Al MinutoInternacionalPolíticaOpiniónSociedadDeportesEconomíaCiudadesPopCulturaSucesosLa Contra
Suscríbete
Opinión
Salvador Enguix
Periodista

El peso de la estética

Escucha este artículo
0:00 7:42
Actualizado hace 6 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

Sugerir una corrección Política de correcciones de La Vanguardia
4 puntos clave Ver
  • 01Los tribunales marcan el destino penal de aquellos que están sometidos a instrucción judicial, pero es la calle la que juzga la coherencia y la credibilidad.
  • 02Para el PSOE, una marca que se sostiene sobre el relato de la justicia social y la honradez en conductas y formas, el verdadero problema actual no es la amenaza de la toga: es estético.
  • 03Y la estética, en la izquierda, funciona como un termómetro moral.
  • 04Por eso, más allá de lo que acabe dictaminando la justicia sobre el caso Zapatero, o de las derivadas del caso Ábalos, lo que está asfixiando al partido es la amenaza de desconexión absoluta de aquellos que se ven sorprendidos por una escenografía inesperada e incómoda.

Los tribunales marcan el destino penal de aquellos que están sometidos a instrucción judicial, pero es la calle la que juzga la coherencia y la credibilidad. Para el PSOE, una marca que se sostiene sobre el relato de la justicia social y la honradez en conductas y formas, el verdadero problema actual no es la amenaza de la toga: es estético. Y la estética, en la izquierda, funciona como un termómetro moral. Por eso, más allá de lo que acabe dictaminando la justicia sobre el caso Zapatero, o de las derivadas del caso Ábalos, lo que está asfixiando al partido es la amenaza de desconexión absoluta de aquellos que se ven sorprendidos por una escenografía inesperada e incómoda.

El expresidente español, Rodríguez Zapatero 
El expresidente español, Rodríguez Zapatero ULISES RUIZ / AFP

La izquierda ha construido históricamente buena parte de su legitimidad sobre una supuesta superioridad moral. No bastaba con gobernar; había que representar una manera de estar en el mundo. Una contención. Una sensibilidad verídica hacia la cohesión social y la austeridad moral. La justicia social. Por eso el daño no nace únicamente de los indicios judiciales o de la posible existencia de conductas impropias, sino de las imágenes que proyectan determinados comportamientos, aderezado con joyas, dinero y viajes. Hay escenas que erosionan más que una imputación.

Ya ocurrió con aquellas conversaciones obscenas entre José Luis Ábalos y Koldo García, hablando de mujeres como quien elige platos en un menú de restaurante de carretera. No era sólo vulgaridad: era la demolición simbólica de un discurso político que había hecho del feminismo una de sus grandes banderas. Aquello no se discutía en los tribunales, sino en la conciencia de muchos votantes progresistas que observaron, entre el estupor y la decepción, cómo algunos de los suyos reproducían las peores inercias del machismo más rancio.

Ahora emerge otra estética igualmente devastadora. La del expresidente convertido presuntamente en intermediario privilegiado; la de las agendas, los contactos y las influencias orbitando alrededor de intereses privados; la de unas hijas que habrían recibido grandes cantidades de dinero empaquetando informes mientras miles de jóvenes sobreviven en pisos compartidos, encadenando contratos precarios y salarios mileuristas. Quizá todo tenga explicación jurídica. Quizá incluso acabe no existiendo reproche penal alguno. Pero el problema para el PSOE ya no es exclusivamente judicial: es narrativo y moral.

El PSOE teme hoy algo peor que una condena: que una parte de la sociedad deje de reconocerse moralmente en sus referentes. El caso Zapatero abre una puerta al abismo bajo el peso de una estética que, a diferencia de las sentencias, no admite recursos.

No es la primera vez que políticos del PSOE se asocian a privilegios, favores y estilos de vida alejados de la realidad cotidiana de sus votantes, pero ahora el riesgo es acelerar un cambio de ciclo, hacia la derecha y la derecha extrema. La fractura emocional resulta inevitable. La estética deja de ser superficial para convertirse en un juicio político de enorme profundidad. El PSOE teme hoy algo peor que una condena: que una parte de la sociedad deje de reconocerse moralmente en sus referentes. El caso Zapatero abre una puerta al abismo bajo el peso de una estética que, a diferencia de las sentencias, no admite recursos.

Salvador Enguix
Salvador Enguix
Periodista

Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.