Kaliningrado es una de las rarezas geopolíticas de Europa. Se trata de un enclave ruso encajado entre Lituania y Polonia. Nació en el año 1255 como Königsberg, mandada construir por el rey Otakar II de Bohemia y no se rompieron la cabeza para bautizarla (en alemán, significa “la montaña del rey”).
Pero desde entonces ha llovido mucho, y en el reparto territorial que las grandes potencias realizaron al final de la Segunda Guerra Mundial –en que posesiones alemanas pasaron a ser polacas, algunas polacas a alemanas, polacas a rusas y un largo etcétera– la Unión Soviética se aseguró quedarse con este territorio aislado. De esta forma se aseguraba tener un puerto marítimo que no se congelara en invierno, una de sus fijaciones.
Tan pronto se convirtió en soviética, el nombre monárquico fue cambiado, rindiendo honores a Mijaíl Kalinin, presidente del Presídium del Soviet Supremo. Y así ha quedado hasta ahora, aunque recurrentemente se debate sobre si volver al topónimo inicial, como ya se hizo con Leningrado y San Petersburgo.
No puede decirse que Kaliningrado sea hoy en día un objetivo turístico principal, máxime teniendo en cuenta la impopularidad de la actual Federación Rusa. Sin embargo, los viajeros más curiosos pasearán por este oblast (provincia) que cuenta con edificios de interés y alguna curiosidad histórica. Por ejemplo, Kaliningrado dio paso a resolver un clásico enigma matemático conocido como Problema de los Siete Puentes de Königsberg.
Ese era el número de pasarelas que había en la ciudad sobre el río Pregolia, que se bifurca y rodea la isla Kneiphof. A principios del siglo XVIII se lanzó el reto de encontrar un recorrido para cruzar a pie toda la ciudad pasando solo una vez por cada uno de los puentes y regresando al mismo punto de inicio. Spolier: lo resolvió en 1736 el matemático suizo Leonhard Euler. Pero todavía da para que mucha gente se entretenga.
El enigma de los puentes ya no se puede realizar como se concibió, pues dos de ellos quedaron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero se han añadido otros nuevos, hasta un total de diez. De manera que los aficionados a los acertijos matemáticos todavía pueden aceptar el desafío.
Tras unos años en que Kaliningrado fue considerado un nido de malhechores y traficantes de todo tipo de mercancías no legales, ahora toma cuerpo como puerto franco, lo que deriva en nuevas infraestructuras portuarias. Su centro histórico, sin embargo, sigue siendo un lugar en el que descubrir bellos edificios como la catedral y la sinagoga principal, la única puerta de la antigua muralla que queda en pie o la iglesia de Alexander Nevski, el Museo del Ámbar o algunos pueblos pesqueros con la clásica arquitectura prusiana conservada.
Para los amantes de la filosofía una cita obligada es la tumba de Immanuel Kant, nacido y enterrado en la ciudad. Se localiza fácilmente en una esquina exterior de la catedral.
En una de las barreras naturales que separan la laguna de Curlandia del mar Báltico se encuentra el curioso Museo de las Supersticiones Rusas. Se trata de un espacio abierto en 2009 donde, básicamente, una colección de tallas de madera recoge muchas de las creencias ancestrales rusas, la mayoría relacionadas con los pueblos animistas de Siberia y las religiones precristianas.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.