Con su elegante fachada neoclásica y un gran jardín de impoluto césped, con cedros centenarios, el palacio de Liria es un oasis en el centro de Madrid. Aquí nació en 1926 María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, decimoctava duquesa de Alba y jefa durante más de medio siglo de una de las casas más importantes de la nobleza europea. Cayetana fue una de las mujeres más famosas del mundo, y prueba de ello es el libro que la editorial Assouline ha publicado con motivo del centenario de su nacimiento. En Cayetana, the duchess of Alba, con textos de la comisaria de arte Cristina Carrillo de Albornoz (además de un prefacio de la hija de la duquesa, Eugenia Martínez de Irujo, y dos pequeños textos del duque de Alba y del conde de Siruela), se muestra la vida intensa y glamurosa de una mujer que, como observa Eugenia, “vivió como quiso, pero tuvo un enorme sentido de la responsabilidad”. Como ejemplo destacado de ello, la conservación de un patrimonio colosal que incluye el palacio madrileño, donde el libro se presentó el pasado martes.
El acto tuvo lugar en el salón de música de Liria, decorado con cortinajes, molduras doradas, frescos en el techo, arañas de cristal veneciano y grandes retratos de algunos antepasados de los Fitz-James Stuart. Impresionan, pero si se tiene en cuenta que en otras estancias de la casa cuelgan pinturas de Goya, Velázquez, Murillo, Rubens y Tiziano, el asombro es tolerable. El palacio, que se abrió al público en el 2019, contiene una de las colecciones privadas de arte más importantes de Europa.
“Cayetana me intrigaba hacía tiempo: recuerdo escuchar que era la persona con más títulos del mundo, más incluso que la reina de Inglaterra. Me parecía que cargar con todo eso era mucho, pero descubrí que encontró una manera de ser ella misma, lo que no es fácil”, reflexiona Martine Assouline, editora del libro junto a su esposo, Prosper. El proyecto, explica, fue una iniciativa de Cristina Carrillo de Albornoz, autora de diez libros de la editorial y que ha comisariado con Eugenia Martínez de Irujo una exposición homenaje a la duquesa, que puede verse en otro palacio de la Fundación Alba: las Dueñas, en Sevilla. La idea acabó de fraguarse con Eugenia: “Que tiene mucho de su madre: nos conocimos y conectamos al segundo, lo que es fundamental para hacer un libro así”, recuerda Martine.
Me parecía que cargar con tantos títulos era mucho, pero encontró una manera de ser ella misma”
El siguiente paso fue seleccionar el material, en su mayoría inédito, procurado por la familia: “Cuando vi todas esas fotografías, empecé a entrar poquito a poquito en la vida de Cayetana. Dependía de mí darle forma, pero la sentí y lo hice”, recuerda Martine. Todo un reto, superado con creces: el libro es un recorrido fluido y atractivo por una existencia excepcional. “Lo más importante de mujeres como Cayetana de Alba es que tenían estilo; no se trataba de una cuestión de dinero, sino de su carisma”, apunta Prosper Assouline.
La entrevista discurre en una salita de la planta baja del palacio, donde grabados de Durero conviven con fotografías de miembros de los Alba el día de su comunión. Un ventanal aboca al versallesco jardín trasero, rediseñado por Forestier en 1916, por el que un gato se desliza entre los cuidados parterres. A los Assouline les acompaña Jaime de Marichalar, que no será el único aristócrata en la presentación: cuando esta cronista plebeya se sienta en el salón de música, la nobleza empieza a hacer su aparición. Al principio, es un goteo discreto: una marquesa, un marqués, un vizconde, la hija de una infanta…
El goteo se convierte en una pequeña avalancha cuando llegan los duques: el duque de Feria, los duques de Huéscar —Fernando Fitz-James-Stuart y Solís-Beaumont y Sofía Palazuelo Barroso; tan guapos, que podrían ser una pareja de Hollywood— y, por supuesto, el duque de Alba: Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, y su hermana, la duquesa de Montoro. Al iniciarse el acto, lo primero que hace esta es agradecerle elegirla para este homenaje a su madre.
“Ella era tan cosmopolita que teníamos que hacer un libro con una editorial internacional como Assouline”, afirma Cristina Carrillo de Albornoz. En una pantalla, tras la cual se entrevé un piano de cola, se proyectan algunas de las imágenes del libro. La primera es la portada, donde Cayetana, retratada por Juan Gyenes: “Está regia, con su mantilla”, dice su hija Eugenia. Se suceden dos espléndidos dibujos de John Singer Sargent de los padres de la duquesa: Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó y María del Rosario de Silva y Gurtubay, que falleció cuando Cayetana tenía siete años.
La velada se hizo más íntima cuando los hijos de la duquesa empezaron a comentar las fotos familiares que se proyectaban
Un retrato de Zuloaga del decimoséptimo duque en “una silla frailera castellana” —como describe Pablo Melendo, moderador del acto— da paso a una imagen de la imponente carroza que llevó a Cayetana a su bautizo en el palacio Real. Y es entonces cuando la velada da un curioso giro: alguien reconoce a uno de los mayordomos de la fotografía (“Este es Vicente, ¡no me lo puedo creer!”, exclama la duquesa de Montoro), y la sesión se convierte en un acto más íntimo, donde los tres descendientes presentes de Cayetana de Alba (estaba también Fernando Martínez de Irujo, marqués de San Vicente del Barco) comentan las fotografías familiares. Destaca la buena memoria del actual duque, que, entre otros, recuerda los nombres de los caballos (“Lucero y Madroño”) que tiran de la calesa en una de las fotos y del adorado poni de su madre (“el pobre Tommy”), al que mataron cuando Liria fue destruido durante la Guerra Civil.
Se proyecta una imagen de Sol Fitz-James Stuart y Falcó, tía de la duquesa. “Una institución en Sevilla”, como comenta el duque afectuosamente, que despertó a su sobrina el amor por esta ciudad. Allí Cayetana recibió a Jackie Kennedy, retratada a caballo en la Feria de Sevilla (“Con Fernando y Carlos detrás, ¡escoltando a Jacqueline!”, exclama Eugenia Martínez de Irujo). La duquesa añade que “a mamá no le gustaba nada Onassis”. “Sé cosas, pero no sé todo”, responde, diplomáticamente, su hermano mayor.
Lola Flores, Rudolf Nuréyev, Winston Churchill, Maria Callas y la emperatriz de Japón. Cartas de la reina de Inglaterra. Cayetana el día de su boda con Luis Martinez de Irujo. El palacio de Liria devastado (“Ardió durante quince días, quedaron cuatro paredes”). Como recuerda Cristina Carrillo de Albornoz: “Su reconstrucción se convirtió en el gran proyecto del duque Jacobo, junto con Cayetana y Luis”. Sin olvidar los consejos mecanografiados del padre a la hija: “Te toca moverte en un medio social difícil y frívolo, por eso necesitas mayor resistencia y más fuerte preparación”, leídos en voz alta por el decimonoveno duque de Alba.
La foto favorita de Eugenia Martínez de Irujo es la de su madre bailando flamenco, de Richard Avedon. “Siempre pionera, también fue modelo de fotógrafos en un momento en que la fotografía aún no estaba plenamente reconocida como disciplina artística”, señala Cristina Carrillo de Albornoz.
La formalidad retorna cuando acaba el pase de fotografías y el anfitrión agradece, en un breve discurso, el regalo que supone este libro “que nos devuelve un precioso recuerdo de nuestra madre”. En especial, expresa su admiración hacia su hermana Eugenia, quien, emocionada, se levanta y le da un beso en la mejilla. La presentación se cierra con una copa de champán bajo la mirada de los antepasados de los Fitz-James Stuart; privilegios de la aristocracia.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.