Los nombres catalanes demuestran que la gente ha sabido siempre su juego versallesco. Donzell : joven noble que no ha sido aún armado caballero. “E menaré docents cavallers bé aparellats, e donzells e fills de cavallers qui seran cent e hun cavallers com serem a Mallorques”, escribió Bernat Desclot en la Crónica de 1288, que ya son días. Viene del latín dominicellu que quiere decir señorito. Le va como anillo al dedo: un donzell es una pequeña libélula de color azul celeste, con manchas y ojos negros, alas transparentes. Las hay de varios tipos: el donzell mercurial ( Coenagrion mercuriale ) vive en cursos de agua limpia. Tiene el cuerpo articulado y lo dobla en forma de arcos y corazones. A veces ves uno encima de otro, como dos equilibristas: el macho aguanta a la hembra que sumerge la cola en el agua para desovar. También tenemos las damisel · les . Según el Alcover Moll, una damisel · la es una señorita, especialmente de alta posición social. “Molts comtes e grans barons e dames e damisel·les”, dice el Curial e Güelfa del siglo XV.
Esta es la época de la damisela azul que sobrevuela el arroyo, en grupos dispersos de cuatro o cinco individuos, los machos de un color azul metálico, las hembras con las alas marronosas, ahumadas. La cola envarada parece envuelta en celofán. “Azul cobalto, verdoso transparente, ébano oscuro, amarillento, pardusco”, dice Klaas-Douwe B. Dijkstra en la Guía de campo de las libélulas de España y Europa , traducida por Manuel Pijoan. Color alar, bases pálidas, luz caudal: palabras que no transmiten la alegría hiperactiva, la fantasía sombreada y fresca de las pequeñas damiselas en un metro de arroyo. De la hoja de zarza del cierre de un huerto a un pequeño aliso o a un helecho. Paran quietas un momento, con las alas plegadas y es cuando puedes fotografiarlas. No acaban de ser ellas mismas, paradas en una hoja, plegadas. Las doncellas necesitan el movimiento continuo, perseguirse como si el arroyo fuera el jardín de un palacio, las zarzas, boj recortado y guirlandas de flores, y ellas escenificaran un ballet, buscándose y rechazándose, robando un beso y saliendo a escape, asomándose detrás de una encina recortada en forma de bombo. Cuando vuelan, las cuatro alas parecen las tijeras de uno de esos barberos de toda la vida a los que los parroquianos agradecidos llaman el maestro. Unas tijeras que escalan el cogote del verano. A veces se reflejan en las partes más claras del arroyo donde el agua ha acumulado arena y pequeñas piedras tostadas, y dibujan un poema japonés, antiguo y transparente.
Es el tiempo de la damisela azul que sobrevuela el arroyo, en grupos dispersos
Los donzells parecen de alambre, rígidos, como si pusieran a prueba las articulaciones de rodillas y codos de su armadura de futuro caballero, mientras que la damisela juega a ser ninfa, desnuda y flexible. “Eco, quid me fugis”. La damisela sale volando y se para a observarme – Narciso sudoroso–, desde la punta de un palito.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.