Si se hubiera llamado Artemisio en lugar de Artemisia, otro gallo cantaría. Logró ser reconocida en su tiempo como artista, aunque el precio fue altísimo. Violada a los 17 años por su maestro de pintura, tuvo que defender su testimonio bajo tortura y, por si no fuese poco, también tuvo que someterse a la humillación de una revisión ginecológica para demostrar su virtud antes de la agresión. Su palabra no era suficiente, pero sus exclamaciones mientras sufría el calvario del sibille han pasado a la historia: “ È vero, è vero, è vero ”. Como también es verdad que Artemisia Gentileschi empieza a ocupar el lugar que le corresponde en la historia del arte gracias a la revisión que se está realizando de esas artistas cuya huella es indiscutible pero que fue barrida por su condición de mujer.
El camino de Artemisia hacia su redención acaba de dar uno de aquellos pasos que marcan un antes y un después. La prestigiosa casa de subastas vienesa Dorotheum vendió por 837.500 euros uno de sus cuadros, una cifra mucho más elevada de la estimada, que rondaba los 150.000. Y no es que la pintura, que representa a María Magdalena, no valga el precio finalmente pagado, incluso más. El problema es que le falta un gran fragmento que corresponde al rostro y busto de la santa. Casi nada. El óleo sobre lienzo, pintado entre 1615 y 1618 durante la estancia de la artista en Florencia, no deja de ser un hermano casi idéntico del que posee el palacio Pitti y que la artista pintó para María Magdalena de Austria, gran duquesa de la Toscana y esposa de Cosimo II de Médici.
Es cierto que lo misterioso vende. Y que la historia del cuadro atrapa. La tela fue encontrada enrollada en un sótano de Berlín, ya mutilada. El primer propietario conocido fue Alfred Berliner, un prominente ingeniero e industrial de origen judío que sufrió, como no podía ser de otra manera, los estragos del nazismo. El valor narrativo y simbólico de la Magdalena decapitada es enorme. La ausencia se transforma en significado, lo que ocurre en ciertas obras de arte contemporáneo y que aún nos aproxima más el genio de Artemisia.
Un último detalle: hace apenas doce años se vendió una María Magdalena en éxtasis, de la misma autora (y con cabeza), considerada una de sus mejores obras, por una cifra similar, lo que supuso un récord para la artista en aquel momento. Ironías del destino. Hace unos meses, la National Gallery de Washington pagó por esta obra, según se rumorea, unos diez millones de dólares. Sin duda, Artemisia Gentileschi está de moda. Por la calidad de su pintura. Y por todo lo que significa. A pesar de la mutilación, su rostro por fin vuelve a asomar con la dignidad que siempre tuvo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.