¡Albricias! Ya sabemos cómo acabar con el odio en el mundo, y será con un observatorio y una herramienta pública, HODIO; sí, si fuéramos Groucho Marx podríamos decir que estaba faltando, porque sin duda de herramientas públicas pagadas a tocateja por todos siempre vamos faltos, pero como somos positivos vamos a darle un margen a esta iniciativa y, sobre todo, a sus motivaciones.
Las apps, plataformas y similares, que no sabemos a qué palabra del diccionario de sinónimos se va a acoger la herramienta anunciada estos días por el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, resultan muy útiles en el momento de su presentación y quizás no tanto en el momento en que se desaparecen de los titulares.
Pensamos en MeToca, esa aplicación que según proclamó en el 2023 la entonces ministra de Igualdad, Irene Montero, iba a ser LA herramienta para distribuir de forma equitativa el trabajo en el hogar. Dos años después, la app desapareció “por falta de usuarios”. Ojo, que lo dijo el ministerio, no lo decimos nosotros, a ver si vamos a estrenar el HODIO sin comerlo ni beberlo.
El meollo no es definir odio, que como con los Reyes Magos todos sabemos que son los padres, y aquí son las redes, que de las televisiones o el Congreso nos olvidamos. Aquí se trata de quiénes se considera que están digamos legitimados para ser considerados víctimas de ese odio. ¿Aquellos con los que tenemos afinidad, o se incluirán los que nos caen peor que fatal? Y no estamos pensando en las comunidades de vecinos, que podríamos, pero la cosa tiene más enjundia.
Porque el odio en redes va por barrios que son ideologías y de paso partidos políticos, y para que el HODIO funcione, que ya hemos dicho que le vamos a dar un margen, no debería hacerlo solo en una dirección. Vamos a poner unos ejemplos, difíciles, para que la cosa quede más clara, a riesgo de despertar opiniones muy enfrentadas, ya saben, “No he de callar, por más que con el dedo...”, esto aplica a todos, derecha e izquierda.
Cuando las redes, o sea X, las otras son beatíficas, o sea, que nadie con ganas de gresca se mete en ellas, sacan punta, como hacían ayer, del “Váyase a chupar botas a Mar-a-Lago y haga el favor de quedarse allí de una puñetera vez”, dirigido por la socialista Mar Espinar a la popular Isabel Díaz Ayuso, ¿es odio? ¿es aceptable porque va dirigido contra la presidenta de Madrid?
En redes se viralizaron “Hamor” y el “Jodío” de Ayuso, una cuestión también de acento, porque no es lo mismo Jodio que Jodío, como no lo es “estar jodido o estar jodiendo”, Cela dixit
Que sí, que sí, que Ayuso también tira de fruta cuando le conviene, y eso es igualmente rechazable, pero una cosa no quita la otra, siempre debe ser el Qué y no el Quién. Eso si se trata de luchar contra el odio y no de otra cosa, más calculada, menos bienintencionada. Si tienen tiempo y ganas, dense un paseo por el perfil del ministro Óscar Puente, que hace recordar aquello de “poesía eres tú”, pero cambiando lo de “poesía”.
Otro ejemplo: nadie acusaría a todos los musulmanes de ser terroristas por las acciones del islamismo radical, que hemos sufrido también en Barcelona; evidentemente se trataría de HODIO. ¿Lo es también cuándo se acosa en redes a todos los israelíes, y por extensión a todos los judíos, por las acciones del gobierno de Netanyahu? ¿Qué dirá el Observatorio? ¿Dirá algo? Ufff.
Las redes, o sea, X, han respondido con un humor que a veces nos hace pensar que el país tendría futuro si toda esta creatividad se dedicara a otros menesteres. Vamos allá. “He creado la herramienta Hostias para monitorizar las gilipolleces, insultos, amenazas y corruptelas de vuestros políticos” (@diostuitero). “Denuncia por plagio te voy a poner, la mía se llama K-brones y tiene la misma funcionalidad” (respuesta de @HarpoantiMarx).
Inmediatamente surgió como tendencia Hamor, que ya se sabe que es lo contrario del odio pero no del Hodio, y se viralizaron los tuits con h tocara o no, “Huanto hamor hay hen hese thuit” (@illoilloilloooo), “Hamanece hen Hadrid” (@TheRealWolf814). Pues miren, igual no es tan mala idea, así no esperaremos al meteorito cada vez que veamos una h que duela a la gramática, como “hasno”. Mejor ejemplo... huy, que al final acabaremos hoy en HODIO.
También se popularizó el “jodío” con que Ayuso renombró el HODIO de Sánchez. Aquí se lució y no para bien la presidenta madrileña, porque hay que tener en cuenta el acento, porque no es lo mismo “Jodio” que “Jodío”, que es como dijo que están los socialistas, lo que nos hace recordar a Camilo José Cela en una sesión de las Cortes Constituyentes en 1978 cuando se despachó con un “no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”. Tiempos aquellos.
Bueno, ahora sólo cabe esperar que la cosa del HODIO se ponga en marcha. Por sus sentencias, presencias y ausencias, la conoceremos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.