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Opinión
Salvador Enguix
Periodista

Antes y después de Mari Carmen

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Actualizado hace 10 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01De la tragedia social que toda España ha seguido en directo tras el dramático desahucio de Mari Carmen de la vivienda que habitaba en Madrid queda, al menos, un consuelo: su historia, ampliamente divulgada, ha permitido colocar en el centro del debate (ya veremos por cuanto tiempo) una realidad que lleva años deteriorando la cohesión social y poniendo a prueba la credibilidad de partidos e instituciones: el problema de la vivienda.
  • 02La historia de Mari Carmen no es excepcional.
  • 03Hay muchas otras personas que han sido expulsadas de sus hogares, familias que se han visto obligadas a refugiarse en habitaciones de pisos compartidos o incluso a recurrir a albergues sociales, como viene denunciando Cáritas, jóvenes que no pueden permitirse alquilar un piso y mucho menos comprarlo y personas que directamente viven en la calle.
  • 04Basta darse una vuelta por algunos barrios de València para comprobarlo.

De la tragedia social que toda España ha seguido en directo tras el dramático desahucio de Mari Carmen de la vivienda que habitaba en Madrid queda, al menos, un consuelo: su historia, ampliamente divulgada, ha permitido colocar en el centro del debate (ya veremos por cuanto tiempo) una realidad que lleva años deteriorando la cohesión social y poniendo a prueba la credibilidad de partidos e instituciones: el problema de la vivienda. La historia de Mari Carmen no es excepcional. Hay muchas otras personas que han sido expulsadas de sus hogares, familias que se han visto obligadas a refugiarse en habitaciones de pisos compartidos o incluso a recurrir a albergues sociales, como viene denunciando Cáritas, jóvenes que no pueden permitirse alquilar un piso y mucho menos comprarlo y personas que directamente viven en la calle. Basta darse una vuelta por algunos barrios de València para comprobarlo.

Maricarmen, una anciana de 87 años tras ser desahuciada este miércoles de su vivienda en la calle del Alcalde Sainz de Baranda, en el madrileño distrito de Retiro.
Maricarmen, una anciana de 87 años tras ser desahuciada este miércoles de su vivienda en la calle del Alcalde Sainz de Baranda, en el madrileño distrito de Retiro.Dani Duch / Propias

Lo más triste es que una problemática que lleva tanto tiempo agitando a la sociedad haya tenido que tomar forma en la persona de Mari Carmen para despertar conciencias. Porque los desahucios llevan muchos años siendo una realidad constante, más allá de Madrid. Basta observar los datos de la Comunitat Valenciana: una media cercana a nueve lanzamientos diarios durante más de una década. Miles cada año. Tras la crisis financiera de 2008 y el estallido de la burbuja inmobiliaria, las principales víctimas eran quienes no podían hacer frente a una hipoteca. Muchos pisos perdieron valor y hubo familias que quedaron atrapadas entre una deuda que no podían pagar y una vivienda cuyo precio había caído. Hoy el perfil ha cambiado. Cada vez son más las personas, jóvenes y mayores, que no pueden hacer frente a unos alquileres que se han disparado en pocos años. En mi barrio, Patraix, recuerdo que hace cinco años era posible encontrar un piso de tres habitaciones por unos 500 euros. Hoy resulta muy difícil encontrar algo similar por menos de 1.200.

También hace tiempo que algunos venimos alertando de la transformación que está experimentando la propiedad de nuestros barrios y del papel que desempeñan determinados fondos y grandes inversores en ese proceso. No se trata de atribuir a todos el mismo comportamiento, pero sí de constatar una realidad: cada vez resulta más difícil saber quién está detrás de algunas operaciones que afectan directamente a la vida cotidiana de los vecinos. Con alguna excepción, desconocemos quién compra edificios enteros para destinarlos a nuevos usos, quién adquiere bajos que generan rechazo vecinal o quién expulsa al comercio tradicional para transformar determinadas calles. Tampoco siempre sabemos quién acaba acumulando viviendas que antes estaban en manos de pequeños propietarios. Y esa falta de transparencia dificulta incluso saber ante quién deben reclamar los vecinos cuando el barrio cambia.

El capital ha encontrado en València una materia aparentemente inagotable. El negocio ya no consiste necesariamente en construir ciudad, sino también en aumentar la rotación y el valor de los inmuebles. Hablamos de fondos de inversión, de grandes propietarios, de inversores nacionales o internacionales, pero rara vez sabemos quién está detrás de determinadas operaciones, cuáles son sus intereses o qué destino tendrá finalmente ese patrimonio residencial. Mientras tanto, una parte del parque de viviendas cambia de manos y determinados barrios se transforman sin que los vecinos tengan apenas capacidad para intervenir. Los ayuntamientos intentan regular y contener algunos de estos procesos, pero frente a un capital que puede moverse con rapidez, la propiedad cambia de manos sin que apenas exista un interlocutor reconocible.

Cabe preguntarse qué pensarán esas miles de personas que han vivido situaciones parecidas y nunca fueron noticia, entre otras razones porque sus historias sucedían lejos de los focos, en las periferias y en barrios que rara vez ocupan el centro del debate nacional

Y ha tenido que suceder en Madrid, ante las cámaras y con el rostro de una mujer de casi noventa años, para que buena parte de España haya reparado en la gravedad de una situación que miles de personas sufren desde hace años. El caso de Mari Carmen ha permitido ver algo que normalmente permanece oculto: la absoluta vulnerabilidad de quien pierde su casa frente a un mercado de la vivienda que parece haber adquirido una dinámica propia. Cabe preguntarse qué pensarán esas miles de personas que han vivido situaciones parecidas y nunca fueron noticia, entre otras razones porque sus historias sucedían lejos de los focos, en las periferias y en barrios que rara vez ocupan el centro del debate nacional. Ha tenido que ocurrirle a una de ellas para que todos miremos hacia el mismo problema. Ojalá esta vez no dejemos de mirar cuando las cámaras se apaguen.

Salvador Enguix
Salvador Enguix
Periodista

Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.