“Chanel sabía que su leyenda tendría vida propia”, escribe Inmaculada Urrea, historiadora de Coco Chanel (1883–1971), que acaba de publicar una enciclopedia con 494 entradas sobre la diseñadora francesa. “Mientras vivió, nadie se atrevió a publicar su biografía. Después, su leyenda la convirtió en mito”, añade Urrea, que asegura haber leído todas las biografías existentes sobre su figura. Introducida en la historia de Gabrielle Chanel por su madre, también modista, Urrea empezó a interesarse por “la mujer que marcó la moda cuyo nombre todavía perduraba”.
Ya en la veintena, aprendió francés para poder investigar más y realizó prácticas en el Palais Galliera de París para seguir desentrañando su historia. Después, Urrea escribió su propia biografía de la costurera, Coco Chanel. La revolución de un estilo (1998), y se especializó en la relación de la modista con los artistas de vanguardia.
El interés académico por la figura de Chanel nunca le abandonó a Urrea, y en el 2016 completó un doctorado con una tesis sobre la habilidad de sus maniobras publicitarias. Sin embargo, otro libro no entraba en sus planes, ya que se perdió en la búsqueda de información sobre la diseñadora. Cuando sintió que el diccionario estaba listo, resultaba imposible encajarlo en un formato de bolsillo. “Si lo tuviera que publicar serían unas 2.000 páginas”, asegura Urrea, que sigue actualizando a Coco Chanel. Diccionario inusual de un icono cultural (2026), disponible en su página web. “Al final es que estoy enferma, soy una friki de Coco Chanel”, confiesa.
Que el proyecto adquiriera una forma desmesurada se debe a la sensación de Urrea de que parte de la historia de Coco Chanel aún estaba por contar. Biografías del historiador Isée St. John Knowles y de Henri Ponchon —con quien Urrea se reúne a menudo en París en encuentros de lo que denomina “el Club Chanel”— han revelado recientemente nuevas verdades sobre Gabrielle en torno a su adolescencia, el periodo de la Segunda Guerra Mundial y algunas técnicas del oficio, lo que la ha impulsado a continuar. Todo ello alimenta la idea de que el mito de la modista, construido tanto por Chanel misma como por otros, está lejos de haberse fijado. Una de las mayores fábulas se sitúa al comienzo de la historia.
El mito de Chanel, que sobrevivió a la muerte de su madre en 1895, empieza a los 12 años a quinientos kilómetros de París, en Aubazine. En la versión narrada por su primera biógrafa, Edmonde Charles-Roux, exredactora jefa de Vogue France, fue en Aubazine donde Chanel y sus hermanas aprendieron a coser de la mano de las monjas, antes de que la joven Gabrielle perfeccionara su técnica tras abandonar la abadía a los 18 años. Esta historia sobre los cimientos del mito ha sido reivindicada como legado, y en el 2020 se organizó un desfile que narraba la historia fundacional de la diseñadora, y el año pasado se impulsó la restauración de la abadía. Sin embargo, este escenario de bildungsroman ha sido cuestionado.
En el 2014, el genealogista Henri Ponchon, que creció en Augerolles —el mismo pueblo donde nació la madre de lamodista—, daba una conferencia sobre Coco Chanel cuando Suzanne Gouttequillet, prima segunda de Gabrielle, se levantó y rechazó la historia: “Usted no sabe lo que está contando. Mi prima nunca estuvo en Aubazine”, declaró.
Chanel afirmó haber colaborado con los nazis “por amor a su sobrino”. La realidad fue menos romántica.
Inmaculada Urrea contactó con Ponchon tras leer su libro L’enfance de Chanel. Enquête & découvertes (2016). En él, Ponchon describe cómo entrevistó a Gouttequillet antes de confirmar el hallazgo con el censo de Thiers de 1895, donde constaba que Gabrielle Chanel trabajó como niñera y sirvienta en casa de una prima que la acogió. Al hablar con Ponchon, la historiadora se preguntó cómo este detalle podía haber pasado desapercibido para la marca de lujo. Ponchon respondió: “La casa Chanel sabe perfectamente que Coco no estuvo en Aubazine; lo sabían incluso antes que yo. Pero me contestaron que no se borran cincuenta años de historia de un día para otro”.
Aunque su paso por Aubazine es el mayor equívoco expuesto en el diccionario, el proyecto abarca varias entradas en las que algunos relatos de la modista no siempre se ajustan a la realidad de su vida. Según Urrea, uno de los temas que no se abordan lo suficiente es la falta de habilidad técnica de la diseñadora respecto a la costura. La historiadora cita que Chanel llegó a afirmar: “Empecé mi carrera sin saber ni siquiera coser un botón”. La académica precisa después que, “como cualquier joven de su generación, sabía enhebrar una aguja y coser, pero coser bien, con técnica y oficio, no”.
En este asunto, Urrea invoca al rival de Coco, Christian Dior, quien dijo que Chanel “presumía de no saber coger una aguja”, y al periodista Jean Cau, que señalaba cómo ”mademoiselle Chanel nunca dibujó ni confeccionó personalmente sus vestidos”. El papel de Coco Chanel en esta fase de la creación puede entenderse mejor a través de su propia declaración: “Yo no sé coser, sé poner alfileres”. Aunque sea algo con precedentes entre las modistas de la historia—Schiaparelli también confesaba no saber coser en su autobiografía—, Urrea señala que este es uno de los capítulos de la leyenda que se construyeron más allá de la realidad.
Otros aspectos que revisa el diccionario es la actividad de Coco Chanel durante la Segunda Guerra Mundial, el “punto negro que le costó el retorno a Francia”, según Urrea. Aunque es sabido que Chanel colaboró con los nazis durante la guerra, Urrea destaca que la entrevista que concedió al periodista inglés Malcolm Muggeridge, que trabajó para el MI6 y quiso investigarla en 1944, es una parte poco atendida de la historia. Según Urrea, un detalle pasado por alto de ese encuentro fue que Chanel afirmó haber colaborado con los nazis “por amor a André [Palasse, su sobrino]”.
A través de sus conversaciones con el experto Isée St. John Knowles, Urrea concluye que “la realidad fue menos romántica”. Los intereses de Chanel estaban, ante todo, en impulsar su negocio, y el acuerdo para liberar a su sobrino tuvo más que ver con maniobras destinadas a salvaguardar la posición del departamento de perfumes, que experimentaba un gran éxito con su Nº5.
Este y otros detalles revelados a lo largo del diccionario responden al efecto de una leyenda que Urrea resume en pocas palabras: “Chanel era muy consciente del poder—y del peligro—de su mito”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.