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Opinión
Enric Jové
Columnista

La inmovilidad frente al vértigo

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Actualizado hace 3 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Hay coincidencias que no son casuales.
  • 02Dos textos, un interludio, dos periodos trascendentes.
  • 03Que León XIV fechara su primera encíclica,  Magnifica humanitas,  dedicada a la inteligencia artificial, el mismo día en que se cumplían 135 años de  Rerum novarum, con la que León XIII respondió a la revolución industrial, no fue un guiño, era toda una advertencia.
  • 04El texto no solo habla de inteligencia artificial, sino de la custodia de la persona humana en el tiempo de la IA.

Hay coincidencias que no son casuales. Dos textos, un interludio, dos periodos trascendentes. Que León XIV fechara su primera encíclica, Magnifica humanitas, dedicada a la inteligencia artificial, el mismo día en que se cumplían 135 años de Rerum novarum, con la que León XIII respondió a la revolución industrial, no fue un guiño, era toda una advertencia.

 
Guglielmo Mangiapane/Reuters

El texto no solo habla de inteligencia artificial, sino de la custodia de la persona humana en el tiempo de la IA. En un reciente viaje a California llegué a esa misma convicción. Allí no se la considera una herramienta, más bien una nueva infraestructura civilizatoria. No es comparable a la digitalización, internet, el móvil o las redes sociales. Todas esas tecnologías tan significativas parecen ahora quedar en simples anécdotas preliminares al auténtico tsunami tecnológico por antonomasia.

La Iglesia formula la pregunta esencial: quién gobierna la tecnología y al servicio de qué idea de humanidad

León XIII miró la fábrica; León XIV mira el algoritmo. El primero observó cómo la revolución industrial alteraba trabajo, propiedad y cuestión social. El segundo parece advertir que las máquinas pueden alterar algo todavía más íntimo: decisión, conocimiento, libertad y persona. Entre ambos hay un siglo pero una misma intuición: cuando la tecnología puede cambiar la sociedad, ¿qué debemos preservar?

Que la Iglesia sea quien vuelva a levantar la mano es, como mínimo, significativo. Rerum novarum no detuvo la industrialización, pero introdujo una cuestión decisiva: qué ocurre cuando el progreso se ­desarrolla sin límites sociales. Hoy la pregunta regresa con otra gramática, y el foco, en una palabra, desarmar, que tiene una clara voluntad incisiva en el debate.

La paradoja es fascinante, una institución que ha sobrevivido por cambiar poco, e incluso por ser reluctante a la evolución, nos advierte ahora sobre el movimiento más incremental de nuestro tiempo. La Iglesia ya no ocupa la posición hegemónica de siglos atrás, pero conserva algo que la modernidad olvida: una profunda e imborrable memoria institucional. Silicon Valley, tan veloz como innovador, carece de brújula antropológica cuando la capitalización pesa más que el propósito. Es, en esa disparidad, donde el riesgo del progreso debe encauzarse.

Quizás nadie espere que la Iglesia tenga las respuestas, pero formula la pregunta esencial: quién gobierna la tecnología y al servicio de qué idea de humanidad. Cuando el texto califica a sus líderes de mesiánicos, explica la incomodidad papal frente a la deriva de poder de ciertos tecnólogos. En tiempos de vértigo, la institución que no se mueve nos recuerda que avanzar sin hoja de ruta no es conveniente.

Enric Jové
Enric Jové
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.