Los océanos del mundo están dando señales “inequívocas” de cambios muy profundos, como muestra la mayor aceleración de la subida del nivel de las aguas, que aumentan a un ritmo de 4,2 milímetros anuales los últimos años. Además, el calentamiento se sigue acelerando hasta el punto de que el océano absorbió el año pasado 40 veces la energía consumida por el planeta. En resumen, las aguas oceánicas son más calientes, alcanzan niveles más altos y son menos “hospitalarias”.
Así se recoge en la décima edición del 'Informe Copernicus sobre el Estado de los Océanos'.
El nivel del mar ha aumentado unos 3,8 mm anuales desde 1999, pero se ha acelerado hasta los 4,2 mm anuales entre 2012 y 2025, según el informe.
El estudio también señala que el océano global se ha vuelto un 17 % más ácido en los últimos 40 años (por la absorción del dióxido de carbono de la atmósfera).
A un ritmo alarmante
Su conclusión es que el océano se calienta a “un ritmo alarmante”, con consecuencias de alcance para la vida marina, las costas y las comunidades de todo el mundo.
Los océanos han absorbido cerca de un tercio del dióxido de carbono emitido por la humanidad y alrededor del 90 % del calor adicional atrapado en el sistema terrestre debido a las emisiones de los gases de efecto invernadero.
“El océano se está transformando ante nuestros ojos”, afirma Pierre Bahurel, director general de Mercator Ocean International. “El calentamiento, el aumento del nivel del mar y la degradación de los ecosistemas son señales interconectadas de un cambio significativo y a largo plazo”.
“Nos corresponde desarrollar y mantener la capacidad necesaria para anticipar esta transformación”, añadió Bahurel.
El aumento del contenido de calor oceánico se ha acelerado desde 1960, con una absorción adicional récord de 23 zettajulios en 2025 (el equivalente a 40 veces la energía consumida por el mundo entero durante el año pasado).
A medida que el océano absorbe más calor, los efectos se propagan por todo el sistema marino. Las aguas más cálidas alimentan las olas de calor marinas y pueden intensificar las tormentas, alterar los ecosistemas y contribuir a la subida del nivel del mar mediante la expansión térmica y el deshielo continental.
Olas de calor marinas
En Europa, región que se calienta al doble de velocidad que la media mundial, el Mediterráneo y el mar Negro se han visto azotados por olas de calor marinas sin precedentes —con temperaturas elevadas que persisten a gran profundidad bajo la superficie— y por episodios de calor extremo que se prolongaron durante más de un mes, según constataron los científicos.
Algunas de estas olas duraron más de 30 días, con temperaturas que se situaron más de 4,6 °C por encima de la media.
El informe revela que la temperatura de los mares ha aumentado a un ritmo de 0,32 °C por década, lo que ha intensificado las olas de calor marinas, especialmente en los últimos años.
Todo ello se da a conocer en un momento en que Europa occidental atraviesa un mes de septiembre inusualmente cálido, justo después de un verano devastador y abrasador, con temperaturas que alcanzaron máximas de 40 °C en partes de España y Portugal la semana pasada.
Las aguas costeras cálidas agravan las olas de calor en tierra firme al aportar calor durante la noche, momento en que las temperaturas normalmente han de descender.
Al combinar las observaciones de superficie con mediciones del contenido de calor oceánico hasta 40 metros de profundidad, los investigadores constataron que una cantidad significativa de calor puede persistir bajo la superficie.
Fenómenos extremos
Al mismo tiempo, los fenómenos oceánicos extremos están teniendo consecuencias inmediatas para las personas y las infraestructuras. En febrero de 2024, la borrasca Louis generó olas de más de ocho metros en algunos tramos de la costa atlántica española, y causó una víctima mortal, importantes alteraciones del transporte, cortes de electricidad generalizados y dificulto las operaciones marítimas en dos puertos españoles.
Nueve meses después, los persistentes vientos del nordeste alejaron el agua de la costa finlandesa, y provocaron un descenso récord del nivel del mar de 153 centímetros en el golfo de Botnia y suspendiendo los servicios de ferry durante 18 horas.
“El informe viene a añadir, de manera estructurada, nuevas evidencias de lo que ya se conocía, como que las olas de calor marino, los eventos extremos y la subida del nivel del mar se están incrementando en las últimas décadas y años y que estas tienen un origen antropogénico”, señala Ángel Borja, investigador principal en el área de Gestión Ambiental de Mares y Costas de la Fundación AZTI, en declaraciones a la plataforma SMC España. Borja no participó en el estudio.
Degradación de la vida marina
También se documentan daños generalizados en la vida marina provocados por el calor. Entre enero de 2023 y septiembre de 2025, el 84 % de los arrecifes de coral del mundo sufrieron un estrés térmico suficiente para provocar su blanqueamiento.
En los últimos 30 años, casi el 5 % de los océanos ha experimentado una alteración persistente en los patrones de crecimiento del fitoplancton, unos organismos diminutos que constituyen la base de las cadenas alimentarias y regulan los flujos de carbono. En la Antártida, cuatro colonias de pingüinos emperador sufrieron un fracaso reproductivo total en 2022, coincidiendo con periodos en los que la extensión del hielo marino alcanzó mínimos históricos.
En primera línea
La relación entre los cambios oceánicos y la vulnerabilidad humana se hace especialmente evidente en los pequeños Estados insulares en desarrollo, cuyas economías, infraestructuras y medios de subsistencia están estrechamente vinculados al mar.
Desde 1960, todas las zonas económicas exclusivas de esos países han experimentado un calentamiento del océano, mientras que el 65% de la superficie conjunta de esos lugares ha estado expuesta a una aceleración de la subida del nivel del mar desde 1999.
Una preocupación económica
Casi un 28% de esta zona alberga arrecifes de coral vulnerables, en peligro o en peligro crítico de extinción. Estos ecosistemas sustentan la pesca, el turismo y la protección costera, y pueden representar más de un 20% del PIB en algunos pequeños Estados insulares en desarrollo.
Su vulnerabilidad demuestra por qué el aumento de las temperaturas y del nivel del mar no es una mera preocupación ambiental, sino también una cuestión económica y de desarrollo sostenible.
La letal combinación de calor y aire contaminación
Estos hallazgos se publicaron junto con otra investigación independiente de Copernicus, la cual reveló la letal combinación entre calor extremo y aire contaminado registrada este año. Resultado: cerca del 40 % de la población mundial ha estado expuesta a niveles elevados de ozono troposférico.
El análisis Atmosphere Watch, publicado por el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus, muestra cómo este 2026 la contaminación atmosférica ha cruzado fronteras.
Este contaminante surge cuando otros compuestos nocivos reaccionan con la luz solar y las altas temperaturas. Los megaincendios en Francia, España y Bélgica de este verano, que generaron un intenso transporte de humo, afectó a la calidad del aire a miles de kilómetros de distancia.
Además, en el conjunto de Europa, las sucesivas olas de calor registradas entre junio y agosto provocaron un aumento de las emisiones de ozono procedentes de fuentes locales, lo que dio lugar a que se superaran los valores límite establecidos para la protección de la salud.
Este fenómeno, conocido como penalización climática del ozono, es consecuencia de las reacciones químicas que se producen cuando determinados contaminantes (NOx, compuestos orgánicos volátiles) quedan expuestos al calor y a la radiación solar.
El informe reveló que, durante los primeros ocho meses de 2026, solo el 5 % de la población mundial estuvo expuesta a niveles “buenos” de ozono, situados dentro de los parámetros establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
Florian Pappenberger, director general del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio —organismo que llevó a cabo el análisis—, señaló que los resultados demuestran que «la contaminación atmosférica no conoce fronteras».
«El humo de los incendios forestales, el ozono y el polvo pueden desplazarse miles de kilómetros y afectar a comunidades muy alejadas de su foco de origen», afirmó.
“A medida que la comunidad internacional se prepara para la COP31 (conferencia del clima en Turquía, en noviembre), estos hallazgos nos recuerdan oportunamente que el cambio climático, la calidad del aire y la salud pública son desafíos profundamente interconectados que requieren una acción global coordinada” señala este experto, en declaraciones que recoge The Guardian.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.