Ginebra, en la actualidad. Descubrimos a una mujer en un cóctel donde le hacen entrega de un premio. Le da vida Isabel Aimé González-Sola, actriz nacida en Mendoza (Argentina) hace 35 años que migró a Francia como au pair hace tres lustros y se ha hecho un hueco en el cine y el teatro galo. Luce melena leonina y unos ojos como lagos azules a juego con el ya icónico abrigo que viste en el póster de esta película que deslumbró por su elegancia en el festival de San Sebastián.
La vemos pasear por las calles de “esta vieja ciudad calvinista dominada por una paleta de grises”, tal y como la describe Milagros Mumenthaler, la directora de Las corrientes. “Tenía que resaltar, hicimos varias pruebas, incluido un burdeos rojo, y al final nos decantamos por este azul turquesa”.
'Las corrientes' es la obra más madura de Milagros Mumenthaler
Lina Campbell, que así se llama el personaje, atraviesa un puente sobre el Ródano y, de repente, sin pensárselo dos veces, se precipita al agua. Sobrevivirá, y regresará a su hotel con la cabeza bien alta y envuelta en una de esas mantas doradas con las que los bomberos envuelven a los supervivientes de las catástrofes. Y a partir de ahí, como dice Mumenthaler, que es medio suiza —sus padres se exiliaron por la dictadura—, “las preguntas: ¿quién es esa mujer?, ¿por qué se ha lanzado al río?”.
En busca de respuestas, la película nos lleva a Buenos Aires, donde descubrimos que Lina es una diseñadora de moda que ha tomado prestado el apellido de su marido, bien situado en las altas esferas bonaerenses. Le da vida el ubicuo Esteban Bigliardi. Aunque parecen vivir a un millón de años luz de distancia, siguen manteniendo tórridas relaciones horizontales: “Quería mostrar que, aunque Lina está en un trance claramente depresivo, eso no ha mermado su necesidad de contacto”.
Lina ha experimentado un ascenso social por la vía matrimonial, “por eso tiene que aparentar”, continúa la directora. “Es un personaje que siempe actúa como si todo estuviera bien, pero por dentro es una tormenta. De ahí viene un poco la idea de las corrientes, de esa calma aparente de Lina, cuando por debajo le pasan un montón de cosas”.
Aparentemente, Lina lo tiene todo, incluida una hija pequeña, aunque su suegra es capaz de recordarle con una sola mirada sus orígenes humildes, cuando todos la llamaban Cata y vivía en otro barrio, muy distinto al actual, al que regresará en busca de socorro.A la altiva suegra, le presta su nariz arrugada Claudia Sánchez, que fue una reconocida modelo argentina en los años sesenta y setenta. No es la única personalidad relacionada con el mundo de la moda que aparece en la película. También tiene un rol importante Susana Saulquin, importante socióloga especializada en el vestir, que ha publicado ensayos como La muerte de la moda o Política de las apariencias (Paidós).
Todo la moda de Lina es una creación de Simona Martínez
Además del abrigo turquesa, toda la película está atravesada por el exquisito gusto de Lina, que se manifiesta en zapatos elegantes y los más diversos outfits. A Aimé le encantó el vestuario, de hecho conserva “algunos zapatos que usamos, y me ayudó mucho como actriz, porque Lina, al trabajar en moda, es muy versátil. Cada día puede tener una personalidad diferente, juega con su imagen o con la imagen que quiere dar el mundo de ella misma. En la sesión de fotos, tengo un vestido de jean, con aros un poco punk, algo más contemporáneo”.
Todo ese mundo de la moda de Lina es una creación de Simona Martínez, diseñadora que, según Mumenthaler, “viene del mundo editorial. Ha trabajado mucho con Elle Argentina, ha organizado desfiles y ha participado en distintos aspectos del mundo de la moda en Argentina”.
El estilo de Lina es a la vez clásico y moderno. Aunque la película tiene una atmósfera atemporal, que remite al Michelangelo Antonioni de La noche, y a la Monica Vitti de El desierto rojo, Mumenthaler prefiere sacudirse las referencias para atribuirlas al “inconsciente, porque cuando escribo procuro no pensar en otras películas”. Aunque se muestra más explícita con su filiación literaria: “Cuando escribí esta historia, acababa de leer La mujer temblorosa, de Siri Hustvedt, donde también cuenta cómo su mente piensa una cosa mientras su cuerpo hace otra distinta, como le ocurre a Lina. Me ayudó volver a La señora Dalloway, de Virginia Woolf. En la película aparece el faro del palacio Barolo [en la avenida de Mayo de Buenos Aires], que también remite a su universo, y creo que se puede detectar también la influencia de escritoras argentinas como María Gainza o Samantha Schweblin, además de la norteamericana Joyce Carol Oates”, explica Mumenthaler.
El arte tampoco podía faltar en la coctelera de referencias. Entre otras, con un grabado de Goya significativamente titulado Nadie se conoce, que Lina contempla en un museo como un eco del aislamiento y la incomunicabilidad absoluta en la que se haya inmersa. Para Mumenthaler, ese paralelismo con el romanticismo viene dado por el hecho de que Lina “es un personaje a contracorriente que elige dejarse llevar hasta el punto de ponerse en peligro, algo para lo que no hay mucho espacio en esta sociedad tan controlada. Pero también porque fue el primer movimiento que puso en valor la subjetividad del propio artista, y eso me gusta”.
Para Aimé, Lina también es una mujer a contracorriente
Para Aimé, Lina también es una mujer a contracorriente, porque “después de aquel primer gesto en Ginebra, pese a haberlo conseguido todo gracias a su talento, ya no responde los e-mails tan rápido, ni logra decir exactamente cómo hay que actuar en una sesión de fotos, se está convirtiendo en alguien cada vez menos productivo, como de otro tiempo”.
Si Las corrientes es la obra más madura de Milagros Mumenthaler, la cineasta que se dio a conocer con las también magníficas Abrir puertas y ventanas y La idea de un lago, dos variantes muy originales y frescas del coming-of-age, “Lina también tiene mucho de adolescente, porque es una persona muy frágil que ha ido metiendo cosas debajo del tapete”. Tránsfuga social atrapada por su pasado, también es “una mujer que, de alguna forma, fue abandonada por su madre, y por eso ella está a punto de repetir el mismo esquema. Hay una edad en la que una se da cuenta de que está repitiendo ciertos patrones, y eso puede resultar muy perturbador. Hay un temor a imitar y repetir lo que ya nos ha perjudicado a nosotros”.
Seguir con la herencia o romper con la herencia, por eso medio mundo se tumba semanalmente en el diván. “Aunque creo que cada vez están menos de moda las terapias de diván —estima Mumenthaler—, ahora es más ChatGPT. Eso da sustito, pero seguro que es más económico”, concluye con ironía, alejándose por un momento de esta obra tan suntuosa y sensual como hipnótica y dominada por la melancolía.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.