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Ana Pérez, médica: “Una hipertensión mal controlada que no da síntomas puede llevarte a una insuficiencia renal en unos años”

Médica de familia y divulgadora de salud en redes sociales, Pérez recuerda que buena parte de cómo envejecemos empieza a decidirse mucho antes de llegar a la vejez, en las elecciones que repetimos cada día

Ana Pérez, médica: “Una hipertensión mal controlada que no da síntomas puede llevarte a una insuficiencia renal en unos años”
Ana Pérez Ballesta, médica de familia y divulgadora de salud en redes socialesCedida
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Actualizado hace 5 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01“Podemos vivir muchos años, pero hacerlo con una calidad de vida limitada.
  • 02Y ahí influye muchísimo lo que hacemos desde los 25, 30 o 35 años en adelante”.
  • 03Para Ana Pérez Ballesta (Murcia, 1994), médica de familia y divulgadora de salud en redes sociales, buena parte de cómo envejecemos empieza a decidirse mucho antes de llegar a la vejez, en las pequeñas elecciones que repetimos cada día.
  • 04En su último libro, Doctora, una pregunta  (Larousse), aborda algunas de las dudas que más se repiten en consulta: desde el colesterol, la hipertensión o el hígado graso hasta el sueño, el ejercicio o el uso de antibióticos. “Son conversaciones que a mí me gustaría tener siempre en la consulta, de forma habitual, con los pacientes, pero para las que no tengo tiempo”, explica en conversación con  La Vanguardia.

“Podemos vivir muchos años, pero hacerlo con una calidad de vida limitada. Y ahí influye muchísimo lo que hacemos desde los 25, 30 o 35 años en adelante”. Para Ana Pérez Ballesta (Murcia, 1994), médica de familia y divulgadora de salud en redes sociales, buena parte de cómo envejecemos empieza a decidirse mucho antes de llegar a la vejez, en las pequeñas elecciones que repetimos cada día.

En su último libro, Doctora, una pregunta (Larousse), aborda algunas de las dudas que más se repiten en consulta: desde el colesterol, la hipertensión o el hígado graso hasta el sueño, el ejercicio o el uso de antibióticos. “Son conversaciones que a mí me gustaría tener siempre en la consulta, de forma habitual, con los pacientes, pero para las que no tengo tiempo”, explica en conversación con La Vanguardia.

Cuando hablamos de longevidad, solemos fijarnos en cuántos años vivimos. ¿Estamos prestando suficiente atención a cómo llegamos a ellos?

Lo importante no es únicamente llegar a la mayor edad posible, sino cómo llegamos. Tenemos una esperanza de vida muy alta, pero también acumulamos bastantes años con enfermedad o discapacidad. Podemos vivir muchos años, pero hacerlo con una calidad de vida limitada. Y ahí influye muchísimo lo que hacemos desde los 25, 30 o 35 años en adelante. Nuestros hábitos, nuestro día a día y esas pequeñas decisiones que repetimos durante años terminan teniendo mucho más peso que una acción extraordinaria y puntual.

Hipertensión y diabetes pueden avanzar durante años sin que notemos nada. ¿Qué consecuencias puede tener esa falsa sensación de estar sano?

Muchísimas. Una hipertensión mal controlada que no te dé síntomas que puedas identificar, como un dolor de cabeza, y de la que no seas consciente porque no te estás enterando de que tienes unas cifras de tensión tan altas, puede llevarte a una insuficiencia renal en unos años. Puede afectar al riñón, al corazón o aumentar el riesgo de sufrir un ictus. Lo mismo sucede con la diabetes. Son enfermedades que muchas veces avanzan silenciosamente hasta que aparece una complicación importante. Por eso no deberíamos esperar a encontrarnos mal para empezar a preocuparnos por nuestra salud.

Enfermera midiendo la presión arterial de una paciente de edad avanzada. Hipertensión, colesterol.
Enfermera midiendo la presión arterial de una paciente de edad avanzada. Hipertensión, colesterol.ROSSANDHELEN / Europa Press

Si no podemos guiarnos únicamente por los síntomas, ¿qué podemos hacer para adelantarnos a estas enfermedades?

Además de acudir a las revisiones que correspondan y consultar con nuestro médico de familia, una de las herramientas con más evidencia es la actividad física. Movernos, evitar pasar todo el día sentados, caminar siempre que podamos y reservar parte de la semana para hacer ejercicio de cierta intensidad. El deporte ayuda a prevenir muchas de estas enfermedades y tiene efectos sobre prácticamente todo el organismo.

La resistencia a la insulina suele aparecer antes de la diabetes tipo 2. ¿Qué ocurre en el organismo y por qué es un momento clave para actuar?

La insulina ayuda a que la glucosa pueda entrar en las células. Cuando el organismo empieza a responder peor a ella, el páncreas intenta compensarlo fabricando cada vez más insulina para mantener controlada la glucosa. Durante un tiempo puede conseguirlo, pero llega un momento en que esa compensación deja de ser suficiente.

Entonces la glucosa empieza a permanecer elevada en sangre y aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Por eso esa etapa previa es importante: todavía tenemos margen para actuar mediante la actividad física, la alimentación, el descanso y otros cambios de hábitos.

Una persona puede estar aparentemente delgada y tener grasa visceral, relacionada con problemas metabólicos

Con los años, el número de la báscula puede convertirse en una obsesión. ¿Hasta qué punto importa el peso y qué deberíamos mirar más allá de esa cifra?

Nuestra composición corporal aporta mucha más información que el peso por sí solo. Dos personas pueden pesar 70 kilos y tener situaciones completamente diferentes: una puede tener mucha masa muscular y poca grasa, y otra muy poco músculo y mucha grasa visceral.

Por eso el peso o el índice de masa corporal pueden servir como orientación, pero se quedan cortos. También importa dónde se localiza la grasa. Una persona puede estar aparentemente delgada y tener grasa visceral. La grasa visceral, la que se acumula alrededor de los órganos, está especialmente relacionada con problemas metabólicos. Y, al mismo tiempo, necesitamos mantener una cantidad adecuada de músculo.

Una mujer haciendo ejercicio con una cuerda en una máquina de poleas
Una mujer haciendo ejercicio con una cuerda en una máquina de poleasiStock

Hablamos a menudo de colesterol bueno y malo. ¿Hasta qué punto esta distinción simplifica una cuestión más compleja?

Es una simplificación que utilizamos incluso en consulta porque ayuda a explicarlo, pero la realidad es bastante más compleja. Durante años hemos transmitido la idea de que el LDL es simplemente el colesterol malo y el HDL el bueno, cuando el riesgo cardiovascular depende de muchos más factores.

Las cifras de colesterol son importantes, pero también importan otras partículas que intervienen en su transporte y, sobre todo, el riesgo cardiovascular global de cada persona. Hay componentes que podemos modificar mediante nuestros hábitos y otros que están muy condicionados por la genética.

En el supermercado encontramos yogures y bebidas que prometen ayudar a reducir el colesterol. ¿Hasta qué punto pueden marcar una diferencia real?

Pueden producir un efecto pequeño en algunos casos, pero nunca deberían desplazar las medidas que realmente tienen un impacto importante. Si una persona consume uno de estos productos pero continúa siendo sedentaria y mantiene unos hábitos poco saludables, el cambio será mínimo. En cambio, incorporar ejercicio regularmente o caminar después de las comidas puede tener mucho más impacto. Yo no suelo plantearlos como una herramienta prioritaria.

He visto personas que han empezado a hacer ejercicio después de jubilarse y han transformado por completo su salud y su capacidad física

Hablamos mucho de alimentación y ejercicio, pero menos del estrés y del sueño. ¿Estamos infravalorando su impacto sobre nuestra salud a largo plazo?

El estrés es un mecanismo útil cuando aparece de manera puntual. El problema es permanecer constantemente en estado de alerta. Nuestro organismo prioriza entonces unas funciones frente a otras y puede verse afectado el descanso, la digestión o determinados procesos de reparación.

Con el sueño sucede algo parecido. Si tuviera que recomendar algo muy sencillo sería dejar el móvil fuera de la cama. No solo por la luz de la pantalla, sino por la estimulación constante del contenido que consumimos. Leer un libro en papel o crear un pequeño ritual antes de dormir puede ayudar al cerebro a entender que ha llegado el momento de descansar.

Insiste en que muchos hábitos que condicionan la vejez empiezan a construirse a los 30. ¿Qué le diría a quien tiene 50, 60 o 70 años y piensa que ya llega tarde?

En absoluto. He visto personas que han empezado a hacer ejercicio después de jubilarse y han transformado por completo su salud y su capacidad física. Nunca es tarde para empezar. Evidentemente, cuanto antes incorporemos buenos hábitos, más años podremos beneficiarnos de ellos, pero podemos obtener beneficios prácticamente a cualquier edad.

Anna Calpe
Anna Calpe
Bienestar

Periodista en el equipo de Audiencias de La Vanguardia. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Graduada en Periodismo y Comunicación Corporativa por la Universidad Ramon Llull.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.