Ha empezado académico, quizás en exceso en virtud de sus años como profesor, y ha sido en el ocaso de su larguísimo discurso cuando José Antonio Acebillo ha regalado su vehemencia, que no es más que el reflejo de una pasión: la ordenación urbana. El demiurgo de la Barcelona anterior y posterior a los Juegos del 92 ha recibido este lunes por la tarde el reconocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, una placa que le da las gracias por, ha dicho el alcalde, “redefinir la ciudad desde una mirada metropolitana”.
Ha resultado poético que el día en el que los depósitos pluviales planificados durante su etapa municipal salvaron a la capital catalana de una inundación segura, el Consistorio le haya rendido un homenaje en el Saló de Cent por sus años de servicio junto a Oriol Bohigas. Acebillo es de esas personas que han conseguido trascender a sus cargos. Y en esta ciudad no abundan. Está Pasqual Maragall, por supuesto. Incluso Xavier Trias, por su capacidad de destilar consenso. También empresarios como Salvador Alemany (presente en el acto) o Isidro Fainé. Y personas de calle, como la monja Victòria Molins o el pare Manel.
Acebillo ha demostrado durante su alocución que uno no logra remover si no provoca y promueve el cambio. Lo hizo como director de proyectos, liderando las planificaciones de la Sagrera, el 22@ o la llegada de la Diagonal al mar, con la consecuente dignificación del Fòrum. Y lo sigue haciendo (este año cumple 80) con opiniones que no siempre son mesuradas pero sí honestas. Por eso después de un largo discurso repasando el sentido filosófico de la vida urbanística, ha expuesto tres alertas sobre proyectos contemporáneos. La escuchaba la teniente de alcalde de Urbanismo, Laia Bonet. Primero, eso de terminar la Sagrada Família es un “disparate”. Lo que se tendría que hacer, ha detllado, es encajar la basílica en el barrio. o sea: primero va lo que necesita Barcelona y luego, la obra de Gaudí. Ha confirmado un clásico local: los arquitectos a los que les gusta el templo del Eixample no llenan un minibús. Acuérdense de Daniel Mòdol y su célebre “mona de Pascua”.
También ha pedido que la Sagrera se proyecte pensando mucho más allá de la estación de trenes. “Es un barrio nuevo, no hay que pensarlo como una suma de intervenciones pequeñas”. Y por último, ha reclamado que el nuevo Clínic de la Diagonal no orille el hospital nodriza que ya presta servicio a miles de ciudadanos en el corazón del Eixample. “¿Cómo lo haré para llegar hasta ahí arriba?”. Debería disponer de un metro, pero vete a saber.
Ha brindado un bonus en forma de propuesta que es de hecho una promesa en barbecho del PSC: la necesidad de recuperar interiores de manzana que no termina de arrancar. En esta ocasión, sin embargo, no ha arremetido contra los ejes verdes. Ni contra el tranvía, que en un acto en el RACC hará unos 15 años definió como “ese transporte que los trabajadores soviéticos usaban para cruzar el bosque y llegar a la fábrica”. Ayer era su día, no quiso dar material inflamable.
La arquitecta jefe del Consistorio, Maria Buhigas, alumna y heredera del pensamiento y las maneras de hacer de Acebillo, ha elogiado su capacidad de rodearse de profesionales de distintas disciplinas para tejer una visión holística del urbanismo, su valentía de “asumir retos muy complicados” y su sangre fría para “entender la ciudad en su complejidad, tomarse el tiempo y mirar más allá de la urgencia”.
Le escuchaban, entre otros, el exalcalde Joan Clos, el exconcejal de Urbanismo Ramón García-Bragado, Cristina Maragall (hija del exalcalde), las arquitectas Benedetta Talgiabue y Beth Galí, la decana del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya, Sandra Bestraten, y el exconcejal y cerebro olímpico Josep Miquel Abad, otra de esas personas sin las que no se entiende la Barcelona del 2026.
Eran otros tiempos. Con alcaldes que ofrecían un relato, ha compartido Acebillo, que él ejecutaba en forma de proyectos. Sin importar demasiado –y esa es otra gran diferencia– qué pensaran los demás.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.