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Daniel Sanjuán, fisioterapeuta: “Hay personas de 50 años que se sienten inseguras al sentarse en el suelo y levantarse, pero hay que evitar que nuestro repertorio de movimientos se vaya reduciendo”

El fisioterapeuta reivindica el movimiento y el ejercicio como herramientas fundamentales para conservar la autonomía a medida que envejecemos

Daniel Sanjuán, fisioterapeuta: “Hay personas de 50 años que se sienten inseguras al sentarse en el suelo y levantarse, pero hay que evitar que nuestro repertorio de movimientos se vaya reduciendo”
Daniel Sanjuán, fisioterapeutaCedida
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Actualizado hace 6 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01El dolor suele interpretarse como una señal inequívoca de que algo en nuestro cuerpo se ha roto o desgastado.
  • 02Pero daño y dolor no siempre van de la mano.
  • 03Es una de las ideas que el fisioterapeuta Daniel Sanjuán quiere desmontar en su último libro, Tu cuerpo no está roto (Larousse), donde aborda algunas de las consultas más habituales en fisioterapia, desde la ciática y el dolor cervical hasta la fascitis plantar.  Profesor universitario y colaborador de la Real Federación Española de Balonmano, Sanjuán reivindica, en conversación con  La Vanguardia, el movimiento y el ejercicio como herramientas fundamentales para conservar la autonomía a medida que envejecemos.
  • 04El título de su libro,  Tu cuerpo no está roto, cuestiona una idea muy extendida: que cuando algo nos duele significa que algo está dañado.

El dolor suele interpretarse como una señal inequívoca de que algo en nuestro cuerpo se ha roto o desgastado. Pero daño y dolor no siempre van de la mano. Es una de las ideas que el fisioterapeuta Daniel Sanjuán quiere desmontar en su último libro, Tu cuerpo no está roto (Larousse), donde aborda algunas de las consultas más habituales en fisioterapia, desde la ciática y el dolor cervical hasta la fascitis plantar. 

Profesor universitario y colaborador de la Real Federación Española de Balonmano, Sanjuán reivindica, en conversación con La Vanguardia, el movimiento y el ejercicio como herramientas fundamentales para conservar la autonomía a medida que envejecemos.

El título de su libro, Tu cuerpo no está roto, cuestiona una idea muy extendida: que cuando algo nos duele significa que algo está dañado. ¿Puede haber dolor sin que exista un daño estructural?

Exacto. Una cosa es qué te duele y otra, por qué te duele. Por ejemplo, puedes sufrir un esguince: existe un daño en el tejido y aparece dolor. Pero también puedes tener dolor de rodilla, hacerte una radiografía o una resonancia y que no aparezca ningún daño relevante. El dolor no siempre está vinculado a una lesión estructural. Sin embargo, muchas veces pensamos: “Me duele el cuello, algo se habrá roto”. Y no necesariamente es así. El dolor es mucho más complejo.

El dolor de espalda y de cervicales puede aparecer por vivir en modo supervivencia.
El dolor de espalda y de cervicales puede aparecer por vivir en modo supervivencia.DAMIR MIHAJLOVIC

Cuando aparece dolor de espalda, cuello o rodilla, muchas personas dejan de moverse por miedo. Sin embargo, usted anima precisamente a hacer lo contrario…

Sí. El movimiento casi siempre va a ser beneficioso, aunque evidentemente hay excepciones. Si tienes una fractura y te indican que debes inmovilizar una zona, hay que hacerlo, pero eso no significa inmovilizar todo el cuerpo. El problema aparece cuando entramos en un círculo: me duele, así que no me muevo; como no me muevo, pierdo capacidad muscular y cada vez me cuesta más moverme; entonces tengo todavía más miedo. En pocos días de inactividad podemos perder capacidad física. Por eso debemos adaptar el movimiento a cada situación en lugar de eliminarlo por completo.

Señala que la ciática es uno de los dolores que más preocupa en consulta. ¿Existe cierta confusión sobre lo que realmente significa este concepto?

La ciática describe un síntoma: un dolor que sigue el recorrido del nervio ciático, normalmente desde la zona lumbar o glútea hacia la pierna. Pero tener ciática no significa necesariamente tener una hernia discal, aunque ambas cosas se relacionen con frecuencia. Puede haber diferentes causas y, por eso, lo primero es determinar qué está provocando ese dolor. Una vez tenemos un diagnóstico, podemos plantear qué hacer. Lo importante es no alarmarse, pero tampoco dejarlo pasar indefinidamente: hay que consultar a un profesional, entender qué ocurre y participar activamente en la recuperación.

Tendemos a querer eliminar el dolor, pero también es una señal que nos aporta información<br>

También hablamos constantemente de “contracturas” cuando sentimos tensión o molestias en el cuello. Sin embargo, dice que muchas veces no estamos realmente contracturados. ¿Qué estamos sintiendo entonces?

La contractura, en sentido estricto, es una contracción muscular intensa y mantenida que encontramos sobre todo en determinadas patologías neurológicas. Lo que comúnmente llamamos contractura suele ser más bien rigidez o tensión muscular. Puedes tocarte el cuello y notar zonas tensas, algo habitual porque pasamos muchas horas frente a pantallas o manteniendo determinadas posiciones. Eso puede generar molestias, pero no significa que exista un “nudo” que alguien tenga que deshacer. Podemos aliviar esa rigidez, pero también debemos preguntarnos por qué aparece: quizá pasamos demasiadas horas en una misma posición o realizando movimientos repetitivos.

La pérdida de fuerza comienza mucho antes de llegar a la vejez. Desde el punto de vista de la longevidad, ¿qué importancia tiene trabajarla?

La fuerza es uno de los grandes indicadores relacionados con la salud y la autonomía. Pensemos en dos personas de 90 años: una conserva suficiente fuerza para levantarse fácilmente de una silla y otra no. Su independencia será muy diferente. A medida que envejecemos solemos movernos menos y, si utilizamos menos la musculatura, perdemos capacidades. Trabajar la fuerza no significa necesariamente ir al gimnasio y utilizar máquinas. Significa mantener la capacidad para realizar movimientos y esfuerzos: levantarte, agacharte, cargar objetos o subir escaleras. Cuantas más capacidades preservemos con los años, más autonomía podremos mantener.

El cuerpo envejece inevitablemente, pero podemos influir en cómo llegamos a edades avanzadas manteniéndonos activos
El cuerpo envejece inevitablemente, pero podemos influir en cómo llegamos a edades avanzadas manteniéndonos activosMagnific

¿Hasta qué punto dolores como el de espalda o el de rodilla son inevitables a medida que envejecemos?

Hay cambios asociados al envejecimiento que son normales. Con los años aparecen procesos degenerativos en articulaciones y tejidos, como la artrosis. Pero tener más artrosis no significa necesariamente tener más dolor. Podemos encontrar personas mayores con mucha artrosis y prácticamente sin dolor, y personas más jóvenes con pocos cambios estructurales y muchas molestias. De nuevo, estructura y dolor no siempre van de la mano. Lo importante es cómo envejecemos y qué capacidades conservamos. El cuerpo envejece inevitablemente, pero podemos influir en cómo llegamos a edades avanzadas manteniéndonos activos y trabajando nuestra capacidad física.

¿Qué movimientos cotidianos deberíamos intentar conservar para llegar a los 60, 70 u 80 años con una mayor autonomía?

No existe un ejercicio perfecto. Lo importante es conservar el mayor número posible de capacidades. Poder agacharte, sentarte y levantarte del suelo, empujar, levantarte apoyando una rodilla o elevar los brazos por encima de la cabeza son movimientos muy útiles. Parece sencillo, pero muchas personas de 50 o 60 años ya se sienten inseguras al sentarse en el suelo porque después les cuesta levantarse. No hace falta convertir cada movimiento en un ejercicio de gimnasio. Se trata de seguir haciendo aquello que queremos poder hacer dentro de veinte o treinta años y evitar que nuestro repertorio de movimientos se vaya reduciendo.

El cuerpo envejece inevitablemente, pero podemos influir en cómo llegamos a edades avanzadas manteniéndonos activos

¿Cuándo debería preocuparnos un dolor y qué señales indican que conviene consultar a un profesional sanitario?

Hay determinadas señales de alarma. Por ejemplo, un dolor que empeora especialmente por la noche y aparece acompañado de fiebre, una pérdida de peso inexplicable o un dolor muy intenso que no relacionamos con ningún movimiento o actividad concreta y que empeora progresivamente. En esos casos conviene consultar. También debemos acudir a un profesional cuando una lesión nos impide realizar nuestras actividades habituales. El fisioterapeuta no está únicamente para dar un masaje: debe valorar, explicar qué ocurre, acompañar el proceso de recuperación y marcar objetivos progresivos hasta recuperar la función.

¿Cree que actualmente tendemos a recurrir demasiado rápido a los analgésicos para tratar cualquier tipo de dolor?

En general, tendemos a querer eliminar el dolor inmediatamente porque lo interpretamos como algo necesariamente malo. Pero el dolor también es una señal que nos aporta información. Si jugando al fútbol noto un pinchazo en el muslo, tomo un analgésico y continúo jugando, puedo estar enmascarando una señal que me estaba diciendo que debía parar o reducir la carga. Eso no significa que haya que aguantar el dolor ni vivir sufriendo. La cuestión es entender qué está ocurriendo y no limitarse siempre a silenciar el síntoma. En determinados procesos, el dolor también nos ayuda a saber cómo estamos evolucionando.

En redes sociales proliferan masajes, agujas y todo tipo de máquinas que prometen acabar con el dolor. ¿Cómo podemos saber qué tratamientos funcionan realmente?

Las técnicas pasivas —masajes, agujas o determinadas máquinas— pueden ayudar en algunos contextos, especialmente a reducir el dolor, pero no existe una técnica que solucione todos los problemas. Si fuera tan sencillo, utilizaríamos la misma máquina o la misma técnica con todo el mundo. Lo fundamental es que la persona comprenda qué le ocurre, aprenda a manejar su situación y recupere progresivamente el movimiento. La educación terapéutica y el ejercicio son fundamentales. Además, el dolor fluctúa: que un día duela más no significa necesariamente que la lesión haya empeorado. Hay que valorar el descanso, la actividad realizada y muchos otros factores antes de concluir que estamos peor.

Anna Calpe
Anna Calpe
Bienestar

Periodista en el equipo de Audiencias de La Vanguardia. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Graduada en Periodismo y Comunicación Corporativa por la Universidad Ramon Llull.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.