En el PP valenciano se está fraguando una batalla orgánica condicionada por la tardanza de Génova en confirmar o apartar a Juanfran Pérez Llorca de la candidatura autonómica de 2027. Hay dos preguntas que utilizan quienes desean mover la silla del president del liderazgo regional del partido: ¿Por qué Alberto Núñez Feijóo no ha confirmado ya a Llorca como candidato o, al menos, ha tenido algún gesto explícito de apoyo a su presidencia y a su gestión? Y si Llorca no gusta en Génova, ¿por qué siguen retrasando la elección de un sustituto o sustituta? Cada día y cada semana de indecisión es un golpe a la legitimidad de Llorca al frente del PP valenciano y a su papel como president, alimento para la oposición del PSPV y Compromís, y un agravio a los populares valencianos, a los que ni siquiera se les ha autorizado, de momento, celebrar un congreso regional; mientras se han convocado en otras regiones.
El PP valenciano, pase lo que pase con Llorca, parece ya un simple apéndice de la organización nacional; una estructura sin autonomía para decidir su futuro, un partido tutelado desde Madrid. Nada que ver con lo que fueron los PP de Eduardo Zaplana o Francisco Camps, barones castigados después por la corrupción pero que tuvieron, en su momento, una enorme influencia en Génova. Y Génova tiene una responsabilidad evidente en esta situación porque ha dejado a la militancia valenciana sin capacidad para organizar mínimamente su vida interna; ni siquiera para escuchar su opinión en un congreso. La gestora constituida tras la dimisión de Carlos Mazón, cuyo mandato caducó hace tiempo, sigue activa sin autoridad para reactivar al partido.
La sesión de ayer del Debate de Política General evidenció que el PP está sometido a la duda sobre el futuro de Pérez Llorca, al que Génova parece decidida a, como mínimo, debilitar su autoridad incomprensiblemente
La sesión de ayer del Debate de Política General evidenció que el PP está sometido a la duda sobre el futuro de Pérez Llorca, al que Génova parece decidida a, como mínimo, debilitar su autoridad incomprensiblemente; y eso que será casi seguro el elegido. Bien que lo usaron el PSPV y Compromís para atacarlo. Pero también hay hechos que alimentan esta hipótesis, como la disputa entre el Ayuntamiento, la Diputació de València y la Generalitat, las tres instituciones gobernadas por el PP, para eludir responsabilidades por el cierre del Teatro Principal de la capital. ¿No hay nadie en el PP valenciano que sea capaz de poner orden?
Todo esto resulta difícil de explicar en un partido que aspira a seguir gobernando la Generalitat, la Diputación y las principales capitales valencianas con el apoyo de Vox. Y que ha sufrido el enorme desgaste de la gestión de la dana que provocó la dimisión de Mazón. Cuesta creer que una formación a la que Génova no le permite organizarse a sí misma y establecer con claridad sus jerarquías internas y políticas pueda liderar la Comunitat Valenciana durante los próximos años. Le están haciendo la campaña a la oposición. ¿Es esto lo que quiere Feijóo para el PP valenciano?

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.