Richard Avedon está considerado uno de los mejores fotógrafos del siglo pasado, además del retratista más influyente de Estados Unidos. Allí nació, en 1923, y allí se despertó una vocación, que se consolidó cuando, poco antes de cumplir los veinte años, su padre le regaló su primera cámara, una Rolleiflex.
Ya en ese entonces le gustaban los retratos: uno de sus primeros modelos fue el pianista Sergei Rachmaninoff, vecino de sus abuelos en Nueva York. Un buen augurio en una carrera que despegó en publicaciones como Harper’s Bazaar, se consolidó en Vogue y tuvo como colofón el ser el primer fotógrafo en plantilla en la historia de The New Yorker.
Fue el primer fotógrafo en plantilla en la historia de 'The New Yorker'
En su vida profesional, Avedon fue el fotógrafo de moda más exquisito y el retratista más contundente. Su querencia por el blanco y negro no impedía que sus imágenes fueran sofisticadas y muy genuinas. El sello Avedon es muy patente en sus retratos, normalmente con un prístino fondo blanco, donde la prioridad era reflejar la psicología de quien posaba. No en vano dijeron que atrapaba el alma de sus modelos, concentrándose en sus miradas, posturas y atuendos.
Así lo hizo con algunas de las celebridades de la historia: como Marilyn Monroe, Robert Oppenheimer, los Beatles, Elizabeth Taylor, Truman Capote y Bob Dylan. Todos se sometieron a maratonianos posados que asemejaban más sesiones de psicoanálisis que de fotografía.
Avedon revolucionó la fotografía de moda y el retrato de personalidades, pero aplicó su arte a otros sectores, más desfavorecidos, de la sociedad. Comprometido con los derechos civiles y otros movimientos sociales, en su serie In the American West retrató a granjeros, amas de casa, cowboys y prostitutas. Un trabajo que ya es parte de la historia de la fotografía.
Pero había otro tema que a Avedon le interesaba. Le obsesionaba, incluso: el paso del tiempo. Plasmar lo que llamaba “la avalancha de la edad”, desparramándose sobre el rostro y el cuerpo humano. Ya desde sus inicios en Harper’s Bazaar ignoró las instrucciones de retocar y suavizar la piel de las modelos. La vejez no era un tabú para él, sino algo que necesitaba entender. Por ello, no dudó en mirarla de frente, retratándola de forma consistente durante toda su carrera.
Esta búsqueda se refleja en un nuevo libro de la editorial Phaidon: Richard Avedon Immortal: Portraits of Aging, 1951–2004, cuyas imágenes ilustran este reportaje. En el libro se recopilan más de un centenar de retratos que condensan la mirada de Avedon ante la experiencia, universal, de envejecer. Unas imágenes donde no maquilla ni esconde el paso del tiempo.
Los duques de Windsor, Gloria Swanson, Truman Capote, Duke Ellington y Samuel Beckett son algunas de las personalidades que aparecen en este libro, pero no todo son celebridades. También hay espacio para personas anónimas y, en especial, para el padre del fotógrafo: Jacob Israel Avedon, al que retrató durante los seis años hasta su muerte. Esta serie de imágenes forma el corazón del libro y testimonia la dignidad y la crueldad de la vejez. En su día, se exhibieron en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, entre la admiración y las críticas, por plasmar el declive de una persona. Pero, para Avedon, aquellas sesiones con su padre fueron una manera de recomponer la relación entre ambos.
Como explica en Inmortal el periodista Adam Gopnik, gran amigo de Avedon, estas fotografías son la otra cara de alguien que retrató la belleza y la juventud y que “odiaba” —remarca Gopnik— la vejez. Pero, a la vez: “Amaba las contradicciones; eran el motor de su arte”, escribe. Estos retratos sobre los estragos del tiempo, ásperos y descarnados pero, a la vez, dignos y hermosos, son la mejor prueba.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.