Las altas temperaturas no afectan igual a perros y personas. Los colegios veterinarios españoles recuerdan cada verano que el golpe de calor es una emergencia grave: puede avanzar rápidamente, alterar la circulación y provocar daños en órganos internos aunque el animal parezca recuperarse tras recibir los primeros auxilios.
Por eso, la recomendación profesional combina dos acciones que no deben separarse: comenzar a enfriar al perro cuanto antes y contactar con un veterinario. Álvaro López, adiestrador canino de Vitoria-Gasteiz y responsable de Más que Adiestramiento, lo resume en su podcast con una advertencia directa: “Ante un golpe de calor, al veterinario siempre”.
¿Por qué un perro soporta peor el calor?
“Tú, cuando tienes calor, sudas por casi toda la piel. Tu perro prácticamente no suda”, explica López. Los perros tienen algunas glándulas sudoríparas en las almohadillas, pero dependen principalmente del jadeo para perder calor.
El adiestrador lo define como “su aire acondicionado”. Al jadear, el animal mueve aire sobre las superficies húmedas de la boca y la lengua, favoreciendo la evaporación. El problema es que este sistema tiene un límite: cuando el ambiente está muy caliente, húmedo o mal ventilado, pierde eficacia.
Además, un perro excitado puede no detenerse por sí mismo. “Si tú sigues andando, él te va a seguir. Si tú tiras una pelota, él va a ir a por ella, aunque esté al límite”, advierte. La responsabilidad de interrumpir el ejercicio corresponde, por tanto, a la persona.
¿Qué señales indican una emergencia?
El jadeo intenso, acelerado y desesperado es una de las primeras señales. López también menciona saliva espesa, dificultad para seguir caminando, tambaleo, desorientación y cambios en el color de las encías.
Si aparecen vómitos, diarrea, debilidad extrema, colapso o pérdida de respuesta, la situación ya es crítica. No conviene esperar a comprobar si el perro mejora por sí solo ni confiar en que descansar unos minutos resolverá el problema.
Como reconoce el propio López, “soy adiestrador, no veterinario”. Su mensaje esencial no pretende sustituir un protocolo clínico: hay que sacar al animal del calor, comenzar a refrescarlo y organizar inmediatamente el traslado.
¿Cómo debe enfriarse mientras llega la ayuda?
López alerta contra los baños con hielo o el agua helada de golpe. El matiz veterinario importante es que esto no debe convertirse en una excusa para enfriar al animal demasiado despacio. Las recomendaciones actuales priorizan comenzar la refrigeración inmediatamente con agua más fresca que el perro, junto con ventilación o movimiento de aire.
Puede trasladarse al animal a la sombra, mojar su cuerpo con agua fresca y utilizar un ventilador o el aire acondicionado. No se debe cubrirlo completamente con toallas mojadas durante mucho tiempo, porque pueden retener calor, ni retrasar el viaje mientras se intenta normalizar su temperatura en casa.
Aunque vuelva a caminar o parezca más despierto, debe valorarlo un veterinario. El golpe de calor puede afectar a riñones, hígado, cerebro y coagulación sin que esas lesiones sean visibles desde fuera.
Los tres riesgos que dependen del dueño
López identifica tres situaciones especialmente peligrosas: “El coche, el asfalto y la hora del paseo”. Sobre el vehículo es tajante: “Ni un minuto, por favor. Ni con la ventanilla bajada”. Un coche estacionado puede calentarse rápidamente incluso cuando fuera no parece hacer un calor extremo.
En el asfalto propone la conocida prueba de la mano: apoyar el dorso durante unos segundos. Si resulta insoportable para una persona, también puede quemar las almohadillas del perro. No es una medición científica exacta, pero sirve como alerta inmediata para buscar hierba, sombra u otro horario.
El tercer riesgo es mantener el ejercicio habitual en las horas centrales. Correr detrás de una pelota, practicar deporte o alargar el paseo puede producir mucho calor interno. En verano, insiste López, “el que decide soy yo”: el animal puede querer continuar cuando su cuerpo ya no puede refrigerarse.
Prevenir antes de llegar a la urgencia
La prevención exige adaptar horarios, intensidad y recorridos; asegurar sombra y agua; observar el jadeo y evitar coches cerrados. También conviene extremar las precauciones con perros braquicéfalos, mayores, con sobrepeso, enfermedades previas o pelaje muy denso.
El mensaje institucional coincide con la advertencia del adiestrador: ante síntomas compatibles hay que refrescar al perro y acudir inmediatamente al veterinario. No existe un truco doméstico que permita descartar daños internos. En un golpe de calor, los primeros auxilios ganan tiempo; la atención veterinaria trata la emergencia.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.