Los catalanes hemos conseguido una proeza pedagógica admirable. La de convertir a nuestros adolescentes de 17 años en funcionarios agotados incluso antes de haber estrenado un solo día de vida laboral. Entre las PAU, las optativas mutantes, ese TR (treball de recerca elevado a la categoría de un minidoctorado centroeuropeo) con que se les complican aún más sus últimos días de ser el niño de la casa, nuestros hijos y sus pobres tutores llegan a finales de mayo absolutamente desfondados.
Mientras hay chicos en Murcia, Soria, Madrid (y en Gijón, Sevilla, Córdoba, Salamanca y en todas partes menos aquí y en las islas Baleares) viviendo una adolescencia razonablemente humana, los nuestros tienen que ganar tiempo al tiempo para entrevistar a grandísimos expertos para cerrar primero el larguísimo TR (cuenta como un 10% de la nota) y optar luego a esa selectividad que los padres del siglo pasado no nos sacaríamos ni locos.
Nuestros hijos y sus pobres tutores llegan a las PAU absolutamente desfondados
Es verdad que entonces, cuando el brandy Soberano era cosa de hombres y la forma más fácil de ligar era el ¿estudias o trabajas?, nos sabíamos cabos, ríos, golfos, todos los afluentes del Ebro y las fechas de batallas de memoria. Y recitábamos el “a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre, tras” con la misma soltura que nombrábamos a Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodoredo, Turismundo, Teodorico, Eurico, Alarico, Gesaleico, Amalarico y así hasta los 33 monarcas del reino visigodo. Pero éramos simples monjes copistas con la memoria programada hasta julio que hoy, se insiste, quizá no podríamos sacarnos ni la teórica del carnet de conducir.
Las nuevas PAU venían a acabar con eso. A cambiarlo todo. Memorizar menos y relacionar más para formar ciudadanos más críticos. El problema es que los nuevos ciudadanos críticos por ahora fabricados llevan todo un año durmiendo mal y poco. Y hoy, a 23 días (33.120 minutos más para acabar de encender al maltratado profesorado) de los exámenes, ya saben que tendrán que arreglárselas para pagar el apoyo extraacadémico que les ayude a memorizar la forma de estudiar, sin que se note que lo hacen de memoria, y para aceptar así de entrada y a golpe de talonario que en esta vida una décima vale mil veces más que el pensamiento complejo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.