En abril de este año, un Airbus A350 permaneció más de 24 horas seguidas en el aire durante un vuelo de pruebas entre Melbourne y Toulouse. La operación formaba parte del Project Sunrise de Qantas, que prevé inaugurar en 2027 los primeros vuelos comerciales sin escalas entre Sydney y Londres y entre Sydney y Nueva York. Los nuevos aviones incorporarán incluso una zona específica para que los pasajeros puedan estirarse, caminar y mantenerse activos durante el trayecto.
De hecho, mientras la tecnología permite enlazar ciudades separadas por más de 17.000 kilómetros sin aterrizar, el cuerpo humano sigue sin estar preparado para permanecer inmóvil durante tantas horas. Esa falta de movimiento afecta a músculos, articulaciones y circulación mucho antes de que aparezcan las primeras molestias.
Si no podemos movernos, es bueno hacer ejercicios con los tobillos y las piernas para activar los músculos de la pantorrilla”
“Permanecer sentado durante muchas horas no solo provoca una sensación de rigidez o incomodidad; también genera cambios fisiológicos y biomecánicos en el organismo. Al reducirse el movimiento, disminuye la activación de la musculatura y se ralentiza el retorno venoso y linfático de las piernas, lo que favorece la aparición de sensación de pesadez, hinchazón e incluso calambres en algunas personas”, explica Bruno Oliveira, fisioterapeuta experto en recuperación muscular para la empresa de tecnología deportiva Hyperice.
Oliveira recuerda que los gemelos funcionan como una auténtica “bomba muscular”, ya que cada contracción ayuda a impulsar la sangre hacia el corazón. El doctor García-Madrid, director del Institut Vascular García-Madrid del Centro Médico Teknon de Barcelona, utiliza una imagen muy similar y los define como un “corazón periférico”: “Cada vez que caminamos, los músculos de la pantorrilla comprimen las venas e impulsan la sangre hacia arriba, mientras unas válvulas evitan que vuelva hacia abajo por efecto de la gravedad”, asegura el angiólogo.
Cuando ese mecanismo deja de funcionar durante horas, aparecen las molestias que muchos viajeros experimentan y que van más allá de la pesadez en las piernas. “Los flexores de la cadera permanecen acortados durante mucho tiempo, los glúteos apenas se activan y la musculatura lumbar y cervical soporta una carga constante para mantener la postura”, explica Oliveira. A ello se suma que las articulaciones reciben menos estímulos mecánicos y disminuye el movimiento del líquido sinovial, lo que explica esa sensación de rigidez al levantarse del asiento después de un vuelo largo.
“Sabemos que los vuelos de más de cuatro horas aumentan aproximadamente tres veces el riesgo de sufrir una trombosis venosa profunda en comparación con no viajar. Sin embargo, el riesgo absoluto sigue siendo bajo y la inmensa mayoría de los pasajeros no tendrá ninguna complicación”, subraya García-Madrid.
El angiólogo añade que el problema aparece sobre todo en personas con factores de riesgo como varices, insuficiencia venosa, antecedentes de trombosis, alteraciones de la coagulación, una cirugía reciente, algunos tipos de cáncer, obesidad o edad avanzada. En este caso, una valoración médica previa permite adaptar las medidas preventivas y viajar con mayor tranquilidad.
La buena noticia es que no hacen falta rutinas complicadas, medicación o equipamiento específico para reducir buena parte de estos efectos. “La prevención es sencilla y muy eficaz. Siempre que sea posible, conviene levantarse y caminar unos minutos cada hora en los trayectos de más de cuatro horas. Si no podemos movernos, es recomendable hacer ejercicios con los tobillos y las piernas para activar los músculos de la pantorrilla. También es importante mantenerse bien hidratado y evitar permanecer completamente inmóvil durante todo el viaje”, resume García-Madrid. En las personas con mayor riesgo, añade el especialista, “las medias de compresión graduada han demostrado reducir tanto la hinchazón como el riesgo de trombosis”.
El angiólogo también desmonta una creencia bastante extendida: tomar una aspirina antes de viajar no ayuda a prevenir este tipo de trombosis. “Solo en pacientes de riesgo muy elevado puede ser necesario administrar un tratamiento anticoagulante preventivo antes del viaje. Esa decisión debe individualizarse y ser siempre indicada por un médico. En cambio, la aspirina no ha demostrado ser eficaz para prevenir este tipo de trombosis y no está recomendada con ese objetivo”, aclara.
Oliveira coincide en que romper la inmovilidad marca la diferencia, pero recuerda que el cuidado no termina cuando el avión aterriza. “El principal error es pensar que el viaje termina cuando llegamos al destino. En realidad, el cuerpo necesita recuperar el movimiento. Caminar entre diez y quince minutos, subir escaleras de forma suave o realizar una movilidad ligera ayuda a reactivar la circulación y a que los músculos recuperen su función normal mucho antes que quedarse sentado o tumbado nada más llegar”, explica el fisioterapeuta.
Tras el vuelo para acelerar la recuperación, existen también dispositivos de masaje por percusión o de compresión neumática
Para quienes buscan acelerar esa recuperación, existen también dispositivos de masaje por percusión o de compresión neumática. Oliveira considera que pueden ayudar a aliviar la sensación de rigidez y pesadez muscular, aunque insiste en que funcionan como un complemento: “La tecnología nunca sustituye al movimiento, la hidratación o el descanso, que siguen siendo la base de la recuperación”. Además, matiza que estirar no siempre es la prioridad. Aunque puede aliviar la sensación de rigidez, recuperar la actividad progresivamente suele resultar más eficaz para que músculos y articulaciones vuelvan a funcionar con normalidad.
Aun así, conviene distinguir entre las molestias habituales después de un viaje largo y los síntomas que requieren atención médica. “La pesadez o la hinchazón leve suelen desaparecer en pocas horas. Pero hay síntomas que obligan a descartar una trombosis venosa. Hay que consultar si aparece una hinchazón importante en una sola pierna, dolor o tensión en la pantorrilla, enrojecimiento o aumento de temperatura de una zona concreta o una vena que se vuelve dura y dolorosa”, advierte García-Madrid.
La recomendación es todavía más clara si, tras el viaje, se manifiestan síntomas respiratorios. “Si después del viaje aparecen dificultad para respirar, dolor en el pecho que empeora al inspirar, tos con sangre o sensación intensa de falta de aire, hay que acudir de inmediato a un servicio de urgencias, ya que podrían ser síntomas de una embolia pulmonar”, añade el especialista.
En cualquier caso, los expertos insisten en que viajar tampoco debe convertirse en una preocupación. La inmensa mayoría de los pasajeros nunca sufrirá una complicación grave y unas pautas tan sencillas como levantarse con frecuencia, hidratarse, moverse durante el trayecto y recuperar la actividad al llegar al destino bastan para minimizar el impacto de las largas horas de viaje sobre el organismo.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.