El Mediterráneo se convierte en un 'caldo': “Es brutal la acumulación de energía”
La ‘tropicalización’ del mar lleva a registros anómalos, con casi 3ºC por encima de la media, lo que eleva la temperatura de las costas y proporciona 'combustible' de tormentas extremas
Imagen de bañistas en la playa de Palma, en la isla de Mallorca, tomada a finales de julio de este añoAndrey Rudakov / Bloomberg
01Tras la cuarta ola de calor en lo que va del verano, la mayor parte de España ha disfrutado la última semana de temperaturas estivales no tan extremas.
02Sin embargo, este suspiro térmico no ha llegado al Mediterráneo, que sigue con registros muy anómalos, con casi 3ºC por encima de la media. “Puede ser poco para un vaso de agua o de café, pero para un mar es una barbaridad que conlleva muchos impactos”, explica Paco Pastor, experto que lleva años midiendo y vigilando la temperatura del Mediterráneo como investigador del área de meteorología y climatología de la Fundación CEAM.
03El ordenador de Pastor lleva el registro de una anomalía que no es excepcional –el Mediterráneo ha encadenado varias olas de calor marinas en la última década, con récords que se rompen verano tras verano que excede la sensación de “caldo” de los bañistas.
04Esto está provocando graves daños en la biodiversidad del mar, elevando la temperatura de las ciudades costeras y proporcionando el combustible de tormentas extremas.
Tras la cuarta ola de calor en lo que va del verano, la mayor parte de España ha disfrutado la última semana de temperaturas estivales no tan extremas. Sin embargo, este suspiro térmico no ha llegado al Mediterráneo, que sigue con registros muy anómalos, con casi 3ºC por encima de la media. “Puede ser poco para un vaso de agua o de café, pero para un mar es una barbaridad que conlleva muchos impactos”, explica Paco Pastor, experto que lleva años midiendo y vigilando la temperatura del Mediterráneo como investigador del área de meteorología y climatología de la Fundación CEAM.
El ordenador de Pastor lleva el registro de una anomalía que no es excepcional –el Mediterráneo ha encadenado varias olas de calor marinas en la última década, con récords que se rompen verano tras verano que excede la sensación de “caldo” de los bañistas. Esto está provocando graves daños en la biodiversidad del mar, elevando la temperatura de las ciudades costeras y proporcionando el combustible de tormentas extremas. Se trata de un claro síntoma de la aceleración del cambio climático que describen los científicos.
Esta semana se registraron 28 ºC, con un pico sin precedentes de 33 ºC en Sa Dragonera
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Los mares y los océanos son el principal almacén del exceso de calor en el sistema terrestre, ya que retienen alrededor del 90% de este excedente. Actúan como reguladores naturales que gestionan de forma automática la balanza del planeta. Sin embargo, producto de la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que los humanos seguimos lanzando a niveles altísimos por la quema de combustibles fósiles, este escudo protector se está debilitando. El desequilibrio energético –el balance entre la energía que llega a la Tierra y la que expulsa al espacio– está elevando la temperatura del agua.
Esta semana, el Mediterráneo escaló hasta los 28ºC, casi 2ºC por encima de la media. La boya de Sa Dragonera, situada al oeste de Mallorca, midió el miércoles 33ºC, un registro sin precedente. Pastor explica que si bien el Mediterráneo es un mar “cerrado y pequeño” en comparación con los océanos, tiene mucha variabilidad térmica. Por eso conviene aferrarse al valor promedio –28ºC– y no al registro de una boya –33ºC–. “Pero el diagnóstico no cambia. Se puede pensar que 2ºC de anomalía es poco, cuando es una barbaridad. Se requiere de una acumulación de energía brutal para calentar millones de kilómetros cuadrados de superficie”, explica este experto.
El archivo estadístico que lleva en su ordenador da cuenta de la tropicalización del Mediterráneo. En el siglo XX, las olas de calor marinas eran anecdóticas. Ahora, describe Pastor, son frecuentes, muy intensas y duraderas. Es decir, estos episodios han dejado de ser sucesos aislados para convertirse en episodios recurrentes, casi perpetuos.
Esta nueva realidad térmica del Mediterráneo tiene “consecuencias graves”, advierte este investigador. La fauna y la flora originales se están transformando. Las especies nativas de aguas frías o templadas están siendo reemplazadas por especies invasoras o exóticas de aguas más cálidas. El calor crónico está, por ejemplo, dañando de forma grave a los mariscos autóctonos, pilar de la dieta en la mayoría de los hogares. Los científicos proyectan una reducción generalizada de muchas especies para el 2050.
Pastor enumera otros dos impactos: el aumento de noches tórridas y el caldo de cultivo de posibles tormentas muy fuertes en otoño, como sucedió en el 2024 con la destructiva dana que azotó Valencia. Con esta anomalía térmica, el agua libera humedad y energía térmica de manera constante, impidiendo que el aire costero se enfríe. El resultado son noches tórridas en las que no se baja de los 25 °C. A falta de más de un mes para que acabe el verano, Valencia ya ha sufrido 17 noches tórridas, una cifra que se posiciona como la tercera más alta desde que comenzaron los registros.
Por su parte, la acumulación de calor en el Mediterráneo durante el verano actúa como una “fuente de energía masiva”. Al llegar el otoño, cuando descienden las temperaturas atmosféricas y sobrevienen masas de aire frío en altura, el contraste térmico y la alta evaporación de humedad del mar propician tormentas y lluvias mucho más explosivas, torrenciales y destructivas.
Andrés Actis Fernández
Periodista especializado en clima y medio ambiente
Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Madrid.
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.