La biografía de un innovador es una sucesión de primicias. Decisiones que en su momento se tomaron a contracorriente hoy son patentes. En el caso de Yves Saint Laurent, hace 60 años el diseñador francés, entonces al frente de la casa de su mentor Christian Dior, presentó la primera chaqueta Smoking, en 1966. El esmoquin rompió con el consenso entre costuras. Las líneas eran precisas y el cuello fue concebido para mantenerse firme. Marcaron los hombros pero también los pantalones que, a partir de técnicas de alta costura, destacaron su holgura en ropa más accesible.
Comprender que esa moda no era inevitable es el eje de La revolución Yves Saint Laurent: la historia del esmoquin (Lunwerg Editores). La novela gráfica de Loo Hui Phang, ilustrada por Benjamin Bachelier, narra la historia del traje a través de imágenes que evocan un sueño febril.
En el cómic, el modista recorre las calles de Manhattan y París conversando con su musa, Betty Catroux, ambos representados en blanco y negro. A lo largo del relato, irrupciones de dibujos en color introducen a figuras históricas como Simone de Beauvoir o Andy Warhol, que narran el auge del esmoquin a través de la sociología que lo sostuvo. Como escribe Phang, el esmoquin llegó incluso a estar técnicamente prohibido en París bajo el decreto del 7 de noviembre de 1800, que establecía que “cualquier mujer que desee vestirse de hombre deberá presentarse en la jefatura de policía para obtener la autorización pertinente”.
En el ámbito de la fotografía, la campaña realizada por Helmut Newton, que consagró el esmoquin en la historia, presenta una composición contenida. Sobre por qué la imagen de una innovación llamativa resulta tan sobria, Clémentine Cuinet, responsable de las colecciones fotográficas del Museo Yves Saint Laurent de Paris, explica que a través de la fotografía “se entiende que el esmoquin representa una elegancia nacida del enfrentamiento entre masculinidad y feminidad”, señala. “Esa serie de fotos ha marcado la forma en que hoy entendemos a Saint Laurent”.
La manera en que se percibe a Saint Laurent es una cuestión fundamental para Cuinet, Nastasia Alberti y Simon Baker, los comisarios de Yves Saint Laurent and photography, una exposición del museo que estará en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York a partir del 11 de junio. Estos expertos consideran que la imaginería que dejó el diseñador contiene algunas respuestas. “El momento en que la carrera de Saint Laurent despega coincide con el momento en que la fotografía de moda empieza a volverse más audaz”, afirma el historiador de fotografía Baker.
Los anales de la imagen de moda suelen dividirse en etapas. Primero dominaron los dibujos a principios del siglo XX, que, como los de La revolución Yves Saint Laurent, privilegiaban trazos expresivos. Después cobró protagonismo una fotografía cercana a la naturaleza muerta, centrada en el estudio y en los contrastes en blanco y negro. Ese era el contexto cuando Saint Laurent asumió la dirección de Dior a los 21 años en 1957, tras la muerte del fundador de la casa.
El giro posterior hacia la fotografía de calle encajó con la visión de Saint Laurent de romper con los moldes de la alta costura. “Los fotógrafos, también inspirados por la improvisación, se inclinaban a trabajar con Saint Laurent porque percibían que hacía algo nuevo y dinámico”, señala Clémentine Cuinet.
Las innovaciones de Saint Laurent, ya fueran en el uso de tejidos o imágenes, siempre respondieron a una lógica. Impulsó una nueva etapa de fotografía porque comprendió el valor tanto de las imágenes controladas como de las espontáneas. Simon Baker afirma que Saint Laurent fue el primero en experimentar con la fotografía entre bastidores y en darle prioridad, enviando esas imágenes a revistas y tiendas. Esa experimentación se dio con las polaroids tomadas antes de los desfiles, lo que permitía al modista tener otra perspectiva de las prendas. Aunque hoy esta práctica es habitual en la moda, era novedoso cuando lo introdujo la marca francesa.
Producir esas imágenes no era solo una cuestión racional. “Por un lado, existía el deseo de documentar todo el proceso creativo con una intención casi patrimonial”, explica Nastasia Alberti. “Al mismo tiempo, estaba la voluntad de abrir ese proceso al público”, reflexiona la responsable del archivo en el Museo Yves Saint Laurent.
Su colega Cuinet añade que, desde muy temprano, Saint Laurent y Pierre Bergé, su pareja y director de la firma, “querían construir una gran casa de moda con un legado duradero. Por eso trabajaron intensamente para fotografiarlo todo, desde el backstage hasta los accesorios. Dejaron constancia de cómo se concebía cada elemento”.
Para Alberti, la imaginería duradera de Saint Laurent comienza con la decisión radical del diseñador de alejarse de la alta costura. “El prêt-à-porter tiene una dimensión mucho más mediática y facilitó esa difusión”, afirma. La revolución Yves Saint Laurent desarrolla la idea que no fue solo la creación del esmoquin lo que causó “la transformación de la época” en 1966, sino también el hecho de que, ese mismo año, el modista hubiera abierto la primera tienda de lujo dedicada al prêt-à-porter.
Un hombre que abrió camino, la identidad de Yves Saint Laurent fue clave en su imaginario visual. Baker explica cómo “fue sin duda el diseñador más fotografiado de su tiempo. Mucho tuvo que ver la influencia de Pierre Bergé, que convirtió el peinado y las gafas de Saint Laurent en rasgos reconocibles”.
El esmoquin es un corolario de ese hecho. Tan reconocible era la prenda que, en sus inicios, fue rechazada de forma masiva; sin embargo, resultó tan natural que, una vez aceptada la silueta, parecía como si hubiera estado ahí desde siempre.
En la novela gráfica de Loo Hui Phang, tras detallar las fuerzas que hicieron posible el esmoquin, el libro dedica cuatro páginas a rastrear a las mujeres que hoy en día emplean la silueta. Se ve a una mujer leyendo el periódico, a otra que con prisa mira su teléfono. Doctoras, pintoras y manifestantes vestidas con esas líneas en los hombros se entrecruzan bajo las palabras: “De este esmoquin surgirá algo nuevo: la modernidad”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.