se identifica en el modelo de régimen político predilecto. La defensa de la democracia llegó al 90,3% en el 2006. Ha ido bajando suavemente y ahora está en su momento más agrio –a pesar de que mantiene una franca mayoría–, con un 77,7% de apoyo. Por contra, los defensores del autoritarismo son ya el 6,6% (más que nunca) y los que les da igual una cosa que la otra también registran plusmarca con un 12,7%, cosa que demuestra el creciente desapego de la sociedad respecto de la política.
Casa bien con los datos que evalúan la opinión sobre ciertas actitudes graves: la violencia se justifica mucho más que antes, la pena de muerte se ve mal pero no tanto como en el pasado, se dispara el rechazo a la ocupación ilegal y no reciclar es de mal vecino, pero tampoco nos pasemos con los que mezclan pañuelos de papel con el plástico de los cromos del Mundial.
Todo esto sucede en una sociedad cada vez menos confiada y recelosa de los demás, con muy poco interés por la paternidad; en la que, reza el documento en sus conclusiones, “estudios y trabajo recuperan una visión utilitarista y no son una finalidad en sí mismos sino, cada vez más, un medio para garantizar una vida material”.
Sobre las querencias políticas, los propios analistas municipales hablan de un “malestar democrático que se manifiesta en la desconfianza hacia la política y hacia las instituciones, el escepticismo hacia la democracia y la apertura a ciertos discursos autoritarios”. Pero la cosa no termina ahí: “En sintonía con este repliegue de las posiciones progresistas y postmaterialistas, existe una decantación de la ciudadanía desde la izquierda hacia el centro y la derecha”.
Es justo señalar, prosigue el análisis, que el viraje a la derecha, aunque es general en la encuesta, es más intenso entre los hombres jóvenes, fenómeno que se refleja en cada cita electoral, cuando las posiciones más extremistas cosechan gran apoyo entre los electores menos experimentados.
La crisis del sentido de comunidad queda fielmente reflejada en el apartado que habla sobre la participación en distintas formas de acción política. La encuesta de valores sociales registra el valor más bajo de la serie histórica en cuanto a formar parte de una manifestación o una huelga, firmar una petición de apoyo a una causa cualquiera o acudir a una reunión sobre temas de barrio o de ciudad.
En cuanto a las instituciones, el nivel de confianza sube respecto a los sondeos anteriores cuando se pregunta por los sindicatos, los tribunales de justicia, la policía, el ejército, la monarquía y los gobiernos del Estado, de la Generalitat y del Ayuntamiento. Cae, en cambio, la fe en las oenegés, la Unión Europea y la ONU. En cuanto al sentimiento de pertenencia, los que solo sienten catalanes registran el nivel más bajo desde el 2006, mientras que los solo españoles o los más españoles que catalanes marcan el mejor porcentaje desde el 2002.
Este es el escenario ideológico con el que Barcelona llega a las elecciones del 23 de mayo del 2027. La capital catalana sigue siendo adalid de progresismo, pero menos que nunca.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.