La afición, temeraria, prohibida y perseguida policialmente, de saltar desde las rocas al mar, persiste junto a las playas de Tarragona. La muerte de tres niños de 12 y 13 años, ahogados cerca de uno de los puntos de salto en circunstancias todavía sin esclarecer por la policía ha puesto de nuevo bajo el foco una práctica con múltiples accidentes graves y mortales en los últimos 15 años.
Varias evidencias y algunas constataciones en base los hechos y los datos. Las dos zonas de salto más habituales, perfectamente identificados por la policía y los socorristas, están bajo el foco de la Guàrdia Urbana, con la Unidad de Vigilancia de Playas y sus cuatro parejas de agentes dedicados a recorrer los 15 kilómetros de litoral. La vigilancia se realiza durante todo el día, de lunes a domingo, pero la presión policial no ha logrado erradicar una práctica especialmente arraigada entre grupos de adolescentes y jóvenes.
La mayoría son jóvenes, van en grupo y huyen cuando detectan la presencia policial; una minoría lanza piedras
“Son grupos de hasta 15 chicos. Cuando detectan nuestra presencia, salen corriendo”, explica uno de los agentes en una de las patrullas por los puntos de salto seguida por La Vanguardia . Los jóvenes, muchos menores, lejos de la mirada de sus padres y en puntos apartados, saben perfectamente que es una práctica prohibida, con multas. La presión policial tiene un efecto disuasorio difícil de medir. Los carteles que alertan de la prohibición, al igual que los elementos que cortan el paso a zonas de rocas restringidas, sufren actos vandálicos.
Incluso en algunos casos los jóvenes saltadores han respondido con el lanzamiento de piedras desde las rocas dirigidos a los socorristas de la Cruz Roja que realizan también labores de vigilancia desde el mar. Los socorristas también recorren a pie los puntos más habituales de salto y alertan a la Guàrdia Urbana.
Los chicos tienen las de ganar en el juego del gato y el ratón, en media docena de kilómetros de playas en un término municipal muy extenso, hasta la Torre de la Mora, junto Altafulla (Tarragonès). Sabedores de la prohibición y con miedo a ser multados, cuando detectan la llegada de la Urbana salen corriendo, conscientes de que los agentes raramente van a iniciar una persecución por las rocas que podría ser más peligrosa que los saltos.
En días de mar en calma, como este fin de semana, las zonas de salto tienen un aspecto inofensivo, con el fondo marino cristalino. Un espejismo. Las corrientes, especialmente cuando hay mar rizada, y el oleaje pueden convertir las zonas de rocas en una trampa mortal. “Con mala mar de aquí no sales nadando, quedas a expensas de los equipos de salvamento”, constata uno de los agentes mientras observa la Cova del Gos. En este punto fue rescatado uno de los tres niños ahogados el funesto 19 de junio. Unas flores sobre las rocas ya recuerdan a las tres víctimas.
La zona de saltos más concurrida está en otro punto, relativamente cerca, detrás del Fortí de la Reina, junto a la playa del Miracle de Tarragona. La altura desde las rocas hasta el mar impone, de más de cinco metros en función de la marea. “De aquí tampoco sales si hay mala mar”. Aquí murió ahogado el 28 de marzo de 2024 un turista alemán (32 años) que se lanzó al agua para intentar salvar un menor que había saltado desde las rocas. Los dos perecieron ahogados.
“Un poco más lejos, desde aquellas rocas, saltó un chico que quedó tetrapléjico el año pasado”, señala el agente. “Cada año hay fracturas”. La dificultad por medir la profundidad del agua, variable, es otra de las trampas que puede ser gravemente lesiva e incluso mortal. “El chico se tiró de cabeza e impactó con la arena”, recuerda. Ahora va en silla de ruedas.
La autoprotección de los bañistas es la clave para prevenir los accidentes. La pedagogía y la concienciación, sumada a la presión policial y las multas, deben ayudar a disuadir a los saltadores, también cuando se aleje el foco político y mediático.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.