En la relojería de alta gama se confirma una deriva irreversible. Se ha dejado de hablar únicamente de mecanismos para articular una gramática cultural del tiempo que tira de la memoria, archivo y, en muchos casos de la ilusión entendida como sistema estético. Las manufacturas más jóvenes, pero sobre todo las más veteranas confirmaban esta tendencia en la reciente feria Watches and Wonders en que Van Cleef & Arpels apuntó alto con su Ludo de zafiros (en maravilloso celeste). Es uno de sus más espléndidos relojes secretos dando una nueva oportunidad estética a la pieza creada en 1934 en sintonía con el mundo de la alta costura y al gusto característico de la Maison por las creaciones de trompe-l’oeil.
Adoptando una postura distinta, más cercana a la ética del oficio que al juego del símbolo Vacheron Constantin da una muestra de sumaestría con los impecables Historiques American 1921 y Les Cabinotiers Repetición de Minutos Tourbillon Esqueleto al tiempo que Zenith, en un gesto no de estilización retro, sino de restitución histórica, lanza el GFJ en homenaje al calibre 135 . Y en este año interesante como nunca Rolex toma la palabra para volver a romper moldes. Con su peculiar alquimia de estabilidad y desviación controlada celebra el centenario del Oyster con una esfera Jubilee de más de diez colores de espíritu setentero que ofrece la versión más expresiva hasta la fecha d el Oyster Perpetual. Cartier también opera desde la autoridad del archivo con sus nuevos Privé y su Tortue como geometría histórica estabilizada en el presente; el Crash como anomalía institucionalizada y el nuevo Panthère como demostración de altísima joyería.
La elegancia como lenguaje es también la fórmula de expresión de Chanel, firma que desde que incursionó en la relojería en 1987 con el Première, entendió que su fortaleza estaba en aportar la clase y el estilo estético que ya la distinguía en el mundo del lujo. Y lo demuestra en su icónico J12 de líneas elevadas pero deportivas y sobre todo en Coco Game y Noed Camelia, que juegan con los códigos más puros de la casa francesa.
Jaeger LeCoultre, por su parte, desplaza el foco hacia una concepción casi metafísica del tiempo con una nueva declinación del Atmos en que el reloj deviene un fenómeno que no se alimenta del gesto humano sino de la atmósfera. Y si la todavía joven manufactura Frederique Constant (Aletta y Peter Stas pusieron las bases en 1988) da un paso adelante con la reinterpretación del Classic Worldtimer Manufacture y con nuevas versiones del femenino Classics Manchette (en esfera mineral que acelera su espíritu libre y glam), Audemars Piguet celebra su pasado y la alta artesanía sin complejos con la puesta en marcha de su El Atelier des Établisseurs.
Tag Heuer también recurre a los archivos para enamorar con dos nuevos modelos de su icónica colección Monaco; Hublot presenta una nueva era del Big Bang Unico Reloaded y Bvlgari cautiva con el Octo Finissimo de 37 mm con movimiento ultrafino de manufactura . Lo dicho. El tiempo se está poniendo muy interesante.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.