Hay un mensaje que estos días se repite constantemente, mires donde mires: “Los estudiantes se juegan su futuro en la PAU”. Se ha dicho a propósito de la huelga indefinida que mantienen los docentes valencianos, marcando una línea roja para que nada enturbie ese momento crucial en la vida de tantos estudiantes. Y no, no diré que no sea importante la prueba de acceso a ese campus universitario donde aspiras pasar tus próximos años, que lo es, pero me pregunto si es adecuado repetirles como un mantra que “todo su futuro” depende de esos exámenes, porque entonces cuanto estamos trasladando a esa chica que quiere ser médico o biotecnóloga o a ese joven que aspira a estudiar Historia del Arte es que o te sale bien o te vas a la mierda. Así, sin ambages.
No debería ser ese el claim de un grupo de exámenes que exaspera a padres, madres, abuelos... y que condiciona la vida social y académica de una persona durante todo un curso. Dos, incluso. El resultado importa, sacar buena nota también importa, pero EL FUTURO, así en mayúsculas, no solo depende de si en Matemáticas no la cagas. Y sé de lo que hablo.
Si un día te sientas a escuchar a los mejores emprendedores, siempre te cuentan como de los fracasos sacaron grandes enseñanzas. Cómo aquel negocio que les salió mal acabó siendo el espaldarazo que les hacía falta, la lección que nadie les había enseñado para salir adelante. Y cómo de ese error pudieron crecer más fuertes. Pero vivimos en una sociedad marcada por el todo o la nada. O marcas ese gol, o no eres nadie. O apruebas esa PAU con nota u olvídate de todo. No quisiera vivir yo en una final de la Champions League con el delantero tratando de marcarme ese último penalti...
Creo que el mensaje debe ser otro. Que sí, que sí, que hay que esforzarse al máximo si tu objetivo es ir a la Universidad; que también debe hacerse si prefieres estudiar un oficio, pero que errare humanu est. Que no se nos olvide.
Si tuviésemos más tolerancia a las cagadas y más herramientas para afrontar el después no viviríamos todos pensando que cruzar esa línea de mala manera será mi próxima catástrofe. Para concienciarnos en la importancia, y en el valor del fracaso, debemos tener a nuestro lado a quienes confíen en nosotros, nos empujen y nos envalentonen y esos, además de nuestras familias o amigos, suelen ser siempre los profesores y profesoras que nos acompañan en el camino. Esos que hoy siguen de huelga porque defienden que todos, hijos de obreros o de empresarios, tengamos las mismas opciones de triunfar tras un fracaso. Porque con coraje y trabajo, el ascensor social debe funcionar, aunque hoy se encalle en el primer piso porque ese examen no te acabe de salir bien.
Ánimo, chavales, el futuro es vuestro.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.