Un nuevo estudio científico concluye que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero registradas desde 2015 (fecha en que se firmó el Acuerdo de París contra el cambio climático) contribuyeron a aumentar las temperaturas medias diarias durante la ola de calor del verano de 2025 en Europa. Los investigadores han hallado pruebas sólidas de que los gases de efecto invernadero emitidos en estos diez años han intensificado las recientes olas de calor en Europa.
Incluso estiman que la ola de calor de junio de 2025 fue aproximadamente 0,34 °C más cálida a nivel de Europa de lo que hubiese sido sin las emisiones. Y para ello han empleado la inteligencia artificial generativa para superar algunas de las limitaciones de la atribución que hasta ahora comportaba el análisis de los sucesos extremos.
El estudio viene a remarcar la paradoja que supone que las recientes olas de calor en Europa se han visto intensificadas por los gases de efecto invernadero emitidos desde que las naciones se comprometieron a limitar el calentamiento global en virtud del Acuerdo de París de 2015.
Las conclusiones ponen de relieve, pues que los gases emitidos en tan solo la última década ya tiene un impacto directo y medible en la magnitud de los desastres climáticos actuales.
El trabajo aparece publicado en la revista Geophysical Research Letters.
“Hallamos pruebas sólidas de que, si la ola de calor europea del verano de 2025 se hubiera producido sin las emisiones generadas desde 2015, muy probablemente habría sido menos intensa”, afirmó el autor principal, Jared Trok, estudiante de doctorado en Ciencias del Sistema Terrestre en la Stanford Doerr School of Sustainability.
“Este resultado no es exclusivo de la ola de calor de 2025, sino que también sirve para explicar la semana más calurosa de cada año en Europa desde, al menos, 2021”, señala.
Algunas valoraciones
”El estudio denota la creciente evidencia de que existe una estrecha relación entre el continuo crecimiento de las emisiones globales y la intensificación de las olas de calor estivales en Europa entre 2021 y 2025”, valora María José Sanz, directora del Centro Vasco de Investigación sobre Cambio Climático (BC3), en declaraciones recogidas por la plataforma SMC España. Todo ello “refuerza los estudios ya existentes y la necesidad ineludible y urgente de reducir las emisiones e incluso las concentraciones de gases de efecto invernadero ya presentes en nuestra atmósfera”.
”Se demuestra que incluso las emisiones solamente de los últimos 10 años ya han tenido un efecto claro en las olas de calor en Europa desde 2021, incluyendo las más recientes, que han sido las más intensas y largas”, indicó por su parte Pep Canadell, director ejecutivo del Global Carbon Project e investigador jefe del Centro de Ciencias del Clima CSIRO en Canberra (Australia). Otras valoraciones vienen a resaltar que este es un “recordatorio alarmante de que las vastas cantidades de emisiones gases de efecto invernadero que se emiten “han continuado creciendo globalmente desde que nos comprometimos a estabilizar el clima dentro del marco del Acuerdo de París”.
El estudio es “otra llamada de la ciencia para acelerar el proceso de descarbonización de nuestras economías a un paso mucho más rápido del el actual”, dice Canadell.
Empleo de la IA
Durante mucho tiempo, los científicos han estudiado si la quema de combustibles fósiles desde la Revolución Industrial, a mediados del siglo XIX, ha contribuido a los cambios en las temperaturas medias globales y a otros aspectos del clima terrestre.
Y en las últimas dos décadas, han desarrollado métodos para estudiar cómo las emisiones históricas han afectado a las olas de calor, los huracanes, las sequías, los incendios forestales y otros fenómenos meteorológicos extremos.
Este nuevo estudio emplea la inteligencia artificial generativa —entrenada con modelos climáticos— para cuantificar si subconjuntos de las emisiones causadas por el ser humano han influido en fenómenos meteorológicos específicos en los últimos años.
Los hallazgos vienen a subrayar la necesidad de prepararse para condiciones meteorológicas más extremas, incluso si se logran los objetivos políticos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Las olas de calor se intensificarán más
En virtud del Acuerdo de París sobre el clima de 2015, casi 200 países se comprometieron a limitar el calentamiento global a un nivel muy inferior a los 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, al tiempo que realizaban esfuerzos para limitar dicho calentamiento a 1,5 grados.
El calentamiento global ya se acerca al umbral de los 1,5 grados y estabilizar la temperatura mundial requerirá reducir las emisiones hasta alcanzar el llamado “cero neto”: el punto en el que los gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera se compensan mediante con absorciones mediante mecanismos naturales o tecnologías avanzadas.
“Incluso en los escenarios más optimistas para la reducción de emisiones, en el futuro seguirá habiendo más emisiones que las registradas en la década transcurrida desde el Acuerdo de París”, afirmó el coautor Noah Diffenbaugh, profesor de la cátedra William Wrigley e investigador principal de la familia Kimmelman en la Escuela de Sostenibilidad Doerr de Stanford. “Este estudio pone de relieve que cabe esperar que las olas de calor extremas que hemos experimentado recientemente se intensifiquen aún más en los próximos años”.
Una pequeña fracción sí importa
Los resultados del nuevo estudio indican que existe una probabilidad superior a 99% de que las emisiones producidas durante esta década intensificaran la letal ola de calor que azotó Europa en junio de 2025. Los investigadores estimaron que dichas emisiones elevaron las temperaturas diarias promedio en algunas regiones en aproximadamente un tercio de grado centígrado.
“Ese cambio de temperatura de un tercio de grado puede parecer insignificante”, señaló Trok, “pero existe abundante bibliografía que demuestra que pequeñas variaciones térmicas pueden tener repercusiones significativas en los daños ocasionados por estos fenómenos meteorológicos extremos».
Por ejemplo, investigaciones previas realizadas por Trok, Diffenbaugh y sus colegas han revelado que un ligero aumento de la temperatura puede incrementar de manera desproporcionada el riesgo de mortalidad asociada al calor en Europa. Otro estudio muestra que las variaciones en la temperatura diaria tienen efectos desproporcionados en la demanda de electricidad, las tasas de mortalidad, el rendimiento agrícola, la productividad laboral y otros sectores en Estados Unidos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.