Hay decisiones que pueden ser inevitables y, sin embargo, resultar escandalosas. El cierre temporal del Teatro Principal de València es una de ellas. Si un informe técnico advierte de graves deficiencias de seguridad, problemas de evacuación, incumplimientos de la normativa contra incendios o riesgos de desprendimientos, el teatro debe cerrar. No hay discusión posible. La seguridad de espectadores, trabajadores y compañías está por encima de cualquier programación.
Lo que resulta difícil de entender, lo verdaderamente preocupante, es que se haya llegado hasta aquí. ¿Cómo es posible que nadie haya actuado antes si el deterioro del Principal era conocido desde hace años? ¿Cómo se ha podido mantener abierto un espacio público con puertas de emergencia bloqueadas, materiales acumulados en recorridos de evacuación, un hueco en el suelo protegido únicamente con cinta de balizamiento o riesgo de desprendimientos sobre la vía pública? ¿Cómo se ha podido funcionar con deficiencias en materia de protección contra incendios hasta el punto de que un responsable técnico advierta del riesgo de convertir el teatro en una ratonera?
Hay algo más difícil todavía de explicar. El informe que ha precipitado el cierre se conoce apenas un día después de que se presentara la programación del Principal para los próximos meses. Un día. ¿De verdad nadie sabía entonces lo que estaba ocurriendo? ¿De verdad se puede anunciar con normalidad una temporada cultural y, veinticuatro horas después, cerrar el escenario por razones de seguridad?
El problema no es, por tanto, que el Principal cierre. El problema es haber permitido que tuviera que cerrar así. Porque el deterioro del edificio no es nuevo. En 2020, la propia Diputación ya detectó un “deterioro acelerado” de las instalaciones y planteó una ambiciosa rehabilitación. En 2024, cuando el mantenimiento volvió a manos de la institución provincial, la Diputación reprochó a la Generalitat su dejadez y señaló que el edificio llevaba años sin pasar las correspondientes inspecciones técnicas. Ahora se habla de una rehabilitación que podría alcanzar los 50 millones de euros.
Y aquí aparece una de las grandes paradojas. El Principal es propiedad de la Diputación, mientras que la Generalitat, a través del Institut Valencià de Cultura, tiene la responsabilidad de su explotación cultural. Se podrá discutir dónde empieza y termina la obligación de cada administración. Lo que no se puede aceptar es que esa división de competencias termine convirtiéndose en una división de responsabilidades. El ciudadano no entiende de organigramas. Entiende que el Teatro Principal es un edificio público y que las instituciones que lo administran tienen la obligación de mantenerlo en condiciones.
Todo esto tiene algo de Teatro de lo absurdo. Y resulta todavía más lamentable porque estamos hablando de uno de los grandes símbolos culturales de València, de un espacio escénico de referencia estatal y de un escenario imprescindible para compañías, artistas y espectadores. Mientras tanto, las salas privadas de València han sabido ganar público, prestigio y capacidad de iniciativa. El principal teatro público de la ciudad debería haber sido una locomotora de la actividad cultural, no un edificio al que se llega a cerrar porque nadie hizo a tiempo lo que tenía que hacer.
Que el Principal cierre, si no reúne las condiciones de seguridad, claro que sí. Antes debería haber pasado. Y, sobre todo, antes alguien debería haber evitado llegar hasta este dislate: es una tragicomedia. Esta vez, sin público.
El sector escénico ya ha advertido de que este cierre agrava una situación marcada por la precariedad y la inestabilidad. Y reclama algo tan elemental como una coordinación entre las administraciones local, provincial y autonómica para garantizar una política cultural escénica con futuro. No parece demasiado pedir. Porque lo ocurrido genera desconfianza, desconcierto y una sensación de descoordinación institucional difícil de disimular. Ahora tocará cerrar, rehabilitar, buscar alternativas y asumir responsabilidades. Pero alguien debería explicar antes por qué se ha esperado hasta que un informe policial haya obligado a hacer lo que llevaba años siendo necesario.
Que el Principal cierre, si no reúne las condiciones de seguridad, claro que sí. Antes debería haber pasado. Y, sobre todo, antes alguien debería haber evitado llegar hasta este dislate: es una tragicomedia. Esta vez, sin público.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.