No solemos hablar de la muerte. En una sociedad como la nuestra, que suele esconderla bajo la alfombra, resulta desagradable, fuera de lugar, incluso poco interesante. Esta desconexión –y el desconocimiento que conlleva– ha favorecido la aparición de una figura aún poco conocida: las doulas de la muerte. Su función es ofrecer presencia, escucha y cuidado emocional en el final de la vida, un momento que demasiado a menudo queda medicalizado o se transita en soledad.
Si estos días se habla más de ellas es porque Nicole Kidman ha explicado en una entrevista que se está formando para ejercer como tal, una decisión que tomó tras morir su madre sin su compañía.
“Fue entonces cuando pensé: ojalá hubiera gente en el mundo que estuviera ahí para sentarse imparcialmente y, simplemente, brindar consuelo y cuidados”. Y esa gente existe. En realidad, siempre existió. Solo hace falta recordar esas mujeres sabias o cuidadoras comunitarias que tanto atendían un parto como cuidaban a un moribundo. Ahora, que primamos tanto la especialización, tenemos las doulas de la muerte y las doulas del parto, estas últimas mucho más extendidas y reconocidas.
Ahora, que primamos tanto la especialización, tenemos las doulas de la muerte y las doulas del parto
La oscarizada actriz no es la única celebrity que ha dado este paso. Riley Keough, nieta de Elvis Presley, recibió la formación tras el suicidio de su hermano Benjamin Keough. La directora Chloe Zhao, que ganó un Oscar por Nomadland, también se ha capacitado como mecanismo para superar el miedo paralizante que siempre ha sentido por la muerte.
Ahora bien, si por un lado, estas manifestaciones públicas de famosos ayudan a normalizar la muerte y a visibilizar una figura necesaria, también existe el peligro de que se convierta en una moda. Hollywood lleva años abrazando el mindfulness, el yoga, los coaches de vida... como parte de un ecosistema de bienestar que, en ocasiones, convierte necesidades humanas profundas en productos de consumo. La doula de la muerte encaja perfectamente en este ecosistema. Como la última frontera espiritual por conquistar, corre el riesgo de convertirse en otro producto del wellness para ricos. Y la consecuencia es que termine percibiéndose como un servicio solo al alcance de unos pocos.
Pero bienvenidas sean Nicole Kidman, Riley Keough, Chloe Zhao y tantas otras si la publicidad que están dando a las doulas de la muerte ayuda a que acaben integradas en los equipos públicos de cuidados paliativos. Porque todo el mundo merece morir con alguien a su lado, en calma y con sentido. Morir como algún día nacimos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.