El mercado negro de la botánica y el fetichismo han golpeado de nuevo al patrimonio natural británico. Apenas dos meses después de ser plantado, uno de los pocos ejemplares jóvenes salvados del legendario Sycamore Gap ha desaparecido. El ejemplar no fue víctima de un acto vandálico aleatorio; “quien se lo llevó ejecutó una extracción meticulosa, cuidando de no dañar las raíces”, lo que evidencia un plan premeditado para reubicarlo, aseguran los trabajadores del parque nacional de Northumberland, cerca de Newcastle.
El árbol “no tiene un precio fijado en el mercado legal, pero sí un valor intangible incalculable” que lo convierte en un trofeo. Christopher Neilan, arboricultor y creador del sistema de valoración de árboles CAVAT, dibuja el escenario principal de la investigación: el mercado negro de coleccionistas. “Es el equivalente a robar una obra de arte”, advierte Neilan a The Guardian. “En el mercado convencional no vale nada porque no lo puedes vender, pero un coleccionista privado pagaría una inmensa cantidad por él”. Jez Westgarth, directivo del National Trust, confirma esta teoría, ya que “no fue arrancado a lo loco; alguien sabía perfectamente lo que estaba haciendo”.
El retoño no era un simple adorno en el parque del castillo de Wray; formaba parte de Branches of Care, una iniciativa terapéutica conjunta con el hospicio St Mary de Ulverston, destinada a pacientes con demencia y personas en proceso de duelo. El ladrón expolió un elemento que estaba siendo utilizado activamente por una comunidad vulnerable.
Este ejemplar era uno de los 49 cultivados a partir de las semillas originales del Sycamore Gap, el icónico árbol de 120 años inmortalizado en la película Robin Hood. Príncipe de los ladrones junto al Muro de Adriano (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco). Su tala ilegal en septiembre de 2023 fue descrita entonces como un “crimen ecológico” y conmocionó al país.
El árbol original llegó a estar tasado en 450.000 libras, unos 525.400 euros. Por aquel arboricidio, Daniel Graham, de 39 años, y Adam Carruthers, de 32, fueron condenados en julio de 2025 a más de cuatro años de prisión. Nunca llegaron a revelar en el juicio el motivo que les llevó a coger la motosierra aquella noche de septiembre.
Ahora, la policía de Cumbria ha asumido la investigación y busca testigos que hayan transitado los terrenos alrededor del castillo en los últimos siete días en los que se perpetró el robo. Por el momento, no hay rastro de la “obra de arte” botánica.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.