Sentarse muy cerca del volante puede transmitir una sensación inmediata de seguridad: los pedales quedan al alcance, las manos parecen controlar mejor la dirección y resulta sencillo ver los extremos delanteros del coche. Sin embargo, esa proximidad puede terminar consiguiendo justo lo contrario, porque limita los movimientos necesarios para reaccionar con rapidez y cambia la posición del cuerpo respecto a los sistemas de retención.
La Dirección General de Tráfico (DGT) aconseja mantener una distancia correcta respecto al airbag frontal y sitúa como referencia ideal unos 25 centímetros entre el cuerpo y el volante. La recomendación coincide prácticamente con la de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos (NHTSA), que establece un mínimo de 10 pulgadas, unos 25,4 centímetros, entre el esternón y el centro del volante.
El airbag necesita espacio antes de protegerte
El problema no es el airbag en sí, sino encontrarse demasiado cerca cuando empieza a desplegarse. Este dispositivo está pensado para inflarse con enorme rapidez durante determinadas colisiones y crear una superficie que amortigüe el desplazamiento del ocupante. NHTSA explica que el proceso se produce en menos de una vigésima de segundo y advierte de que estar demasiado próximo al módulo puede provocar lesiones al entrar en contacto con la bolsa durante las primeras fases de su despliegue.
Por eso, acercarse al volante pensando que así se controla mejor el vehículo puede reducir precisamente el margen que necesita este sistema para funcionar en las condiciones previstas. La Comisión Europea también recoge que el riesgo de sufrir lesiones relacionadas con el airbag aumenta cuanto más cerca se encuentra el conductor y que disminuye cuando se mantiene una separación de alrededor de 25 centímetros o más.
Además, el airbag no está diseñado para trabajar de forma aislada. Su funcionamiento se complementa con el cinturón de seguridad, encargado de limitar el desplazamiento inicial del cuerpo durante el impacto. Sentarse correctamente y llevar el cinturón bien colocado permite que ambos elementos actúen conjuntamente en lugar de convertir la propia bolsa en un punto de impacto demasiado cercano.
Estar más cerca tampoco significa tener más control
La postura afecta también a lo que ocurre antes de cualquier accidente. Si el asiento está demasiado adelantado, los codos quedan excesivamente cerrados y disminuye el recorrido disponible para mover el volante. Una corrección rápida, una curva pronunciada o una maniobra evasiva pueden resultar más incómodas precisamente porque brazos y hombros tienen menos libertad.
La DGT recomienda ajustar el asiento de manera que las piernas queden ligeramente flexionadas y permitan accionar completamente los pedales, mientras que los brazos deben mantener también una ligera flexión. Los hombros deberían permanecer apoyados en el respaldo al manejar el volante, evitando tanto estar encogido contra él como necesitar inclinar el cuerpo hacia delante para alcanzarlo.
Sentarse demasiado lejos tampoco resuelve el problema. Si los brazos permanecen completamente estirados o hay que separar la espalda del respaldo para girar, también se pierde capacidad de maniobra. La posición correcta se encuentra, por tanto, en un punto intermedio que permita accionar pedales y dirección con comodidad sin acercar innecesariamente el tórax al airbag.
Así puedes comprobar si el asiento está bien colocado
La regulación conviene empezar por los pedales. Al pisar completamente el freno —y el embrague en los coches que lo tengan— la pierna debería conservar cierta flexión. Después se ajustan la altura y el respaldo para mantener una buena visibilidad y apoyar espalda y hombros sin conducir inclinado hacia delante.
El volante debe quedar después a una altura y profundidad que permitan sujetarlo manteniendo los codos ligeramente flexionados. NHTSA añade que, cuando el volante permite regular su inclinación, interesa orientarlo hacia el pecho en lugar de hacia la cabeza. Finalmente se ajustan reposacabezas, cinturón y retrovisores, porque mover el asiento después obligaría a corregir de nuevo estos elementos.
Los aproximadamente 25 centímetros son una referencia de seguridad, no una medida que pueda aplicarse de forma idéntica a todas las personas. La estatura, la longitud de brazos y piernas y las posibilidades de regulación de cada automóvil condicionan la postura final. Lo importante es conservar esa separación siempre que sea posible sin perder el acceso correcto a los pedales y al volante.
La ley no obliga a conducir exactamente a 25 centímetros
El Reglamento General de Circulación no establece una cifra concreta entre el conductor y el volante. Su artículo 18.1 sí obliga a mantener la libertad de movimientos, el campo necesario de visión y una posición adecuada que permita controlar el vehículo con seguridad. Por tanto, estar a menos de 25 centímetros no constituye por sí solo una infracción automática.
Otra cuestión sería adoptar una postura tan forzada que limite realmente la capacidad para manejar el coche. Las infracciones que no están tipificadas como graves o muy graves pueden considerarse leves y estas se sancionan con hasta 100 euros, pero la valoración depende de las circunstancias concretas y del hecho denunciado, no de que un agente mida la separación respecto al volante.
La idea clave es más sencilla: sentarse más cerca no equivale a controlar mejor el coche. La posición adecuada es aquella que permite reaccionar con libertad y, al mismo tiempo, deja suficiente espacio para que cinturón y airbag hagan su trabajo si llega el momento en que realmente se necesitan.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.