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Opinión
Carlos Zanón
Columnista

Yo anduve con un expat

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Actualizado hace 3 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01En las viejas películas de Tarzán siempre aparecían unos malos avariciosos, blancos y con rifles, que querían cazar elefantes o hacerse con unos preciados diamantes.
  • 02Para conseguirlo les resultaba imprescindible entablar relaciones con gentes del lugar.
  • 03Estos eran aborígenes con lenguas primitivas, que pagaban tributos en rituales extraños y exhibían supersticiones varias.
  • 04Sin embargo, eran mano de obra barata, servicial y sumisa.

En las viejas películas de Tarzán siempre aparecían unos malos avariciosos, blancos y con rifles, que querían cazar elefantes o hacerse con unos preciados diamantes. Para conseguirlo les resultaba imprescindible entablar relaciones con gentes del lugar. Estos eran aborígenes con lenguas primitivas, que pagaban tributos en rituales extraños y exhibían supersticiones varias. Sin embargo, eran mano de obra barata, servicial y sumisa. Pareciera que su único trabajo fuera servirlos a ellos. Los codiciosos exploradores necesitaban de los indígenas provisiones y algunos porteadores para cumplir su misión y luego, conseguido el botín, regresar a su país, más ­ricos que cuando llegaron porque en aquellos lugares nada costaba ­mucho.

 
ALEX GARCIA

Les explico esto porque en el barrio me paso el día rodeado de expats que hacen cosas de expats, viven entre parejas expats y crías expats, pero mi relación fue de invisibilidad hasta que la otra noche aconteció mi primer contacto real con uno de ellos. Me dijo, entre otras cosas, que se había comprado un piso en Badalona para ponerlo en alquiler. En su país no podía, pero aquí, sí. Casi noté cómo me colocaba en la espalda una bala con provisiones y me decía que, al despuntar el alba, saldríamos hacia Montaña Sagrada a Buscar a Hombre Mono.

Un inmigrante vive donde yo ya no quiero vivir; un expat me echa de donde quiero vivir

Un expat es como un inmigrante, habla como un inmigrante, pero, llegado el caso, se queja como un turista. Un expat cobra un sueldo en su país, no tributa en el tuyo y teletrabaja en el Poblenou. Mi expat confesó que en su país no podría vivir como un rico, así que vino al nuestro para poder hacerlo. Igual un día se pone con las lenguas indígenas. Le hace gracia cómo suena calçot. En estas, entran dos en el bar. Uno con una guitarrica y otro dando palmas. Dicen que Barcelona es poderosa. Pues mira tú qué bien.

Un inmigrante vive donde yo ya no quiero vivir. Un expat me acaba echando de donde yo quiero vivir, a base de reventar precios de alquileres, cenas y comidas y de vivir experiencias inolvidables servidas por porteadores, guías, camareros y bicicletas a su servicio. Un inmigrante crea comunidad porque ha venido a quedarse y paga impuestos, y un expat, no. En el fondo, esto es pura ­lucha de clases. Amos, sirvientes, ­cocodrilos y aceras como arenas ­movedizas.

Carlos Zanón
Carlos Zanón
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.