Un gato puede mostrarse impaciente con una persona y esperar tranquilamente cuando es otra quien prepara su comida. También puede buscar más contacto con determinadas visitas cuando su persona de referencia no está en casa o cambiar por completo su comportamiento al llegar a una clínica. Esas diferencias pueden resultar desconcertantes porque dan la impresión de que el animal tiene una personalidad distinta según quién tenga delante.
La veterinaria felina Esther Mercadé Torné ha dedicado a esta cuestión el episodio 770 de su pódcast La Píldora Felina, publicado el 18 de septiembre de 2026. A partir de varias situaciones cotidianas con su propio gato, Pupusito, explica que estas diferencias no tienen por qué interpretarse como un cambio de personalidad ni como una señal de que el gato quiera más o menos a una persona.
Tu gato no cambia de personalidad
Su conclusión al final del episodio es muy clara: “Tu gato no cambia de personalidad. Lo que hace es adaptar su conducta a cada persona, a cada contexto, y lo hace según su aprendizaje”. Para Mercadé, entender qué respuesta obtiene el gato de cada miembro de la familia ayuda a explicar por qué una misma petición puede aparecer con mucha intensidad ante alguien y prácticamente desaparecer delante de otra persona.
Con una persona protesta y con otra espera cinco minutos
Mercadé utiliza como primer ejemplo el momento de la comida. Cuando es ella quien prepara el alimento, cuenta que Pupusito puede maullar, reclamar y mostrarse “ultrahipermegaexigente”, hasta el punto de que en ocasiones ella misma ha respondido rápidamente para evitar que siga vocalizando.
Con su hijo, en cambio, el comportamiento cambia. Explica que el niño puede tardar varios minutos en pesar la comida, mezclarla y preparar la medicación, mientras el gato permanece esperando sin maullar, sin subirse a la mesa y sin exigir que se dé más prisa. Según la veterinaria, una posible explicación está en lo que el animal ha aprendido con cada uno.
“Ha aprendido eso de mí y sabe que conmigo puede”, reconoce Mercadé al describir su propia interacción con él. Cuando una conducta consigue repetidamente una respuesta (por ejemplo, maullar y recibir antes la comida) puede acabar formando parte de la manera habitual en la que el gato se relaciona con esa persona concreta.
Responder siempre puede reforzar aquello que queremos evitar
La propia veterinaria reconoce que alguna vez ha intentado conseguir silencio ofreciendo comida o premios, especialmente cuando el gato maullaba temprano y podía despertar al resto de la familia. Pero también señala que esa solución inmediata puede hacer que la conducta se mantenga, porque el animal aprende que reclamar de esa forma acaba obteniendo un resultado.
Eso no significa que el gato esté manipulando conscientemente a su familia ni diseñando una estrategia. Lo que Mercadé describe es un proceso de aprendizaje: una conducta que ha tenido consecuencias diferentes ante distintas personas puede aparecer con frecuencias también distintas según quién esté presente.
Por eso, ante el mismo plato de comida, Pupusito puede comportarse con paciencia delante del hijo de la veterinaria y reclamar con insistencia cuando está ella. La necesidad básica puede ser la misma, pero las experiencias previas con cada persona no lo son, y eso puede modificar la manera de expresarla.
También cambia cuando su persona de referencia no está
Mercadé observa algo similar cuando ella sale de casa. Cuenta que, cuando sus padres acuden a cuidar al gato durante una ausencia, Pupusito sale a recibirlos, se acerca a sus piernas y se muestra especialmente cariñoso, mientras que si ella está presente normalmente no busca de esa manera a las personas que llegan.
También relata que, cuando se queda únicamente con su marido y su hijo, suele pasar mucho más tiempo tranquilo y durmiendo. Cuando ella regresa, en cambio, vuelve a desplazarse más por la casa, la sigue en determinados momentos y reclama con mayor frecuencia aquello que ha aprendido a pedirle directamente a ella.
La veterinaria insiste en que estas diferencias deben entenderse dentro del contexto. “Cuando yo no estoy, no le pide comida a nadie”, explica, salvo situaciones excepcionales, mientras que con ella esa petición forma parte de una rutina mucho más asentada.
Comportarse distinto no significa querer menos
Una de las dudas que plantea al principio del episodio es precisamente si un gato que se muestra más paciente, más independiente o más cariñoso con otra persona está demostrando una preferencia afectiva. Su explicación se aleja de interpretar cada conducta como una medida directa del cariño que siente el animal.
Mercadé compara estas diferencias con nuestro propio comportamiento. Las personas tampoco hablan ni actúan exactamente igual con la pareja, los amigos, compañeros de trabajo o desconocidos, aunque eso no implique que nuestra personalidad desaparezca y aparezca una completamente nueva en cada situación.
Con los gatos, su argumento es parecido: la conducta se ajusta al contexto, a quién está presente y a lo aprendido previamente con esa persona. Por eso, que un gato espere tranquilamente cinco minutos con alguien y proteste inmediatamente con otra persona puede decir más sobre la historia de esas interacciones que sobre cuánto aprecia a cada una.
Observar estas diferencias puede dar mucha información
Para Mercadé, darse cuenta de estos cambios permite comprender mejor qué espera el gato de cada miembro de la familia y qué respuestas se han ido consolidando con el tiempo. En vez de quedarse únicamente con que “conmigo es pesado” o “con otra persona se porta mejor”, propone mirar qué ocurre después de cada petición y qué ha aprendido el animal a lo largo de esas interacciones.
Su propio gato le sirve para mostrar que las diferencias pueden ser muy marcadas sin que por ello haya que hablar de dos personalidades distintas. Pupusito puede reclamar comida con insistencia ante ella, esperar pacientemente con su hijo, mostrarse más sociable con visitas cuando la familia está ausente y reaccionar de otra manera en el entorno veterinario.
La idea que resume el episodio es precisamente esa: un mismo gato puede mostrar facetas muy diferentes dependiendo de la persona y de la situación sin dejar de ser el mismo animal. Como concluye Mercadé, no se trata necesariamente de un cambio de personalidad, sino de una conducta flexible que se va ajustando a cada contexto y a lo que el gato ha aprendido en él.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.