La movilidad del futuro será eléctrica, autónoma y compartida. Al menos esa es la visión de Javier Goikoetxea, consejero delegado de Next Mobility, doctor en Big Data y Smart Mobility por la Universidad de Deusto y profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.
En una entrevista concedida a EFE Verde, el experto afirma que el transporte tal como lo conocemos hoy en día vivirá una transformación profunda, aunque avisa de que Europa ya va tarde en comparación con otras potencias.
Habrá un gran cambio en las próximas décadas
Javier Goikoetxea calcula que en unos 25 años el vehículo autónomo eléctrico tendrá una presencia importante en España, lo que tendrá consecuencias directas en la seguridad vial. La automatización de la conducción, explica, permitirá reducir los accidentes a niveles mínimos. Una perspectiva que tiene sentido si tenemos en cuenta que, según la DGT, entre el 70% y el 90% de los siniestros viales están causados por errores humanos.
“Yo vislumbro que habrá mucho coche autónomo compartido y, por tanto, menos vehículos por persona. Vamos a seguir desplazándonos de la misma manera, pero de forma más eficiente”, afirma. En su opinión, este modelo hará que la movilidad sea “mucho más barata, más dinámica y con más alternativas”.
Sin embargo, el experto cree que Europa no avanza al ritmo adecuado: “Está llegando tarde y me atrevería a decir que mal”, asegura. Goikoetxea cree que se necesita definir con urgencia una estrategia industrial y tecnológica si se quiere mantener la competitividad en un sector que mueve billones de euros y da empleo a millones de personas. “Como no nos planteemos qué queremos ser de mayor, estamos jodidos”.
Menos trabas y más apoyo a la industria
Para Goikoetxea, la Unión Europea debería actuar en dos frentes: reducir parte de la carga regulatoria que, según considera, frena la capacidad de innovación de las empresas, y aumentar el respaldo económico a la industria a través de subvenciones, incentivos fiscales o ayudas directas que permitan competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo.
Además, defiende que la lucha contra las emisiones debe seguir siendo una prioridad, pero cree que las políticas públicas tienen que adaptarse a la realidad tecnológica. “Lo relevante es que efectivamente vamos hacia un mundo donde tenemos que evitar soltar gases contaminantes a la atmósfera, pero todo esto hagámoslo sobre una base en la que, a través de la tecnología, permitamos hacer mejoras que realmente puedan ser cualitativas”, señala. Y recuerda que los motores de combustión actuales son mucho más eficientes que los de hace apenas unos años.
Sobre el coche eléctrico, considera que la industria europea atraviesa un momento complicado. “Ha bajado un poco los brazos” en una etapa en la que está haciendo “coches peores a precios peores”, lo que dificulta la competencia con fabricantes de otros mercados.
La dependencia exterior complica el proceso
Goikoetxea también alerta sobre la dependencia exterior que arrastra el proceso de electrificación. “Tenemos que llevar a cabo una electrificación, pero dependemos de terceros para llevar a cabo esta electrificación. Es como un círculo, una pescadilla que se muerde la cola”, explica.
Pese a todo, no cree que conflictos geopolíticos como el cierre del estrecho de Ormuz vayan a tener un impacto decisivo en la adopción del coche eléctrico. Los obstáculos que para él pesan más son otros: el temor de los conductores a quedarse sin batería, la falta de una red de recarga suficientemente desarrollada y su elevado coste.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.