Explora La Vanguardia
Apariencia
A
Contraste
ModaBellezaCasaViajesLifestyleBienestar
Suscríbete
Viajes Destinos

Jamaica, entre ritmo y tormenta: viaje por la isla que dio al mundo una música

Apuntes desde los días previos al huracán, en un territorio que avanza a su propio y orgulloso compás

Jamaica, entre ritmo y tormenta: viaje por la isla que dio al mundo una música
Las playas vírgenes de Jamaica atraen cada vez a un mayor número de viajerosAlberto Piernas
Escucha este artículo
0:00 7:42
Actualizado hace 140 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

Sugerir una corrección Política de correcciones de La Vanguardia
4 puntos clave Ver
  • 01Existe una vertical musical atlántica que desde Nueva Orlean s pasa por La Habana y Kingston y llega hasta Salvador de Bahía.
  • 02A lo largo de esa columna se articula lo que el sociólogo británico Paul Gilroy llamó Black Atlantic: un espacio nacido de la trata esclavista y afirmado en lenguajes capaces de resistir la violencia que los originó.  Lo que Gilroy define como blackness remite menos a una identidad que a una construcción cultural y política configurada en tránsito, entre puertos, iglesias y plantaciones, y en canciones que circularon antes que los derechos.
  • 03Viajar a Jamaica con esa cartografía permite reconocer una corriente subterránea que sigue atravesando su vida cotidiana.
  • 04Kingston, capital de la única de las Grandes Antillas de habla inglesa, es uno de los eslabones principales de esa cadena.

Existe una vertical musical atlántica que desde Nueva Orleans pasa por La Habana y Kingston y llega hasta Salvador de Bahía. A lo largo de esa columna se articula lo que el sociólogo británico Paul Gilroy llamó Black Atlantic: un espacio nacido de la trata esclavista y afirmado en lenguajes capaces de resistir la violencia que los originó. 

Lo que Gilroy define como blackness remite menos a una identidad que a una construcción cultural y política configurada en tránsito, entre puertos, iglesias y plantaciones, y en canciones que circularon antes que los derechos. Viajar a Jamaica con esa cartografía permite reconocer una corriente subterránea que sigue atravesando su vida cotidiana.

La capital está en pleno proceso de regeneración urbana, con intentos de crear nuevos corredores culturales y turísticos

Kingston, capital de la única de las Grandes Antillas de habla inglesa, es uno de los eslabones principales de esa cadena. La ciudad creció alrededor de uno de los mayores puertos naturales del mundo. Antes de convertirse en capital, fue punto de intercambio y refugio de piratas, una condición que dejó una huella duradera en su carácter y explica la distancia cultural que separa al Caribe anglófono de sus vecinos latinos. Aquí las personas son menos dadas a la cortesía ceremoniosa; orgullosas y capaces de alternar descaro y timidez dentro de una misma interacción.

La capital es una ciudad tensa, en pleno proceso de regeneración urbana, con intentos visibles de crear nuevos corredores culturales y turísticos. Su malecón y los colores pastel de algunos edificios evocan recuerdos de La Habana

Bob Marley creció en Trench Town, barrio de Kingston, cuyos murales, patios y viviendas conservan el imaginario rastafari y la memoria musical
Bob Marley creció en Trench Town, barrio de Kingston, cuyos murales, patios y viviendas conservan el imaginario rastafari y la memoria musicalAlberto Barbieri

El distrito creativo, articulado en torno al Kingston Creative Artwalk, concentra murales, galerías y una energía artística que necesita expresarse. La música y el arte urbano, de hecho, son espacios de estabilidad que, de otro modo, quedarían ocupados por la presión social y política que desde 1962, año de la independencia, mantiene el suelo jamaicano en ebullición.

Kingston no seduce de inmediato, pero ofrece una lectura precisa de cómo el Black Atlantic sigue produciendo sentido, especialmente en el barrio donde la tensión local ha trasmutado en arte universal: Trench Town tiene algo de decorado y algo de realismo extremo, incluso en los personajes que lo habitan. El imaginario rastafari —Etiopía, África, la promesa de retorno— atraviesa el paisaje urbano. El guía del conjunto de viviendas donde Robert Nesta Marley pasó su adolescencia encarna el barrio: rastas recogidas, chanclas gastadas y un balanceo que pasa del cuerpo al habla. “Me puedes llamar Blackie: soy negro como un pájaro”, dice, y remata con un “Yaman” en puro patois.

Como dijo Jimmy Cliff: «Trench Town no está en Jamaica, está en todas partes, porque es el lugar de donde vienen todos los desposeídos y los desesperados. Trench Town es cualquier gueto de cualquier ciudad. Y si naciste en Trench Town, no tendrás la menor posibilidad de triunfar».

Marley, de hecho, no nació en Trench Town y triunfó. Quizá el paralelo más claro esté en el barrio de Treme, en Nueva Orleans, cuna del jazz. Precisamente desde allí, en los años cincuenta, llegaban las ondas FM que convencieron al joven Marley de que la música podía convertirse en una vía de rescate social.

Trench Town está lleno de vida
Trench Town está lleno de vidaAlberto Barbieri

Si en Jamaica la música es una religión, su culto es politeísta, y los murales funcionan como hagiografías visuales de estos santos laicos. A Bob Marley y Jimmy Cliff se suman Toots Hibbert, Peter Tosh e incluso Shaggy. Que ese patrimonio lograra salir de la isla se debe en gran parte a un hombre blanco, nacido en Jamaica cuando todavía formaba parte del imperio británico: Chris Blackwell. 

El fundador de Island Records creció entre dos mundos; conocía la música local desde dentro, pero también los códigos y las expectativas del público europeo y norteamericano. Esa doble pertenencia lo convirtió en un mediador capaz de traducir sin domesticar la carga política y simbólica de la música jamaicana.

Strawberry Hill, un pequeño hotel creado por el fundador de Chris Blackwell en Blue Mountains.
Strawberry Hill, un pequeño hotel creado por el fundador de Chris Blackwell en Blue Mountains.Alberto Barbieri

La influencia de Blackwell en la isla no se limitó al ámbito musical. También contribuyó a modelar una idea de turismo vinculada a una experiencia íntima y cultural. Algunos dirían elitista. Su visión se materializa en Strawberry Hill, un hotel recuperado a partir de una antigua finca colonial y situado en las alturas de las Blue Mountains. 

El empresario lo adquirió a comienzos de los años setenta y lo transformó en un refugio de villas y senderos por donde han pasado músicos, artistas y figuras del mundo cultural internacional. Blackwell impulsó también otros proyectos, entre ellos la transformación en hotel de lujo de GoldenEye, la antigua casa de Ian Fleming, donde el escritor británico imaginó buena parte del universo de James Bond.

Desde el azul de las Blue Mountains, Jamaica se percibe de otro modo: un santuario de calma y vegetación espesa, pero también un espacio productivo que ha marcado durante siglos la historia de la isla. En estas laderas se cultiva uno de los cafés más reconocidos del mundo, cuya calidad depende de factores naturales tan precisos como frágiles. 

Antiguo pilar de la economía colonial, ligado al trabajo forzado y a un sistema de plantaciones que dejó una huella profunda en el territorio, hoy el cultivo del café persiste en manos de pequeños productores que hacen sonar música entre las plantas para favorecer su crecimiento.

En las laderas de Blue Mountains se cultiva uno de los cafés más prestigiosos del mundo
En las laderas de Blue Mountains se cultiva uno de los cafés más prestigiosos del mundoAlberto Barbieri

Bajando de las montañas, el paisaje vuelve a inclinarse hacia la costa norte, siguiendo los arroyos hasta Ocho Ríos, donde el relieve se quiebra y el río Dunn forma cascadas de agua esmeralda sobre piedra caliza, para la alegría de locales y visitantes. 

En la carretera estallan los sabores de la cocina criolla: pollo jerk, patties calientes, sopas picantes y ron especiado. El turismo jamaicano comenzó en esta franja del litoral y, durante años, Port Antonio en particular encarnó la forma más discreta de viajar a la isla.

Junto a la carretera se localizan restaurantes de comida criolla
Junto a la carretera se localizan restaurantes de comida criollaAlberto Barbieri

Hoy, sin embargo, ese epicentro se ha desplazado hacia el extremo occidental, donde adopta una escala pensada para competir con otros destinos caribeños como Cancún o Punta Cana. Resorts, infraestructuras y extensas playas blancas como Seven Mile Beach ofrecen una imagen más reconocible de un Caribe plácido y abierto. Muy lejos de Trench Town, en el Rick’s Café de Negril, el ritual del atardecer se repite cada día entre saltos desde los acantilados, punch rum y Kumbayá. Jamaica contiene multitudes.

La isla forma parte también de otra vertical atlántica, menos celebrada que la musical pero igualmente familiar para sus habitantes: la de los huracanes. En el aeropuerto de Montego Bay, el 25 de octubre pasado, no se percibían señales particulares de pánico. Como mucho, alguna pregunta dirigida a los auxiliares de vuelo: “¿Vamos a bailar mucho?”. Dos días después, el huracán más poderoso de la historia registrada en Jamaica tocaría tierra en el sur de la isla.

El Rick's Café es un bar icónico situado sobre un acantilado de Negril
El Rick's Café es un bar icónico situado sobre un acantilado de NegrilAlberto Barbieri

Durante la semana previa a la llegada de Melissa, el fatalismo caribeño solo quedaba contrapunteado por la aparición de paneles de madera protegiendo las ventanas. En Falmouth, antiguo puerto azucarero entre Ocho Ríos y Montego Bay, hoy consagrado al culto de Usain Bolt, una mujer sentada frente a su pequeña tienda de souvenirs observaba el escaso tráfico de la tarde. Al preguntarle por el huracán, levantó la vista un instante y respondió: “Solo es lluvia”.

La isla ha sufrido daños significativos, sobre todo en infraestructuras y cultivos, pero la normalidad ya se restablece de forma progresiva, siguiendo un patrón de recuperación bien conocido en un país acostumbrado a convivir con fenómenos extremos. Jamaica es tuff, dura, como lo era su hijo más célebre, Bob Tuff Gong Marley. “Jah-Jah nos dio vida para vivir”, asegura Blackie. One love.

Alberto Barbieri
Alberto Barbieri
Viajes

Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Barcelona.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.