Después de la rueda de prensa del presidente del subcampeón de Liga, volví a ver Star wars. Cual perro de Pavlov, después de Florentino quise Darth Vader. De hecho, a la puesta en escena, blanca y radiante, desordenada y solitaria, muy soviética, en la que vimos hablar desde un púlpito a un anciano poderoso, jefe de todo y de todos, nos faltó delante de él un desfile de conos. O de Copas de Europa. Un cono y una Copa de Europa hubiera sido lo suyo.
La actuación de Florentino Pérez me produjo –más allá de ganas de guerra intergaláctica– una sensación tanto de ternura como de terror. La ternura de cuando tu abuelo en una boda se empeñaba en cantar esa jota para la que ya no tenía voz, no se acordaba de media letra y a nadie apetecía saber si la Virgen del Pilar puede ser o no ser francesa. Despeinado, agarrado a una servilleta, le dejabas hacer al pobre viejo, que no hacía caso a nadie, ni ya sabía en qué mundo vivía. Era él y su jota idiota y sus me han robado siete Ligas. Luego, le alejabas la copa de vino y rogabas por que volviéramos pronto a casa. Esa es la parte de ternura que sentí al ver al presidente del Madrid, de discurso tan deslavazado como narcisista, paranoico, al mando del Ejército Galáctico para salvar al mundo del fútbol. Tuvimos suerte que no llamara malinche a la periodista a la que dio la palabra, quitándosela a los hombres feos.
Si no ganan, es robo, gobierno ilegítimo, fraude, Bildu o Negreira
La parte terrorífica de su rueda de prensa y los posteriores movimientos sistémicos de sus periodistas palmeros fue asistir a la verdadera cara del poder descarnado. Ese anciano ha mandado al gulag a decenas de periodistas. Sigue decidiendo qué se puede decir y qué no, y solo una mala gestión deportiva y su pérdida de contacto con la realidad –todos los dictadores acaban en un búnker mandando a ejércitos que no existen contra el mundo– le han llevado a charlar con Max Estrella en la calle del Gato.
Es una marca de aguas que también vemos en la derecha de este país: aquí siempre hemos de ganar nosotros. Si no, es robo, gobierno ilegítimo, fraude, Bildu o Negreira y de ahí al golpe de Estado o la demencia. No es no saber gestionar la derrota, es que esta es siempre una vulneración del orden divino de las cosas. Dios nos eligió. Siempre ganamos, siempre mandamos. Y si no, a tiros.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.