El joven Adrián Guerra de Móstoles, tras recoger alimentos donados por vecinos de Móstoles, Getafe y Alcorcón y cargar su coche particular hasta arriba, logró llegar ayer por la noche a La Adrada, uno de los pueblos más castigados al sur de la provincia de Ávila por el incendio. “Fue una odisea de viaje”, recuerda en una entrevista telefónica a La Vanguardia.
Guerra explica que un trayecto que dura alrededor de una hora le llevo tres. ” Bajé hasta Talavera de la Reina, subí hasta La Iglesuela de Tiétar, pero la Guardia Civil no me dejaba entrar porque tenía autorización para entrar a la provincia de Ávila, pero no a la de Toledo y como son comunidades autónomas distintas tuve que bordear toda la zona afectada por el incendio hasta que logre entrar”, relata.
Una vez en el pueblo, Guerra entregó a los cuarenta vecinos que había a las 11 de la noche en la plaza del pueblo los enseres que llevaba: “Desde agua embotellada, hasta fruta, pasando por galletas, conservas, servilletas o papel higiénico, entre otros productos”. “También les deje dos baterías para móviles”, apostilla. Hace hincapié en que “la gente estaba muy agradecida de que les llevara ese tipo de enseres”. Y continúa: “Han montado como una especie de almacén para que los vecinos que permanecen dentro del municipio recojan los productos que van necesitando”.
“Pueden dormir en sus casas”
“La gente del municipio sigue confinada, pero se les permite ir a dormir a sus casas”, dice. Él estaba cansado. “Dormí en mi casa. Estaba reventado. Te tumbas, pero no descansas. No dejas de pensar en cómo ha quedado el pueblo”.
En la plaza del Riñón, donde está ubicado el complejo multiusos, los ciudadanos de este pequeño municipio, se reúnen para desayunar, comer y cenar, pero luego aquellos que pueden vuelven a sus viviendas para dormir. Poco a poco irán empezando con la limpieza de las mismas. “Me han pedido que lleve alimentos sin gluten y pañales”, argumenta. Dicho y hecho. Tras pasar la noche en La Adrada, esta mañana del miércoles, Guerra ha vuelto a Móstoles para emprender su segundo viaje, que lo hará esta misma tarde.
“Nuestra vivienda no se ha quemado, aunque estaba el jardín lleno de cenizas. Es lo mínimo que nos podía haber pasado”.
Para seguir con su camino solidario, reconoce que “mucha gente me ha hecho bizum y he comprado bizcochos, harina, tortitas para celíacos y también pañales”. Esta tarde volverá a cargar el coche y saldrá con su vehículo particular hacia La Adrada, repleto de productos para hacer su segunda entrega.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.