01El 112 recibió este primer semestre del año en la ciudad de Barcelona, 3.500 llamadas alertando de incidentes vinculados con las drogas.
02Mil más que los primeros seis meses del año pasado.
03Esas quejas de los ciudadanos son solo la punta del iceberg de un problema que padece la capital catalana: la droga.
04Barcelona es un escenario en el que la droga se cultiva, se fabrica en laboratorios, está al alcance de cualquiera y se protege su consumo en clubes cannábicos.
El 112 recibió este primer semestre del año en la ciudad de Barcelona, 3.500 llamadas alertando de incidentes vinculados con las drogas. Mil más que los primeros seis meses del año pasado. Esas quejas de los ciudadanos son solo la punta del iceberg de un problema que padece la capital catalana: la droga. Barcelona es un escenario en el que la droga se cultiva, se fabrica en laboratorios, está al alcance de cualquiera y se protege su consumo en clubes cannábicos. Un círculo vicioso que genera problemas de convivencia, sociales, de seguridad y de salud pública, de ahí que la respuesta no pueda ser solo policial, debe ser transversal. Intensificar la persecución al trapicheo y al consumo en espacios públicos se va a convertir en prioridad de la Guardia Urbana. Ayer, sus responsables presentaron una nueva y ambiciosa estrategia antidroga: plan Druida.
El tercer teniente de alcalde y responsable de Seguridad, Albert Batlle, acompañado del intendente mayor de la Guardia Urbana Pedro Velázquez, detallaron la nueva estrategia municipal para presionar el tráfico de drogas. Muchas de las acciones ya se están poniendo en práctica, pero ahora se agrupan bajo el paraguas de un plan que interpela a la organización policial. “Las patrullas saben que la droga es una prioridad y que cualquier incidencia relacionada con estupefacientes hay que dedicarle más atención y que toda la información que genere la actuación, elevarla ”, indica el intendente mayor.
El 112 recibió el primer semestre del año 3.500 quejas de barceloneses relacionadas con estupefacientes
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La estrategia incluye cinco ejes de actuación: los puntos de venta, la actuación administrativa contra locales, la seguridad viaria, la asistencia sanitaria y la sensibilización sobre las consecuencias del consumo. La ofensiva incluye incrementar la presión a los clubes cannábicos. “Seguiremos fiscalizando una actividad que no debería tener cabida en nuestra ciudad”, advirtió Batlle. La cifra de estos locales en los que se compra y consume marihuana se ha mantenido en los últimos años en unos 200 funcionando.
Cada vez que los mandos de los Mossos d’Esquadras advierten de las consecuencias de que Catalunya se haya consolidado como un referente europeo del crimen organizado especializado en el tráfico de drogas, incluyen en ese escenario idílico la proliferación de los clubes cannábicos y su banalización. Las reivindicaciones primeras asegurando que los clubes nacían para proteger los derechos de los consumidores de marihuana siguen contando con el consentimiento de la sociedad. Pero operaciones policiales recientes han demostrado hasta qué punto el crimen organizado ha sabido aprovechar esa infraestructura legal para parasitar.
“Hay un exceso de garantismo normativo”, denunció Batlle, que insistió en su compromiso para erradicar estos espacios. “La inmensa mayoría de los clubes tienen expedientes abiertos”, añadió, admitiendo que hay dificultades para cerrarlos, porque hay resoluciones judiciales que amparan su funcionamiento. “Es una batalla que será dura, necesitamos una legislación que impida dar licencias así”, reclamó. La Guardia Urbana utiliza una doble estrategia. Una administrativa, más lenta, “aunque ha facilitado algún cierre indefinido”, aseguró Velázquez, y la penal, que la policía intensificará. “Iremos a todas”, advirtió el mando.
Complementando esa nueva ofensiva contra los clubes cannábicos, el plan Druida quiere por encima de todo centrarse en ese menudeo a plena luz del día, protegido por unos altos niveles de tolerancia, pero que a corto plazo acaba generando una conflictividad que afecta a la convivencia.
Se trata, en palabras de Velázquez, de recopilar toda la información que dispone la policía de Barcelona para adelantarse y poder prevenir algunos conflictos. “Seguiremos respondiendo a una queja, como policía de reacción. Pero tenemos capacidad, medios y nueva tecnología, para poder adelantarnos y prevenir”.
¿Cómo? Analizando los datos que ofrecen algunos indicadores sobre dónde están pasando o habrá problemas. En qué edificio hay quejas por venta de drogas, en qué calle las patrullas identifican consumidores con la postura de cannabis o la papelina de coca recién compradas y donde cuentan que las han adquirido, en qué plaza la asociación de vecinos denuncia que los niños no pueden jugar porque hay toxicómanos consumiendo, o traficantes captando a nuevos clientes. Los responsables de los centros educativos, los interlocutores de los ambulatorios también son indicadores de situaciones de riesgo que ahora se analizan con nuevos de prevención.
“Si hay problemas en una plaza, hay que erradicar ese punto de venta o consumo. Pero luego no podemos desaparecer, para que un nuevo vendedor se apropie del espacio. Detrás nuestro tienen que venir los técnicos del distrito, servicios sociales, juventud o deportes, pero que ese escenario sea de nuevo para vecinos”, insiste.
En lo que va de año, la Guardia Urbana ha desactivado 74 puntos de venta de droga y liberado 22 domicilios ocupados. En todo el año anterior, las cifras ascendieron a 165 puntos de venta desactivados y 57 viviendas desocupadas. Investigaciones realizadas a cuatro manos con los Mossos a través de los equipos que cuentan con el respaldo de las administraciones, incluido el fiscal jefe antidroga de Barcelona, Gerardo Cavero, entusiasta defensor.
Que las drogas condicionan la seguridad vial lo demuestran las mil pruebas positivas que el año pasado se obtuvieron en los controles en la ciudad. Aunque el consumo de alcohol y estupefacientes ha bajado al volante, la Guardia Urbana intensificará las inspecciones yendo a buscar intencionadamente a infractores.
“Nunca se había tomado tan en serio esa primera capa del problema de la droga que, sin tener las dimensiones del crimen organizado, repercute en el día a día de los barceloneses”, insistió el intendente mayor.
Pero Barcelona no es una excepción, la droga tiene esa misma incidencia en todas las grandes ciudades europeas que tienen puerto y una gran conectividad. Nunca hasta ahora los laboratorios habían creado tantas sustancias estupefacientes, ni había sido tan arriesgado consumirlas.
Mayka Navarro
Redactora de sucesos
Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.