MenorcaEnclavada en la isla de Menorca, Ca l’Ocell es una casa que no quiere perderse ninguna bella vista: las aguas calmas de cala Rata, el paraje natural protegido de las montañas de Sant Antoni, el puerto de Maó. Así que la arquitectura se abre hacia cada uno de los tres alicientes paisajísticos para incorporarlos en su interior y que sus habitantes los disfruten.
Proyectada por Cierto Estudio -despacho fundado en Barcelona por seis jóvenes arquitectas: Marta Benedicto, Ivet Gasol, Carlota de Gispert, Anna Llonch, Lucia Millet y Clara Vidal, y ahora también con oficina en París- es una casa con vocación de mirador para disfrutar en 360º de este retazo de Mediterráneo privilegiado. Las arquitectas han interpretado la tradición constructiva de las islas Baleares de ensamblar volúmenes, en clave contemporánea. Y, en este caso, han definido las distintas unidades con una geometría facetada que pone en juego ángulos múltiplos de 30º. Mientras el de 60º sugiere recogimiento, el de 120º entraña apertura y fluidez. Cada volumen contiene una estancia y ambiente distintos, de modo que combinan la singularidad con una analogía geométrica de todos.
La casa ha sido construida para habitarse todo el año. No obstante, es en verano cuando acude la familia extensa, por lo que Cierto Estudio la diseñó teniendo en cuenta las diferentes temporalidades e intensidad de uso de los espacios. Los futuros propietarios pidieron a las arquitectas dar protagonismo a la cocina como estancia participativa y social, y a las reuniones en torno a la mesa, además de ese contacto permanente con el exterior.
Un volumen revestido con cerámica esmaltada verde, ubicado en posición central, atrae indefectiblemente la mirada y los pasos. “Está en el corazón de la casa -señalan en Cierto Estudio- clavado como una estaca que imanta la escalera y centrifuga el espacio a su alrededor. Esta energía dinámica atrae las actividades más sociales que suceden en el comedor-cocina y en el salón”. La zona de comedor se arrima a ese corazón verde. Como contrapunto, el sobre de la mesa se expande en círculo, y junto a isla de la cocina, ambas piezas se han realizado con madera de cedro y emanan calidez.
“El comedor-cocina -relatan– es el estómago de Ca l’Ocell: donde guisar, parlotear, escanciar, congregar… El salón, en cambio, se distancia de esta algarabía y busca recogimiento alrededor del fuego y una ventana que avista el puerto a lo lejos”.
La zona de estar, tras descender tres peldaños, abunda en la quietud a través de un gran ventanal. El pavimento lo han diseñado especialmente para la casa, en colaboración con Huguet Mallorca: una baldosa de terrazo hidráulico romboidal, de tono arena jaspeado. Colocada con junta blanca pulida que dibuja una cuadrícula, a la vez ofrece una pisada de pavimento continuo muy fresco en verano. Un minucioso diseño que encaja como un guante en la planta angulada.
En esta casa, los pasos siempre reconducen al núcleo central. Su color verde alude a la vegetación autóctona, al acebuche, el olivo silvestre de Menorca. La cerámica acanalada configura un envoltorio vibrante, combinado con puertas y estantes de tablero marino tintado en el mismo tono. Alberga zonas de almacenaje y un baño con intenso cromatismo interior en rojo teja, que procura profundidad y sorpresa.
Los dormitorios quedan situado a modo de extremidades de este cuerpo central para ganar cierta independencia. A ellos se adosan los cuartos de baño, y sus dintintos acabados tonales generan efectos de luz refractada que penetra por las celosías de la fachada.
La planta de la casa, con los retranqueos derivados del juego de volúmenes, ofrece en el exterior espacios recogidos y acotados. Cierto Estudio se vale de diversos recursos: muros de mampostería de piedra, celosías de madera, textiles enrollables y vegetación plantada para tal fin. En el exterior, la sala y el comedor disponen de ámbitos parejos que los relacionan con el entorno paisajístico. También la piscina la han concebido como una estancia más para capturar la calma del lugar, y su interior verdoso se mimetiza con el agua de la cala.
Los nombres también hacen a las personas y a los lugares. A los abuelos de los propietarios, con apellidos de nombre de pájaro, siempre se les conoció como los de Ca l’Ocell en el pueblo. “Al hacerse su propia casa, los clientes quisieron recuperar ese apelativo en un ejercicio poético de nostalgia”, señalan en Cierto Estudio.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.