Convivir con un perro o un gato suele asociarse con compañía, apoyo emocional y una menor sensación de soledad. Sin embargo, los estudios sobre el llamado “efecto mascota” llevan años ofreciendo resultados contradictorios: algunos encuentran beneficios para la salud física o mental, mientras que otros no observan diferencias claras entre quienes tienen animales y quienes no.
Una posible explicación es que la etiqueta “tener mascota” reúne situaciones muy distintas. No es lo mismo pasar varias horas al día con un perro, buscar apoyo emocional en un gato o convivir con un animal con el que apenas se interactúa. Un nuevo estudio publicado en PLOS One analiza precisamente si la propiedad, el contacto, la especie y las características de la relación ofrecen resultados diferentes.
¿Qué analizó el estudio?
Los investigadores utilizaron una encuesta representativa de la población suiza en la que participaron 2.328 adultos. Compararon a propietarios y no propietarios de animales, pero también estudiaron a quienes mantenían contacto frecuente con animales que no vivían en su casa.
El análisis incluyó la salud percibida, los hábitos, las visitas al médico, la soledad, la satisfacción con la vida, el bienestar psicológico y el apoyo social recibido de otras personas.
Además, los autores preguntaron cuánto tiempo pasaban los participantes con el animal más cercano, qué especie era, si vivía en el hogar, cuánto apego sentían y hasta qué punto consideraban que el animal los ayudaba en momentos difíciles o los hacía sentirse queridos.
El objetivo no era únicamente comprobar si los propietarios estaban mejor que los no propietarios. Los investigadores querían saber si el tiempo compartido, el tipo de animal, el apego y el apoyo emocional percibido permitían explicar por qué los estudios anteriores sobre mascotas y bienestar han llegado a conclusiones tan diferentes.
Tener mascota no se relacionó con sentirse menos solo
El resultado principal contradice la versión más popular del “efecto mascota”. Los propietarios no declararon menos soledad, más satisfacción vital, mayor bienestar psicológico ni más apoyo humano que quienes no tenían animales.
Tampoco hubo diferencias en el número de visitas al médico. Las personas que mantenían contacto regular con animales fuera de casa tampoco mostraron mejores resultados generales de salud o bienestar que quienes no tenían ese contacto.
Esto no demuestra que una mascota no pueda ayudar a una persona concreta. Lo que indica es que la propiedad, considerada de forma aislada, no permitió distinguir quién se sentía menos solo o disfrutaba de mayor bienestar.
¿Por qué no basta con saber si alguien tiene mascota?
Los investigadores tampoco encontraron que un mayor apego al animal estuviera relacionado, por sí solo, con una mejor salud, menos soledad, mayor satisfacción vital o un bienestar psicológico más alto. Por tanto, el estudio no permite afirmar que cuanto más fuerte sea el vínculo, mayor será el beneficio.
El tiempo compartido y el apoyo socioemocional percibido sí aparecieron relacionados ocasionalmente con algunos indicadores, pero sin un patrón uniforme. Más contacto tendía a asociarse con algo más de bienestar psicológico, mientras que quienes declaraban recibir mayor apoyo emocional del animal también mostraban ligeramente más soledad.
Esta aparente contradicción puede deberse a un efecto de selección: una persona que ya se siente sola, estresada o vulnerable podría buscar más apoyo en su mascota. El estudio no puede determinar si el animal modifica su bienestar o si su situación previa explica la intensidad de la relación.
El dato clave: no hubo diferencias en cinco indicadores de bienestar
Tras ajustar los resultados por edad, sexo, ingresos, situación laboral, estado civil y composición del hogar, tener mascota no se relacionó con menos soledad, mayor satisfacción vital, mejor bienestar psicológico, más apoyo social humano ni un menor uso de los servicios sanitarios.
Los propietarios sí declararon una salud ligeramente peor y un consumo medio de tabaco apenas superior —0,19 cigarrillos más al día—, pero los propios autores consideran que estas diferencias fueron pequeñas y podrían responder a características previas de las personas, no a un efecto del animal.
¿Perros y gatos aportaron resultados diferentes?
Los participantes que convivían con perros o gatos declararon un apego más fuerte, y los perros se relacionaron especialmente con una mayor percepción de apoyo emocional. También se observaron relaciones más estrechas cuando el animal vivía en el hogar y se pasaba más tiempo con él.
Sin embargo, esas diferencias en la relación no se tradujeron automáticamente en menos soledad o mejor salud mental. El estudio muestra que un perro puede ser percibido como una importante fuente de apoyo sin que ese efecto sea igual para todas las personas ni pueda detectarse al comparar poblaciones completas.
Una mascota acompaña, pero no sustituye otros vínculos
La principal conclusión no es que las mascotas carezcan de beneficios, sino que estos no aparecen de manera automática por compartir casa con un animal. Para comprenderlos hay que estudiar qué relación se establece, qué necesidades cumple, cuánto tiempo se comparte y cuál era la situación social y emocional de la persona antes de convivir con él.
Como el estudio es transversal, solo permite detectar asociaciones y no establecer causas. Sus resultados desaconsejan presentar la adopción de un perro o un gato como un remedio universal contra la soledad, aunque la compañía animal pueda ser profundamente valiosa en experiencias individuales.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.