La sombra de la dana es alargada. Con todas sus formas, y en todos los ámbitos, los efectos de las inundaciones de octubre de 2024 se observan estos días en cómo reaccionamos, sociedad y administraciones, a los nuevos avisos meteorológicos. Avisos en Instagram o “X” con tiempo suficiente para cambiar de planes, medidas preventivas adoptadas en colegios, centros de trabajo o universidades que aportan calma a trabajadores y familias, y un flujo de información constante, desde todas las instituciones, para mantener informados a los ciudadanos, y transmitir tranquilidad a quienes se sienten sufren cuando vuelve a llover.
Lo hemos visto estos últimos días en Valencia, donde este lunes se intenta volver a poner en el centro de la conversación pública la urgencia climática con la celebración de la conferencia internacional “De la crisis a la recuperación: fortaleciendo la resiliencia regional”, organizada por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en Caixaforum València. En el encuentro que arranca hoy se lanzará la Plataforma de la OCDE para la Resiliencia Regional ante los Desastres y se debatirá cómo evitar que los riesgos naturales se conviertan en desastres mediante la adaptación de infraestructuras y el mapeo de riesgos, o la importancia de estar preparados con sistemas de alerta eficaces, fondos de emergencia y protocolos de actuación.
También se abordará cómo gestionar los fondos de reconstrucción tras la catástrofe y se dará voz a las víctimas, que llevan tiempo reclamando una apuesta por la cultura de la emergencia. Hace unas semanas, las tres asociaciones mayoritarias celebraron un encuentro de colectivos afectados en la Rambleta de València preguntándose si “estamos preparados para una nueva catástrofe climática”. Para plataformas como la agrupación ciudadana Tots a Una Veu, la formación de la ciudadanía en protección civil también es básica.
Asimismo, en el congreso de esta semana se firmará la constitución de la Càtedra Arrels, cuyo objetivo es promover una innovación arraigada en el territorio co-creando junto a municipios, empresas, centros tecnológicos y ciudadanía soluciones frente a la resiliencia climática, con participación de la Universitat Politècnica de València (UPV), la Universitat de València (UV) y la Red Innpulso, de ciudades por la ciencia y la innovación. De temática parecida es la Cátedra MesVal que colabora con el Ayuntamiento de València en la divulgación del Plan València + Segura de formación ciudadana en emergencias, con el que lleva meses divulgando el proyecto en localidades afectadas y barrios de la ciudad para educar en la cultura de la prevención.
Tras vivir un desastre de dimensiones dantescas, con 233 muertos y miles de afectados, la reflexión sobre qué hacer después parece haber calado entre las instituciones, que no solo traen a València la discusión sobre el futuro climático de la región mediterránea, sino que apuestan por convertirlo en conversación permanente. Es la propuesta de la Generalitat Valenciana, que anunció hace meses -y esta semana volvió a poner en valor el president Pérez Llorca- la creación del primer Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática (CMIC) de Europa, que tendrá como objetivo mejorar la previsión de fenómenos meteorológicos extremos y que cuenta con una primera dotación de un millón de euros, a cargo de la Dirección General de Calidad y Educación Ambiental, en los presupuestos valencianos.
La propuesta del Consell es establecer una alianza con varios países de la cuenca mediterránea para compartir información meteorológica y traducirla en acciones públicas concretas que permitan mejorar la respuesta de estos países ante fenómenos meteorológicos extremos. Contará con la colaboración de la investigadora del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), Samira Khodoyar.
El Consell reserva un millón de euros para el arranque del Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática (CMIC) de Europa, con sede en València Presupuestos
Asimismo, en el CEAM que dirige Khodoyar también se propone crear un Observatorio Climático de los futuros parques inundables metropolitanos con el objetivo de monitorizar, evaluar y demostrar científicamente la capacidad de esta infraestructura verde de reducir riesgos climáticos, mejorar el confort térmico y aumentar la resiliencia del territorio frente a fenómenos meteorológicos extremos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.