Louis Vuitton ha presentado este jueves su colección Cruise 27 en las galerías de los viejos maestros de la pintura de la Frick Collection. La mansión, emblema de la Edad Dorada, fue concebida a finales del XIX por Henry Clay Frick, coleccionista feroz y villano plausible de las novelas de Edith Wharton. El magnate reunió pinturas, porcelanas y terciopelos de María Antonieta con la convicción de que la belleza debía de exaltarse como una muestra de poder verdadero. Hoy el efecto es curiosamente intimista. Podríamos decir que la Frick compone un tratado de la vida elegante, con un despliegue de objetos bellos y un esplendor artístico dispuesto con precisión doméstica.
El hilo visible que une el Uptown con el Dowtown y la cultura pop han inspirado el desfile que ha rendido homenaje a un artista indómito: Keith Haring. El hallazgo en los archivos de una maleta de cuero de los años 30 transformada en lienzo por Haring supuso el detonante: homenajearían al artista urbano que dibujaba en estaciones del metro porque sostenía que el arte debía ocurrir en medio del tránsito, el ruido y la prisa. También plasmó el estigma del SIDA en los 80. “Tal y como está yendo el mundo, cada vez es más necesario tender puentes, hablar entre nosotros y tener algo que amemos en común, no algo que odiemos. Hacer accesible lo exquisito resume el mensaje del artista Keith Haring, un auténtico visionario” ha explicado Nicolas Ghesquière a un grupo de periodistas antes del desfile.
En sus galerías forradas de terciopelo verde se sentaron ayer Cate Blanchett, Zendaya, Alicia Vikander, o Anne Hataway, acompañadas por Jean Arnault. El público ha celebrado los contrastes de una ciudad a la que siempre se vuelve. “Estados Unidos siempre ha sido un lugar donde uno podía expresarse, y sentimos que era un gran momento para estar aquí. Porque si lo piensas todos somos extranjeros” Ghesquiére ha analizado el estilo americano, del casual al chic: “me parecía interesante incorporar la silueta atlética, muy neoyorquina. También hay prendas que son pura color terapia, e interpelan a las obras de esta residencia fascinante que es la Frick: me apasiona el jardín de invierno, así como los Vermeers o los Van Dyck”.
Con un Bernard Arnault más dispuesto que nunca a consolidar su legado –en su última junta se votó la ampliación de la edad del presidente para concluir su legado a los 85 años (hoy tiene 77)– la firma ha elegido Nueva York como inspiración y destino, reivindicando su raíz americana. Desde el que en 1893 Louis Vuitton participara en la Exposición Mundial Colombina en Chicago, el vínculo con el viaje define sus raíces cosmopolitas.
A principios de siglo, adaptó sus baúles a las necesidades de los primeros viajeros de los trasatlánticos: los Vanderbilt, Ford o Guggenheim. Hoy, con 112 puntos de venta en EEUU (doce en Nueva York) así como cuatro fábricas de curtidos en California y Texas, la firma está dispuesta a escalar en el mercado norteamericano. El lujo en China todavía tiembla, la guerra en Irán ha golpeado las ventas en Oriente Medio, y LVMH, con un -15% de ganancias mira de nuevo a Occidente.
El desfile también fue declaración de mecenazgo. Vuitton se erige como principal patrocinador de las próximas muestras de la Frick y además promueve las entradas gratuitas de los viernes. Quizá la verdadera sofisticación neoyorquina consista en que el privilegio parezca universal

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.