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Opinión
Salvador Enguix
Periodista

¿Vamos a votar?

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Actualizado hace 2 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01La pregunta, que hasta hace poco podía parecer una hipótesis demasiado lejana, empieza a adquirir otra dimensión después de lo sucedido el viernes en el Congreso.
  • 02El Gobierno de Pedro Sánchez perdió una votación con fuerte carga social y, también, simbólica.
  • 03Y esta vez no fue ante una mayoría circunstancial.
  • 04PP, Vox y Junts coincidieron en tumbar uno de los decretos impulsados por el Ejecutivo para hacer frente a la emergencia de la vivienda.

¿Vamos a votar? La pregunta, que hasta hace poco podía parecer una hipótesis demasiado lejana, empieza a adquirir otra dimensión después de lo sucedido el viernes en el Congreso. El Gobierno de Pedro Sánchez perdió una votación con fuerte carga social y, también, simbólica. Y esta vez no fue ante una mayoría circunstancial. PP, Vox y Junts coincidieron en tumbar uno de los decretos impulsados por el Ejecutivo para hacer frente a la emergencia de la vivienda. El segundo tampoco salió adelante. Demasiadas derrotas para un Gobierno que necesita del Parlamento para gobernar.

Hay algo más. Los decretos pretendían responder a una situación que empieza a adquirir una dimensión social difícil de ignorar: miles de ciudadanos tienen enormes dificultades para pagar un alquiler, mientras se multiplican los problemas derivados de los fondos “buitres” y de las grandes empresas propietarias de viviendas. Y, al mismo tiempo, el caso de Mari Carmen, la mujer de 87 años desalojada de su vivienda en Madrid, ha provocado una conmoción que va mucho más allá de la propia historia. Se ha convertido en la imagen de un problema que ya no es exclusivamente económico. Es también social y político. Una espoleta movilizadora de un malestar latente.

Pedro Sánchez durante la votación del pasado viernes 
Pedro Sánchez durante la votación del pasado viernes JAVIER SORIANO / AFP

Por eso lo ocurrido el viernes merece una reflexión que vaya más allá del fracaso de dos decretos. ¿Puede seguir gobernando con normalidad un presidente que ya no es capaz de articular en el Congreso la mayoría que hizo posible su investidura? ¿Hasta dónde puede prolongarse una legislatura cuando cada iniciativa importante del Gobierno se convierte en una negociación al límite y cuando los socios que permitieron a Sánchez continuar en la Moncloa dejan de garantizarle una mayoría? La respuesta puede estar en algo muy sencillo: que las urnas vuelvan a hablar.

Sánchez ha conseguido alargar la legislatura en circunstancias que, en otros momentos, probablemente habrían provocado una convocatoria electoral. Ha soportado el desgaste derivado de las investigaciones y los casos de corrupción que afectan al PSOE y a antiguos ministros; las controversias relacionadas con su hermano y su mujer; la presión política y dura crítica social por la situación en Ceuta; y, sobre todo, una legislatura en la que no ha conseguido aprobar unos Presupuestos y en la que ha tenido que recurrir permanentemente a acuerdos de geometría variable para sacar adelante sus iniciativas. Hasta ahora ha podido hacerlo. Pero lo ocurrido el viernes marca un punto de inflexión.

Y aquí aparece Junts. Resulta paradójico que pueda ser precisamente el partido de Carles Puigdemont, aquel al que el PSOE necesitó para conseguir la investidura, el que termine acelerando el final de la legislatura. Conviene recordar el enorme esfuerzo político que supuso para los socialistas la apuesta por la amnistía y por el acuerdo con el independentismo catalán. También el precio que aquella decisión tuvo para una parte del electorado socialista. Pocas veces un partido de gobierno había apostado tanto y había asumido tanto coste político para asegurarse el apoyo de una formación independentista.

Ahora Puigdemont ha conseguido buena parte de aquello que reclamaba y Junts ha recuperado su capacidad de condicionar la política española, a pesar de que en Catalunya cada vez pierde apoyo popular y siente la amenaza de la ultra Aliança Catalana. El rechazo a los decretos del Gobierno no es formalmente una moción de censura, naturalmente. Pero puede acabar funcionando políticamente como una especie de moción de censura encubierta si consigue dejar al Ejecutivo sin capacidad para aprobar sus principales iniciativas.

Y hay otro elemento que no debería pasar desapercibido. Durante estos años hemos hablado mucho de la dificultad de Sánchez para mantener unidos a sus socios de investidura. Ahora empieza a ser inevitable observar también la sintonía parlamentaria que, en determinados asuntos, pueden alcanzar las derechas del PP y Vox con Junts. No significa que exista una alianza entre ellos, ¿o sí?. Sus proyectos políticos son distintos y sus intereses también. Pero cuando tres fuerzas diferentes coinciden reiteradamente en impedir que el Gobierno saque adelante determinadas medidas, el resultado político es evidente.

Eso es lo que deberían auditar unas elecciones: qué piensa realmente la sociedad española después de estos años de legislatura. Si Sánchez mantiene respaldo suficiente, podrá continuar. Si las urnas dibujan otro escenario, habrá que aceptarlo. Ese es precisamente el riesgo —y la virtud— de la democracia. No debería dar miedo votar porque exista la posibilidad de un cambio de ciclo hacia las derechas. La democracia consiste también en asumir que los ciudadanos pueden decidir algo que no gusta al Gobierno de turno. Lo que sí puede resultar más preocupante es prolongar una legislatura en la que el Ejecutivo parece cada vez más incapaz de gobernar con una mayoría parlamentaria estable. Porque una cosa es resistir políticamente y otra muy distinta es poder gobernar.

Quizá Sánchez pueda seguir negociando, prorrogando, pactando cada votación y salvando cada obstáculo. Igual lo sigue intentando. Pero después de lo del viernes el margen de maniobra parece casi agotado

Quizá Sánchez pueda seguir negociando, prorrogando, pactando cada votación y salvando cada obstáculo. Seguramente seguirá intentándolo, y está legitimado para ello. Pero después del viernes el margen de maniobra parece casi agotado. Y cuando un Gobierno necesita hacer equilibrios permanentes para sobrevivir, quizá haya llegado el momento de preguntar a los ciudadanos si quieren que ese equilibrio continúe.

PD. Si finalmente hay adelanto electoral, habrá que estar muy pendientes de la decisión que adopte Juanfran Pérez Llorca. En el PP valenciano todavía esperan que Génova confirme oficialmente si será el candidato a la Generalitat. Para algunos sectores del partido, hacer coincidir las elecciones autonómicas y generales podría ofrecer un escenario especialmente relevante para los populares valencianos. Un adelanto de las generales podría acelerar también, y mucho, una decisión que Génova lleva demasiado tiempo aplazando.

Salvador Enguix
Salvador Enguix
Periodista

Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.