El panorama del Cadí desde Travesseres, uno de los seis núcleos de población de Lles de Cerdanya, es magnético y la mañana del 11 de julio supera las expectativas. A las siete, el sol ilumina la sierra y la lluvia nos regala un perfecto arco iris. Buenos presagios para emprender con la polifacética Maragda Farràs la ruta para coronar La Muga, de 2.861 metros, cima vecina a la más concurrida Tossa Plana de Lles.
Esta joven graduada en Ingeniería de Diseño Industrial es una asidua a los lagos de La Muga. Muchas tardes, al concluir su jornada laboral, se calza las botas para salir a buen ritmo y relajarse en este refrescante rincón de la Cerdanya. La pandemia de la covid la empujó a gestar Entorns, una residencia de artistas en Mussa o Músser, uno de los pueblos que conforman el municipio de Lles.
Muchas tardes, al acabar de trabajar en Mussa, hace la ruta hasta el relajante lago de La Muga
Nos citamos en Travesseres para subir hasta la estación de esquí de fondo que funciona junto al refugio de Cap del Rec, en los parajes donde el corredor y alpinista Kilian Jornet dio los primeros pasos en la montaña. Desde el parking, a poco más de 1.950 metros de altitud, empezamos a andar por la pista que enlaza con el área recreativa de las Pollineres. Tras unos 30 minutos de marcha, nos desviamos a la derecha al divisar la señal de Els Afronts. Cruzamos un prado lleno de vacas y vemos a lo lejos una que parece que esté muerta. Los pastizales se alternan con bosques de pino negro y en este bucólico paisaje de la Cerdanya de Lleida tampoco faltan los rebaños de yeguas con sus crías. También vemos marmotas y una gran manada de rebecos que corren por una cresta. Muchos animales y poca gente.
Maragda dice que no es la mejor guía, pero avanzamos sin problemas hasta su rincón favorito, el lago grande de la Muga, donde paramos para un tentempié. Aquí disfrutamos del panorama que nos ofrece un perfecto circo glacial y la cumbre de la Muga con tres aristas, la norte muy alpina.
La montaña como fuente de inspiración es uno de los motores de Entorns, ubicado en un edificio familiar del siglo XVIII, Cal Tor. Y una de las obsesiones de Maragda es fomentar la recuperación de materiales en desuso que la modernidad y la comodidad han condenado al olvido. Habla con pasión de lo importante que es buscar salidas a la lana de oveja y al pelo de la cola de caballo, además de alentar labores tradicionales que están de capa caída. El eterno debate sobre la crisis del campo y la urgente necesidad de revitalizar agricultura, ganadería y todo lo que estas actividades conllevan, tal como han vuelto a poner en evidencia los terribles incendios de estos días.
Mientras divagamos sobre el presente del mundo rural, el impacto de la globalización y la vocación de Entorns de democratizar el arte, de acercarlo a los habitantes de su pequeño pueblo, a casi 1.300 metros de altitud y con unos 40 empadronados, vemos que en la cima de La Muga no hay nadie, pero sí oteamos a algunas personas en la Tossa Plana de Lles.
Nos faltan unos 300 metros para coronarla y emprendemos de nuevo la marcha. Ya empieza a apretar el sol, pero la temperatura aún es agradable. Encaramos la fuerte pendiente por el collado de la Muga y poco después de las once llegamos arriba. La nitidez atmosférica nos regala buenas vistas de la sierra del Cadí; del Puigpedrós; el Pessons, entre otros picos andorranos, y un primer plano de la Tossa Plana de Lles.
Estamos solas en la cima un buen rato, hasta que llega jadeando un animoso excursionista. Simpático y hablador explica que ha seguido la cresta que enlaza los dos picos. “Iba con un amigo, pero ha bajado antes, tenía vértigo”, nos cuenta ofreciéndonos un dulce chute de energía en forma de gominolas. “Cada mañana me subo a la bici en l’Hospitalet de Llobregat para recorrer 25 kilómetros y por la tarde 15 más a pie, así entreno mi resistencia”, detalla mientras muestra un tatuaje del Pedraforca en la pierna. “¡Lo he subido diez veces! La montaña es mi pasión”, proclama.
Nos despedimos y enfilamos la bajada hasta el lago para desembocar en los prados en los que a primera hora pacían terneros con sus madres. Vemos muchos buitres sobrevolando la zona, cada vez más. ¿Habrá un animal muerto? Nos acercamos y comprobamos que las rapaces devoran la vaca que habíamos observado unas horas antes en el suelo. Un concurrido festín.
Maragda nos propone regresar al refugio de Cap del Rec por una pista cercana a la que hemos tomado en el camino de ida. Sorteamos multitud de pinos caídos en medio de la vía. Desistimos y vamos a buscar la despejada vía principal. El calor ya hace mella tras casi seis horas de recorrido, incluyendo paradas. En total 18,4 kilómetros, más de 900 metros de cuestas, pero sin dificultades técnicas.
La Muga consta en el reto de los 100 cims que la Federació d’Entitats Excursionistes de Catalunya (FEEC) puso en marcha en el 2006 para dar a conocer las montañas de Catalunya y Andorra. Se trata de culminar 100 de una lista de 522.
Después de esta incursión a La Muga, Maragda regresa a casa, se embute su mono de apicultora y va a sacar la miel de varias colmenas. Seis años después de su llegada a la Cerdanya está completamente adaptada a la vida rural que fusiona con los proyectos artísticos alumbrados por Entorns.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.