En la cocina de su casa con las piernas arrebujadas sobre la silla, frente al portátil y con su pálida tez iluminada por el sol de media tarde de Barcelona, Mireia Oriol transmite un aura de paz y armonía. Su belleza es melancólica, propia de los personajes de época, curiosamente, uno de los pocos géneros que le falta por probar. Su discurso es reflexivo y contundente y está hilado con la experiencia que le ha brindado el interpretar a personajes como Laura en El arte de volver, Lena en el corto Alegre y olé -nominado a un Goya- o Nevenka, tal vez el más duro de todos.
Lejos queda esa debutante de la pantalla que se abría paso en la escena catalana del séptimo arte. Con una curiosidad inagotable y la convicción de que “el cine es arte”, Oriol (30) dibuja una trayectoria marcada por proyectos con alma y profundidad.
Entre otros proyectos, acaba de lanzar un thriller psicológico, ‘Day one’. ¿Se encuentra en el punto de que puede escoger proyectos?
Este trabajo es de altibajos. A veces estás en un momento en que coges lo que te llega, puedes decidir no hacerlo, pero entonces tienes que trabajar otras cosas, y en otras ocasiones puedes permitirte escoger. Ahora, por suerte, estoy en esa segunda tesitura. Day one es un thriller psicológico donde hago de policía. Es un personaje secundario, pero es un papel muy distinto a lo que venía haciendo, mucho más activo. Lo pasé muy bien rodando, cosa que me gustó mucho porque terminar proyectos emocionalmente duros y llegar al set feliz también es de agradecer.
También interpreta a una policía en ‘Ágata y Lola’, la última serie de Atresmedia y Atresplayer. ¿Cómo lleva compartir protagonismo?
Lo escogí en parte por eso. Ser coprotagonista reparte un poco el peso de la trama. Cuando lo llevas todo tu sientes más responsabilidad. Además, me atraía mucho el papel porque mi personaje tiene autismo. Lo que me interesa es dar vida a personajes que requieran profundidad y que me puedan ayudar a entender realidades distintas a la mía.
Hago terapia desde hace años y creo que es muy importante, sobre todo en profesiones donde lo personal y lo laboral se mezclan”
¿Ha cambiado su forma de entender la interpretación?
Sí. Por ejemplo, con Alma yo sentía que lo íbamos a petar. La serie fue bien y estoy orgullosa de ella, pero también entendí que la industria no funciona solo por expectativas o por lo que te dicen que llegará a ser algo. En ese momento tenía unos 25 años y entendí que el éxito no pasaba necesariamente por el hacerte famosa. Entonces, empecé a pensar más en el sentido que tenía para mí hacer determinados proyectos y qué podían transmitir. Lo importante pasó a ser escoger proyectos con algo que aportar. Por ejemplo, gente que ha vivido una pérdida, bullying o situaciones difíciles me ha escrito diciendo que se ha sentido identificada con mis personajes. Crear ese diálogo para que alguien se sienta menos solo es lo que me llena y no pienso que el cine cambie el mundo, pero sí que puede aportar algo bonito y generar reflexión.
Nevenka es de esos personajes que marcan una carrera. ¿Cómo lo asimiló?
Sí, fue un antes y un después. Psicológicamente me afectó mucho. Tenía que entender que era un trabajo, aunque estuviera interpretando a una persona real. Conocer a Nevenka fue muy fuerte porque es una mujer maravillosa y yo quería que estuviera orgullosa de lo que hiciéramos. Quería representarla de la forma más fidedigna posible. Eso también genera mucha presión. Pero fue una gran oportunidad de aprendizaje. En el set, tanto con Urko como con Isaías, me sentí muy sostenida.
¿Se ayudó de terapia psicológica?
Sí. Yo hago terapia desde hace años y creo que es muy importante, sobre todo en profesiones artísticas donde lo personal y lo laboral se mezclan. Con Nevenka necesité poner límites emocionales porque te llevas cosas a casa. Igual que cuando tienes una discusión en el trabajo y llegas removida, aquí pasa igual pero multiplicado por diez. Las primeras semanas necesité mucho apoyo terapéutico.
Es usted muy sensible y exigente consigo misma. ¿Ha aprendido a convivir con ello o lucha para no serlo?
Es una espada de doble filo. La sensibilidad te da mucha empatía y capacidad de leer situaciones rápidamente. Pero también sientes muchísimo las cosas y puedes tener ansiedad. Con los años he aprendido no tanto a evitarla, sino a gestionarla. Antes quería eliminar la ansiedad; ahora entiendo que forma parte de mí y trato de sobrellevarla mejor cuando aparece. También es muy importante rodearte de gente que te conecte con la tierra. Yo lo necesito: mi casa, mi perra, mi pareja, mis amigas… gente real.
Vive desde siempre en Barcelona pero trabaja en Madrid, ¿se plantea mudarse?
Mucha gente del sector vive en Madrid porque allí pasa todo, y yo estoy cada semana en el AVE. Pero Barcelona me da otra cosa. Aquí hay otro ritmo, más lento y familiar. Me siento más arraigada.
En una industria que ya habla de diversidad, ¿qué cree que se debería visibilizar más?
Todavía faltan muchísimos personajes complejos de mujeres mayores. Actrices de 50, 60, 70 u 80 años. Pienso que, cuanto más mayor, mejor actriz eres porque tienes más vida y más experiencia, y eso hay que mostrarlo en la pantalla. También me gustaría que las directoras tuvieran presupuesto para hacer películas más ambiciosas. Hay muchas historias íntimas supernecesarias y a sus voces falta darles más espacio y recursos.
¿Cómo vive o gestiona la presión estética tan presente en la industria?
Es muy difícil no obsesionarse, porque ves cómo funcionan los castings y los cánones que siguen existiendo. Yo intento tener referentes reales, mujeres como Luisa Gavasa, Maribel Verdú o Meryl Streep. Son mujeres que han aceptado su viaje vital. No estoy en contra de los retoques estéticos, cada una que haga lo que quiera. Pero sí me preocupa mucho la presión que viven las chicas jóvenes por las redes sociales, los filtros y los ideales irreales. Me da pena pensar que niñas de 13 años estén obsesionadas con eso.
¿En qué está trabajando actualmente?
Voy a rodar una película que trata sobre salud mental y me apetece mucho, porque es una producción más pequeña e íntima. Y luego, en un futuro, me gustaría hacer algo más cercano a la comedia dramática. Un personaje tipo Fleabag: alguien roto pero contado desde el humor. Me parece difícil hacer buena comedia.
¿Algún consejo o enseñanza que alguien de la industria le haya dado y siempre lleve con usted?
Una actriz me dijo una vez que habría momentos en la profesión donde no estaría feliz con un proyecto, y que, entonces, debía conectar con algo agradecido de él: el guion, una amistad, una escena, algo que te recuerde por qué estás ahí. Esa enseñanza me acompaña.
¿Le gustaría dirigir o escribir?
Escribir sí, ya lo estoy haciendo. Pero dirigir todavía no. Me interesa más explorar la interpretación desde dentro. Quizá algún día, pero no ahora.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.