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Opinión
Enric Jové
Columnista

El talento es la nueva gravedad

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Actualizado hace 115 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Dos espacios, y dos frases, distanciados en siete siglos me llevaron a esta reflexión.
  • 02En la entrada de la Llotja de Mar, un texto en latín corona el antiguo escudo de la Cambra de Comerç: “Terra dabit merces undaque divitias” (la tierra da mercancías, el mar, las riquezas).
  • 03Relata una época en la que la prosperidad se medía en bienes y rutas comerciales.
  • 04Fue un axioma válido, hoy, insuficiente.

Dos espacios, y dos frases, distanciados en siete siglos me llevaron a esta reflexión. En la entrada de la Llotja de Mar, un texto en latín corona el antiguo escudo de la Cambra de Comerç: “Terra dabit merces undaque divitias” (la tierra da mercancías, el mar, las riquezas). Relata una época en la que la prosperidad se medía en bienes y rutas comerciales. Fue un axioma válido, hoy, insuficiente.

El factor más decisivo ni se pesa en toneladas, ni se mide en contenedores. La economía contemporánea ya no compite solo por vender más, sino por atraer mejor. Días más tarde asistí a la inauguración de la nueva sede de BStartup. En el mundo emprendedor si algo cotiza son las ideas y estas nacen de la principal divisa de nuestra era: el talento. Allí, Xavier Comerma acuñó una idea que nunca había oído: deberíamos considerar la balanza comercial del talento. Brillante concepto.

  
LV

Barcelona vive una paradoja incómoda. Debemos retener el talento propio, especialmente joven y altamente cualificado. Y, al mismo tiempo, algunos miran con recelo la llegada del foráneo, esos llamados expats, que nunca deberían ser vistos como una amenaza. No sustituyen, suman.

¿Es el saldo migratorio del conocimiento, en términos económicos y sociales, más relevante que el comercial? Allí donde se concentra el talento, el crecimiento se acelera. Hubs corporativos y tecnológicos son las nuevas industrias. Nuestra capacidad para crear, atraer y acoger el talento estará directamente ligada a la riqueza que crearán nuestras empresas. La diversidad y la riqueza intelectual es el principal superávit que debemos priorizar en el siglo XXI.

Convertir diversidad, formación y creatividad en valor económico y social debería ser nuestra obsesión

En un mundo donde las olas ya no llevan especias, sino bits, algoritmos y patentes, la frase del escudo adquiere una relectura: la tierra dará empresas, pero las olas traen talento. De ese talento depende nuestro progreso. Daron Acemoglu y James ­Robinson, nobeles de Economía, lo explicaron al analizar por qué unas naciones prosperan: la riqueza no depende de la geografía ni de la suerte, sino de modelos colaborativos entre administración y sociedad.

Convertir diversidad, formación y creatividad en valor económico y social debería ser nuestra obsesión. Ese es el pacto social que deberíamos priorizar. Porque, en el siglo XXI, el talento atrae inversión, proyectos y futuro.

Escribí un plan estratégico que al final rezaba: “El talento es la nueva gravedad”. Barcelona es un poderoso imán. Seremos tan prósperos como nuestra capacidad para­ estructurar esa capacidad de atracción­.

Enric Jové
Enric Jové
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.