Melinda Gates tras el terremoto Epstein: agenda propia y cómplice con sus hijas, Jennifer y Phoebe
Los Gates eran un matrimonio modélico hasta que el vínculo de Bill con Jeffrey Epstein provocó el divorcio; Melinda abandonó la fundación y se dedica a la filantropía y las inversiones
Los Gates con sus hijos. Bill declaró que cada uno heredará el 1% de su fortuna, que supera los cien mil millones de dólaresAlbum
01Para Melinda French Gates lo más importante es la familia: sus ritos, sus afectos y esos lazos, supuestamente indestructibles, que ella vivió de niña y que quiso repetir cuando creó la suya.
02Este amor por el hogar queda muy claro en sus memorias, The next day; su respuesta a la noticia bomba que supuso su divorcio de Bill Gates, tras 27 años de lo que parecía un matrimonio modélico.
03Melinda no pudo tolerar el vínculo de su marido con Jeffrey Epstein.
04Y, aunque en su libro no menta al pederasta, su fantasma pulula por las páginas sobre el divorcio, cuando escribe que su esposo: “Había reconocido públicamente que no siempre me fue fiel”.
Para Melinda French Gates lo más importante es la familia: sus ritos, sus afectos y esos lazos, supuestamente indestructibles, que ella vivió de niña y que quiso repetir cuando creó la suya. Este amor por el hogar queda muy claro en sus memorias, The next day; su respuesta a la noticia bomba que supuso su divorcio de Bill Gates, tras 27 años de lo que parecía un matrimonio modélico.
Melinda no pudo tolerar el vínculo de su marido con Jeffrey Epstein. Y, aunque en su libro no menta al pederasta, su fantasma pulula por las páginas sobre el divorcio, cuando escribe que su esposo: “Había reconocido públicamente que no siempre me fue fiel”. Las cosas, añade, alcanzaron un punto álgido cuando el New York Times publicó “un artículo perturbador”, que planteaba “cuestiones muy serias respecto a la conducta de Bill”.
Melinda, rostro de la Fundación Gates, en India, en el 2004Deshakalyan Chowdhury/ AFP / Getty Images
Contenido para suscriptores
Sigue leyendo con toda la información
Accede al artículo completo, al análisis de nuestros especialistas y a todo el contenido premium de La Vanguardia.
Artículos premium sin límite y sin publicidad intrusiva
Newsletters exclusivas y la edición impresa en PDF
↓ Vista de revisión · contenido bajo el muro (oculto en producción)
El Times explicaba que Gates se había reunido con Epstein en varias ocasiones y que había estado en su mansión neoyorquina hasta altas horas de la madrugada en compañía de una ex miss Suecia y su hija de quince años. Cuestiones que, como escribe Melinda, sugerían que su esposo: “No solamente había traicionado mis principios, sino también, mis valores”. Aquel artículo, publicado poco después de la muerte de Epstein, fue el detonante del milmillonario divorcio, formalizado en 2021.
A Melinda Ann French (Dallas, 1964) los valores se los inculcaron sus padres, Raymond y Elaine French, “católicos devotos”, como describe, que la criaron a ella y a sus tres hermanos con respeto y afecto. Graduado en Stanford, Raymond era ingeniero aeronáutico en el proyecto Apolo y fue quien animó Melinda a estudiar programación. Su madre, Elaine, era un ama de casa que le decía que podía ser lo que quisiera: “Uno de sus mantras”, escribe Melinda, “era que yo tuviera mi propia agenda. Si no, otro lo haría por mí”.
Melinda está “feliz de estar lejos de toda la porquería” de Epstein
Melinda, obediente, estableció sus prioridades. En bachillerato, se propuso ser la número uno de su clase y lo consiguió. Quiso estudiar Ciencias de la Computación en la prestigiosa universidad de Duke y también lo consiguió. Aunque, en los inicios, la vida en Duke no fue fácil: no estaba acostumbrada a convivir con esos “chicos insolentes y arrogantes” que vociferaban las respuestas en clase sin antes levantar la mano. Durante aquel periodo, se preguntó si alguna vez sería capaz de hacerse oír… No sabía que se convertiría en una de las mujeres más poderosas del planeta: en el rostro más visible de la Fundación Bill & Melinda Gates, la organización filantrópica privada más importante del mundo.
La fundación se creó en el 2000, cuando los Gates ya llevaban más de una década juntos. Se conocieron en Seattle, cuando Melinda empezó a trabajar en una prometedora compañía de software llamada Microsoft. Bill Gates era su jefe. A él, que abandonó sus estudios para montar la empresa, una de las cosas que le impresionó de Melinda fue su formación. Ella contó que, la primera vez que lo conoció, le resultó “más divertido de lo que parecía”.
Melinda, Phoebe y Jennifer Gates asistiendo al evento de lanzamiento de la nueva colección de modaBre Johnson/ BFA.COM/ Shutterstock
Se casaron en Hawaï en 1994 y dos años después, nació Jennifer, la primera hija. En sus memorias, Melinda dedica varias páginas a describir ese día: el bebé se hizo esperar, Bill volvió a la oficina hasta nuevo aviso y ella se pasó horas en el hospital, leyendo a Edith Wharton. Finalmente, tras un parto largo y doloroso (“por razones que me parecían obvias y que ahora son difíciles de explicar, estaba determinada a no tomar calmantes”), nació Jennifer Katharine Gates. Melinda, que siempre supo que quería ser madre, estaba embelesada: “Me había enamorado”, escribe.
Tras Jennifer nacieron Rory (1999) y Phoebe (2002). En esos años, Bill Gates ya era uno de los hombres más ricos del mundo y la fundación estaba en marcha. Pero para Melinda, la prioridad era la familia: dejó Microsoft porque quería que sus hijos tuvieran, como mínimo, un progenitor presente. Así, ella se encargaba de organizar una vida familiar que le satisfacía mucho. Sin embargo, a medida que la fundación crecía, confiesa que llegó a sentir “una ansiedad intensa” para conciliar ambas tareas. Muy perfeccionista, descubrir el concepto de “la madre lo suficientemente buena” del psiquiatra Donald Winnicott le fue de inestimable ayuda.
Jennifer y su marido, Nayel NassarEuropa Press Entertaiment/ Getty Images
¿Cómo educan a los hijos una de las parejas más ricas de la tierra? En una entrevista en el New York Times, Melinda explicó que se juró a sí misma que nunca criaría fanfarrones, como esos chicos de Duke. Aunque resulta difícil de creer, asegura que sus hijos crecieron en un ambiente muy parecido al que ella tuvo de niña: “El de una familia de clase media, donde el dinero dictaba si ese año iban a tener un par extra de zapatos”. Por su parte, Bill ha reiterado que sus hijos heredarían, cada uno, el 1% de su fortuna, que supera los cien mil millones de dólares.
Melinda no oculta el orgullo que le produce que sus hijos ya sean personas independientes. Rori, el más discreto, ejerce como analista en el Congreso. Jennifer es bióloga y pediatra y trabaja en el hospital Mount Sinai, de Nueva York. Casada con el jinete egipcio Nayel Nassar, a quien conoció cuando era amazona profesional, tienen dos niñas. La boda —una ceremonia musulmana y otra civil—, se celebró en el rancho que sus padres le regalaron tras graduarse en Stanford. La novia vistió de Vera Wang y Coldplay cantó para los invitados. Melinda, recién divorciada de Bill, participó activamente en la organización del evento.
Jennifer califica a su madre como “mi heroína”, su hermana Phoebe la describe como “mi roca”
Mientras Jennifer califica a su madre como “mi heroína”, su hermana Phoebe la describe como “mi roca”. La pequeña de los Gates es la más extrovertida de la familia, además de una fashion victim. Como su hermana, se graduó en Stanford y vive en Nueva York. Acaba de lanzar Phia: un buscador para encontrar ropa de marca de segunda mano al mejor precio. El New York Times la describe como: “Extremadamente competitiva, como la mayoría de su familia”, añadiendo que “como su padre, tiene TDAH”. Antes de montar su start-up, su madre le aconsejó encontrar el capital por su cuenta, cosa que hizo.
Phoebe también aconseja a su madre. Cuando esta abandonó la Fundación Gates y decidió ejercer la filantropía en solitario, le instó a luchar por el derecho al aborto, en serio retroceso en EE.UU. Al abrazar esta causa, Melinda French Gates ha empezado a expresar abiertamente sus opiniones políticas. Pero, como dijo al New York Times, cumplidos los 60 años, sus inseguridades son cosa del pasado. Hoy tiene su agenda propia, lejos de la figura de su exmarido, cada vez más ensuciada por su relación con Epstein; las últimas informaciones —negadas por Bill Gates—, dicen que contrajo una enfermedad de transmisión sexual y que habría pedido ayuda al pederasta para tratar en secreto a su esposa con antibióticos.
Phoebe Gates asiste a la celebración de Tiffany & Co. del lanzamiento de Blue Book 2025: Sea of Wonder en Nueva YorkJamie McCarthy/ Getty Images
Preguntada al respecto en la radio pública de EE.UU., Melinda fue clara: puso fin a su matrimonio por la conexión de su marido con Epstein, al que definió como “la personificación del mal”. Y hablar del caso aún la remueve, pero lo principal, dijo: “Es que ninguna niña debería vivir las situaciones que les hicieron pasar Epstein y su entorno. Es desgarrador”. Si alguien tiene que responder por ello, añadió: “Son esas personas. Incluso, mi exmarido”. Ella ha pasado página, aliviada por “estar lejos de toda esa porquería”.
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.